14 marzo, 2015

Procrastinar se define como diferir o posponer una acción. Es lo contrario al dicho de “no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”.

En nuestro país, una serie de situaciones particulares son ejemplos de procrastinación crónica: la pobreza, las carreteras San José-San Ramón y Cañas-Liberia, el tren eléctrico, las listas de espera en la Caja, la poca previsión del impacto de las personas de la tercera edad sobre los servicios de salud y la desatención estatal del arte, entre otras.

Población descuidada. La situación de los adolescentes y jóvenes es también un triste ejemplo de cómo se procrastina en Costa Rica. De manera reiterada, investigaciones, instituciones y personas han venido denunciando la desatención general de esta población, que en diferentes áreas se encuentra en franca desventaja.

Hemos procrastinado en embarazo adolescente, donde el porcentaje del 20% del total de partos no ha podido ser abatido en los últimos 20 años. Se han identificado al menos seis factores relacionados con este problema: pobreza, carencias afectivas crónicas, inadecuada educación sexual, ausencia de servicios diferenciados en salud, abuso sexual, consumo de alcohol y otras drogas, y exclusión escolar.

Como puede inferirse, el abordaje de este problema es complejo, pero en lo que se puede hacer a corto plazo para prevenirlo hemos procrastinado. Por ejemplo, hemos procrastinado en implementar un sistema de salud con atención diferenciada para adolescentes y jóvenes, enfatizado en salud sexual y reproductiva; en una mayor intensidad para fortalecer la educación sexual en colegios, extendiéndola a los estudiantes de quinto y sexto grado de escuela; y en un mayor desarrollo de programas culturales (teatro, pintura, danza, música), deportivos y de participación social que favorezcan la contención de adolescentes en secundaria. La enseñanza no es solo matemáticas, informática y un idioma.

Hemos procrastinado en la prevención del sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes. Sabemos que un 7% de los niños, un 21% de los adolescentes y un 60% de las personas mayores de 22 años sufren sobrepeso y obesidad, y que un 25% de la población en general es hipertensa y existen 500.000 personas diabéticas. Entonces, ¿no deberíamos estar regulando agresivamente el expendio de comidas rápidas y promoviendo opciones seguras para el ejercicio físico que combatan el sedentarismo, principales causas de tales padecimientos?

Hemos procrastinado en la atención de la salud mental y particularmente en la prevención del suicidio de jóvenes, ya que aproximadamente un 50% de las personas que se suicidan en Costa Rica tienen menos de 35 años.

Los trastornos depresivos y de ansiedad representan una de las principales causas de atención en la población en general.

En adolescentes y jóvenes se da en un contexto de mayor vulnerabilidad y, por lo tanto, de mayor riesgo. Se suma además la inadecuada atención de personas en consumo de drogas y los programas de prevención de bajo impacto.

Lo anterior debería, al menos, obligar el establecimiento de servicios de atención en salud con acceso fácil, con personal capacitado interdisciplinario (psicólogos, psiquiatras, terapistas familiares, trabajadores sociales y médicos), con alternativas efectivas de contención y medicación de calidad.

Precisamente, ese es el nuevo modelo de abordaje hacia el que se muevan los servicios públicos de salud. Pretender dar respuesta a estas problemáticas, que van en aumento, con el modelo tradicional biomédico, va a empeorar el carrusel interminable que es la consulta externa de la CCSS.

Sin trabajo. Hemos procrastinado en empleo juvenil, que prácticamente duplica el desempleo general. Además, el subempleo es la realidad de muchos jóvenes, y la modalidad de contratación por servicios profesionales contribuye a ello.

Finalmente, y sin acabar la lista, hemos procrastinado en darle los recursos económicos y humanos al Patronato Nacional de la Infancia (PANI) que por ley le corresponden y son necesarios para dar respuesta a la demanda compleja que atiende.

Opciones para enfrentar estos retos existen, y algunas de las personas conocedoras están en el actual Gobierno.

Ojalá se avance en el cambio urgente y necesario, porque procrastinar más es irresponsable ante los complejos problemas que enfrentan adolescentes y jóvenes.

El autor es jefe de la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños.

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