Opinión

Un gran desafío para el Museo Nacional

Actualizado el 25 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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El Museo Nacional de Costa Rica enfrenta actualmente un gran reto, producto de la insolvencia del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio), y, como consecuencia, la necesidad de absorber sus colecciones de especímenes biológicos. Este reto lo hemos asumido con gran compromiso y apego a los principios de la buena administración, y a la naturaleza de nuestra institución.

El Museo es una entidad pública; el INBio, una organización privada sin fines de lucro. El primero tiene más de un siglo de existencia; el segundo, 25 años de gestión mixta, tanto local como internacional. El Museo goza de buena salud, a pesar de frecuentes periodos de escasez presupuestaria; el INBio vive un traumático cierre de varios programas, tras un modelo basado en financiamiento internacional que se agotó paulatinamente y no fue sustituido por otra forma de gestión.

Recepción de colecciones. Desde hace nueve meses, el Museo Nacional se ha preparado para recibir las colecciones que el INBio le entregará al Estado costarricense al agotarse su solvencia económica para administrarlas. Es responsabilidad del Gobierno recibirlas. Por mandato de ley, al Museo le corresponde administrarlas. El proceso de recepción comenzó a organizarse en junio del año pasado, con el respaldo de una comisión interinstitucional, integrada por representantes de los ministerios de Cultura y Juventud, del Ambiente, de Agricultura, y de Ciencia y Tecnología, la cual fue convocada por la ministra Elizabeth Fonseca.

Este elenco de actores principales tiene su razón de ser: las colecciones se encuentran físicamente en un inmueble del Servicio Fitosanitario del Estado (Ministerio de Agricultura); sus bases de datos y administración digital son de vital importancia para el acceso remoto local y mundial (Ministerio de Ciencia y Tecnología); su crecimiento futuro se basa en permisos que otorgan instancias especializadas (Ministerio del Ambiente), y la administración necesita de plazas especializadas –entre ellas, curadores e informáticos–, la construcción de instalaciones apropiadas, equipos y presupuesto permanente (Ministerio de Cultura y el propio Museo).

El INBio desarrolló una estrategia de traspaso durante la administración de la presidenta Laura Chinchilla. En los días finales del anterior Gobierno se formalizaron compromisos mutuos mediante una carta suscrita por los ministros de las carteras citadas. En la nueva Administración, estos compromisos se han revisado desde otra perspectiva. En el marco institucional, las respuestas han sido cautelosas. Entender los objetivos y la visión del INBio para enfrentar su grave crisis económica y sus consecuencias para el Estado ha llevado varios meses.

Tenacidad y compromiso. Entre junio del 2014 y febrero del 2015, el Museo Nacional ha hecho su tarea con tenacidad y gran compromiso profesional. Ha participado activamente en la comisión interinstitucional del traspaso de las colecciones y en aportes para la redacción de un decreto que asegure apoyo gubernamental a la institución, a fin de recibir y administrar el acervo patrimonial que implican las colecciones del INBio. La Junta Administrativa ha aceptado las colecciones, pero ha subrayado la necesidad de que se generen, desde el Estado, recursos económicos para preservar la condición patrimonial, con los cuales no cuenta la institución actualmente. Gracias a su decisión y acompañamiento, el Museo ha realizado una auditoría de las colecciones, según estándares científicos, en dos etapas –una de agosto a setiembre, y otra de noviembre a diciembre del 2014–, y ha diseñado un anteproyecto para construir un edificio que albergue los 3,5 millones de ejemplares que entregará el INBio, al igual que los 450.000 ejemplares que conserva el Museo.

Además, la institución diseñó los perfiles y presupuestó 11 plazas básicas (ocho curadores y tres informáticos) para el manejo de los especímenes; estableció un plan para administrar por etapas las bases de datos de las colecciones y garantizar su acceso local y mundial, y gestionó un convenio de albergue temporal de las colecciones con el Servicio Fitosanitario del Estado, mientras el Museo logra construir el nuevo edificio, en su sede en Pavas. Actualmente, los especímenes se encuentran en un local de esta dirección técnica del Ministerio de Agricultura.

Necesidad de apoyo. De este modo, el Museo Nacional de Costa Rica ha hecho todo lo necesario y posible para cumplir con el mandato de ser depositario del patrimonio nacional, al igual que con otras misiones establecidas en su centenaria ley constitutiva y otras regulaciones. Son responsabilidades que asumimos con profesionalismo y filosofía de gestión pública. Para cumplirlas adecuadamente, necesitamos el apoyo del Gobierno Central. Nuestra responsabilidad no se extiende a los especialistas que el INBio entrenó a lo largo de 25 años de gestión independiente, y que fueron cesados por esa institución.

Reconocemos su experiencia altamente calificada y los consideramos nuestra primera opción de su eventual contratación, pero esta deberá regirse por las directrices de la Administración Pública. Nuestro marco institucional tiene particularidades de contratación y periodos presupuestarios que no podemos violentar.

Además de la gran presión presupuestaria, que solo podremos enfrentar con el apoyo del Gobierno, deberemos diseñar mecanismos capaces de responder a los requerimientos del contexto, en particular las consultas de las colecciones por parte de los especialistas e investigadores, incluidos los del INBio. Estos mecanismos tendrán que ajustarse a las características de una institución pública como el Museo Nacional.

Continuaremos honrando nuestras tradiciones de investigación, administración y divulgación idóneas. Estamos a las puertas de un cambio que debemos animar con responsabilidad, para el buen resguardo y la mejor divulgación de los bienes administrados y consultados.

La autora es directora del Museo Nacional de Costa Rica.

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