Opinión

La guerra del ahora contra el jamás

Actualizado el 04 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Quizás usted se pregunte por qué el país no resuelve cosas sencillas

Opinión

La guerra del ahora contra el jamás

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Quizás usted se pregunte por qué el país no resuelve cosas sencillas como una platina o la ampliación de una carretera. Quizás se haya preguntado por qué duramos tantos años, hasta décadas en hacer una obra. Tal vez se haya preguntando por qué un país lleno de vida y educación como Costa Rica no resuelve bien y a tiempo sus más apremiantes necesidades. Con el dinero para financiar una obra, o la capacidad humana en la sociedad para hacerla, las obras se atrasan años y transcurridos los mismos terminan costando mucho más de lo planeado. ¿Será que nos domina don mediocre y su hijo, el fracaso? ¿Será que nos rige una ley desconocida que nos condena a más fracasos que victorias? ¿Dónde está el problema?. La corrupción. El multipartidismo. Los grupos de presión. La falta de aplicación de las leyes vigentes. Y así una gran lista de posibles respuestas.

Pero hasta aquí, no se ha mencionado el más elemental de los instrumentos para explicar la capacidad de respuesta del Estado. Se llama Administración Pública. En ese campo se libra una guerra entre dos fuerzas; una sutil y silenciosa y que por el momento va ganando y se llama burocracia. Y la otra, casi extinta hoy. Y que en otros tiempos se alimentaba por la capacidad técnica y profesional de las personas y sus logros probados. Nutrida del conocimiento social, técnico y científico. Cuya luz guió el progreso material y espiritual de nuestra sociedad. Se llama meritocracia. La hegemonía de la burocracia del Estado en la Administración Pública es la fuerza política más importante y determinante de nuestra época. Es el partido político invisible que gana siempre en todas las elecciones.

La burocracia maquinal. Así se le conoce al sistema de organización basado en reglas o procedimientos. Las reglas son más importantes que las personas o los resultados. Así los instrumentos o los medios se hacen dueños de los fines o los propósitos. Así es como pierden su virtud las organizaciones. Su alma, su sentido de existencia. Es así como la democracia pierde su poder de seleccionar a los mejores hombres y mujeres para la conducción del Estado y termina convirtiéndose en una pura regla de la cantidad mayor de votantes. Es así como lo virtuoso cede terreno a lo mediocre. Al contrario, la meritocracia busca lo virtuoso sobre lo mediocre.

PUBLICIDAD

Sus orígenes se remontan a los tiempos de la revolución francesa y al artículo 6, de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que menciona como principio de selección de la democracia la “virtud y el ingenio”, es decir según cualidades que busca la racionalidad de un mejor mundo. Tiene como base la libertad humana en una democracia. Donde las clases dirigentes en la sociedad deben basarse no en el privilegio sino en el principio de la capacidad, del mérito. De esta forma la sociedad no esclaviza a individuos por su apellido, amistad o pertenencia de clase. Sino que los dirigentes deben el honor del cargo por su idoneidad para la sociedad.

Crónica anunciada de la burocracia. Si revisamos las voces de pensadores, sin ser exhaustivos, encontraremos que el problema burocracia se viene desarrollando desde hace rato. En saltos de cuarto de siglo, veamos. Max Weber, 1918: “En un Estado moderno, el poder real, no se manifiesta en los discursos parlamentarios ni en las proclamaciones de los monarcas, sino en la actuación administrativa cotidiana, reside necesaria e inevitablemente en las manos del funcionariado, del civil y del militar”. Constantino Lascaris, 1975: “Costa Rica se enfrentará en los próximos decenios con la tarea de convertirse de Estado pequeño en Estado de exigencias grandes, por el crecimiento de la población y por la necesidad de industrializarse”.

