Opinión

¡A gobernar, carajo!

Actualizado el 26 de mayo de 2016 a las 12:00 am

Luis Guillermo Solís dejó muy claro que el estatus de privilegios en el sector público se va a mantener

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¡A gobernar, carajo!

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Los dos últimos años de gobierno han sido totalmente desteñidos e improductivos debido a una falta de visión, liderazgo, dedicación y capacidad del presidente. Da la impresión de que va manejando dormido, sin rumbo, sin que nadie le avise que nos lleva directo a un abismo.

Prometió que no era necesario aumentar impuestos los dos primeros años de su gobierno porque él se encargaría de contener el déficit fiscal; sin embargo, sucedió todo lo contrario y, lamentablemente, siguió la receta de todo gobierno de corte socialista: gastar a manos llenas el dinero de los demás.

Las cifras no dejan mentir. En el 2015 el presupuesto de gastos fue aumentado en un 19%, equivalente a cinco veces la inflación.

En el presupuesto del 2016, el incremento fue de un 2,8%, porcentaje desproporcionadamente alto tomando en cuenta el del año anterior.

Desproporción. El Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) ha tenido dos generosos aumentos consecutivos del 14% y el 7,5%. Para tener una idea de las cifras tan descomunales de las que estamos hablando, el FEES del 2015 y del 2016 sumaron un total de ¢410.000 millones y ¢440.000 millones, respectivamente, y el aumento filantrópico que le concedió el presidente a las universidades fue la bicoca de ¢51.000 millones (14%) y ¢41.000 millones (10%); tanto desprendimiento con inflaciones de apenas el 4% y del -0,8%.

El gasto público es una bola de nieve cuyo crecimiento exponencial debe detenerse, pero la realidad es que el cogobierno PAC-FA-sindicatos no tiene la menor intención de impulsar proyectos de contención y disciplina fiscal.

El presidente gobierna para los sindicatos, y ya dejó muy claro que el estatus de privilegios del cual solo goza el 15% de la fuerza laboral pública se va a mantener. La única solución viable que propone es subir impuestos en un país que, según la revista The Economist, está entre los 15 países más caros del mundo.

Asuntos prioritarios. Es imperativo que el presidente se concentre en gobernar, que se baje del avión. Los costarricenses no lo eligieron para que vaya a proponer su nombre al Vaticano para solucionar el problema de la inmigración en el mundo.

Su deber es enterarse y comprender que tiene una alianza opositora en el Congreso que representa casi 38 votos, que su fracción legislativa hace pactos a espaldas de él y de su ministro de la Presidencia, que tres de sus diputados se apartaron de la fracción, que el presidente del Congreso dejó muy claro que primero van los proyectos de empleo público y reducción del gasto y luego los impuestos, que su gobierno está en una posición muy debilitada para negociar con la oposición por lo que debe dedicarse a tiempo completo a buscar soluciones y acuerdos.

El mandatario debe gobernar por el bienestar de todos los costarricenses y no para un grupo sindical que lo tiene atemorizado. La realidad no puede ser más obvia, el 85% de la fuerza laboral privada no quiere que le cobren más impuestos para seguir financiando cesantías de 20 años, anualidades del 5,5% y pensiones juveniles de lujo.

Todos los empleados de este país deben estar cobijados por el mismo Código de Trabajo, y si después alcanza para optimizar las condiciones, pues que sea para todos por igual. En el ICE, el INS, la Contraloría y el Banco de Costa Rica ya aprobaron el salario único para todos los empleados nuevos que se contraten, por supuesto, sin modificar derechos adquiridos de los que ya estaban en planilla.

Gobernar. Al día de hoy, los sindicatos de las instituciones antes mencionadas no hicieron un llamado a huelga porque se modificaran las condiciones de contratación. El presidente debe superar el miedo que le tiene a Albino Vargas, la inmensa mayoría de los ciudadanos quieren que las condiciones laborales se equiparen y sean más justas, por lo que no van a apoyar ningún movimiento de huelga.

El presidente debe convencer a su propia fracción en el Congreso para que con sus votos apoye la vía rápida para darles curso a las leyes de contención de gasto y empleo público, a cambio de que la alianza opositora aplique la misma vía rápida para discutir la reforma fiscal.

En términos de negociación, dando y dando. Pero para lograr estos acuerdos se necesita que el presidente y los diputados se decidan de una vez por todas ¡a gobernar, carajo!

El autor es odontólogo.

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