15 abril, 2015

El proyecto Germinadora busca estimular masivamente la generación de empleo e ingresos en sectores sociales y regiones territoriales de lo que podría llamarse “economía tradicional” y también pretende una dinamización de esta.

Estos objetivos no deben confundirse con los de las “incubadoras” o “aceleradoras”, orientadas a unas docenas de empresas seleccionadas con posibilidad de incorporarse al sector moderno de la economía.

Algunos funcionarios públicos han presentado una visión distorsionada de los objetivos de Germinadora, referidos a la región sur del país. Queremos precisar los términos para evitar manipulaciones y poder referirnos más adelante a la evaluación que se le realizó al proyecto y a las necesidades de seguimiento.

Germinadora se basa en una metodología de capacitación masiva. Está dirigido a territorios y regiones con problemas de pobreza estancada y desempleo crónico. Su metodología está sustentada en una amplia experiencia internacional, como son la reforma agraria de Honduras y varios proyectos del ITCO en Costa Rica en la década de los 70, así como la organización comunal en Brasil y África del Sur en los 90 y 2000.

Su población meta son los peones, artesanos y campesinos de subsistencia de bajo nivel educativo, especialmente aquellos que perdieron la oportunidad educativa, pero tienen responsabilidades familiares. Casi todos se encuentran en condiciones de pobreza y desempleo. En su ambiente, la tecnología desplaza cada vez más a la mano de obra física. No tienen acceso a la inversión ni hay empleadores públicos ni privados que requieran el trabajo que ellos ofrecen.

Germinadora germina ideas de proyectos en el sector tradicional de la economía y alfabetiza y capacita a grupos y comunidades en organización, formulación y puesta en marcha de proyectos productivos o comunales. Mediante estas capacidades, estimula el surgimiento del desarrollo local o territorial. Se orienta a generar ingresos mediante el autoempleo –individual y cooperativo– de la población aprovechando los nichos de mercado existentes en cada comunidad.

Son proyectos innovadores y viables para cada comunidad. Esta innovación no tiene que ver, necesariamente, con alta tecnología o competitividad externa, sino con atender una necesidad local.

Esta definición es importante especialmente en las regiones de economía de enclave, caractrerizaadas por la producción de bienes para el exterior y el consumo, también, de bienes y servicios de consumo provenientes del exterior, que en algunos casos pueden producirse localmente.

El sistema emplea la metodología de capacitación masiva (MCM), basada en las necesidades e iniciativas de la gente que actúa en grupo de no menos de 40 personas. Cada conjunto cuenta con autonomía real en la definición y operación de su proyecto. Esto sin imposiciones de funcionarios públicos o de ONG en su definición ni en su ejecución.

Parte de la premisa de que las inercias organizacionales tradicionales limitan la incorporación de las poblaciones excluidas a la economía mercantil. Se propone, por lo tanto, ajustar estas a las nuevas formas de organización social y de producción. Toma en cuenta la población que participa, pues está tiene alguna organización tradicional que puede limitar y entorpecer el desarrollo del nuevo proyecto, pero sabe que esto no significa un determinismo irreversible porque puede modificarse. Sin embargo, la modificación no será el fruto de cursos ni buenos consejos. Es esta experiencia real la que llevará a la reconfiguración de una nueva actividad organizacional. Se trata de una actividad sostenida con metas claras, que ajusta los modelos organizacionales a las nuevas realidades.

Se trata de un proceso real de autocapacitación, denominado “laboratorio organizacional”. En el proceso se pone en evidencia en la práctica el agotamiento de los viejos procedimientos organizacionales y se toma posesión, mediante los resultados obtenidos, de los nuevos.

Es esta nueva actividad y sus exigencias la que reconfigura las capacidades organizacionales de los grupos e inicia su ajuste. La práctica social, estimulada por la necesidad, en condiciones de autonomía grupal real, es lo que activa las neuronas colectivas y estimula la reconfiguración de los modelos organizacionales.

El ajuste es importante no solo porque perfila a los grupos nuevos ángulos y visiones no percibidos anteriormente, sino porque le permite a la gente apoderarse de una nueva forma de organización requerida para su desempeño en la vida empresarial y social, sin lo cual carece de poder real.

Este apoderamiento cambia la visión y abre las puertas a nuevos proyectos, lo que contribuye a erosionar techos sociales que limitaban las aspiraciones grupales y perfila un renacer en lo económico y social; clima que estimula la organización y la cooperación que favorecen el desarrollo de capital social.

Aquí está el meollo de la diferencia entre la Metodología de Capacitación Masiva y los procesos educativos tradicionales basados en la instrucción y ejercicios de aula, que repiten la educación de niños (pedagogía), que instruyen, pero no capacita.

Es un método de educación para la población adulta, basado en la andragogía que requiere operar en condiciones de autonomía efectiva. Por eso, desde el inicio, “desteta” a la comunidad o al grupo del tutelaje institucional y del clientelismo.

La metodología de capacitación masiva tiene un instrumental metodológico que ha elaborado y ajustado en diversas experiencias internacionales, cuyos fundamentos teórico-epistemológicos se pueden encontrar en Wikipedia.

Pero estas experiencias, ahí donde su impacto ha sido masivo, han requerido también de decisión política y respaldo institucional. Hacen falta más que convenios o decretos presidenciales para que las instituciones se ajusten a las necesidades. Hace falta una coordinación regional y territorial para darle seguimiento, sobre lo cual hablaremos en un próximo artículo, pero, sobre todo, es necesaria una acción organizada y contralora desde las comunidades.

El autor es sociólogo.

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