“Entonces corre un peligro, el de dejar de ser-se, perdiendo su idiosincrasia en un internacionalismo irreflexivo”, Rodolfo Cerdas, 2010; “la reforma implica un largo proceso político más que tecnocrático para reducir el tamaño y las funciones del Estado y desburocratizar estructural y culturalmente a la sociedad. Estas disfunciones frenan la economía, empobrecen la calidad de los servicios y convierten a los ciudadanos en súbditos de la administración pública”. “Como fenómeno cultural, social y político de largo alcance, se requiere mucho más que la convicción intelectual de unas minorías ilustradas: se necesita una elevada conciencia social de masas que acepte, impulse, sostenga y participe en el complejo proceso de transformación”.

El juego de piedra, papel y tijera. Así se puede describir el problema de la Administración Pública. La piedra es el clientelismo político y administrativo que con su peso inmoviliza a las organizaciones del Estado y les quita libertad para mejorarse y sobrepasar sus dificultades. El papel es la burocracia, cuyo símbolo es el formulario, la nota, la carta, el reglamento o procedimiento. Y la tijera representa la capacidad de cambiar lo que existe. De darle otra forma. Esto es lo que pasa: las piedras no pueden vencer al papel, así que buscan aliarse con él. Al papel no le conviene la tijera, así que el papel busca repeler todo cambio en sus reglamentos y procedimientos. Aunque este sea de provecho para la sociedad y las personas.

PUBLICIDAD

El papel no puede enfrentarse a la tijera. Así que busca la ayuda de su aliado, la piedra. Esta sin misericordia maja y golpea a la tijera. El resultado es una capacidad nula o mínima de adaptación y transformación positiva de la Administración Pública. El final de esta escena es un montón de tijeras corroídas, perdidas o inexistentes en la Administración. Lo que equivale a la eliminación casi total o exterminio de la creatividad, capacidad de adaptación y mejora de la institucionalidad pública al servicio de la sociedad. Instituciones sin capacidad de cambiar y mejorarse y amarradas a la piedra que no las deja moverse y al papel que las enloquece y ciega a las necesidades más apremiantes de la sociedad. Si esta escena le resulta conocida, entonces podemos concluir que en la guerra de la burocracia contra la meritocracia, las batallas se describen como piedra, papel y tijera. Y es que la burocracia política se alió hace muchos años con la burocracia de la administración pública, el resultado es el país inmovilizado que usted y yo vemos todos los días. El país del nunca jamás.

La revolución de las esferas. Consiste en cambiar la situación aquí y ahora. Este es el relato de la historia como se escribirá. Eso sí, si la revolución se dá. Cada uno de los ciudadanos de nuestra amada patria. Conscientes de que debe haber un cambio, participaremos activamente en la política. No para pedir prebendas o favores, sino para exigir resultados. Queremos un cambio con personas honestas y capaces en la dirección y Administración Pública. Y procedimientos y reglamentos sencillos y eficaces en el logro de resultados. Y, por supuesto, queremos innovación en la Administración Pública, capacidad de recrearse y rejuvenecerse de manera que nos sintamos acompañados y satisfechos por los servicios e infraestructura del Estado. El conjunto de personas, empresas y grupos organizados que comulgan con este objetivo serán como esferas de piedra en movimiento, con fuerza y dirección. Renunciarán a dos cosas, la burocracia política instalada en los partidos y en la administración pública y al clientelismo. Lo harán con la convicción de que una administración pública no burocrática será mucho mejor para ellos.

Luego vendrá el momento de romper la vieja alianza y hacer otra entre la sana política –la esfera de piedra y la meritocracia– la tijera. El “papel” buscará aliarse con la “tijera”. Y llegarán a un acuerdo. Fruto de este saldrá la Administración Pública que deseamos –el origami. El papel sujeto a las formas y necesidades de la vida. Así la esfera de piedra, se mueve en la dirección de las necesidades de la sociedad y deja a su paso un ambiente renovado en la Administración Pública con árboles, flores y animales que le inyectan vida a la sociedad. Cuando ese día pase, será el día cuando el ahora venció al jamás.

  • Comparta este artículo
Opinión

La guerra del ahora contra el jamás

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota