Por: Jaime Daremblum 22 abril, 2015

El papa Francisco, en una alocución en el Vaticano la semana pasada, recordó al mundo que en este mes de abril se conmemora el centenario de la masacre de 1,5 millones de armenios, ejecutada por el Imperio otomano. El mensaje papal fue claro y firme, como clara y firme es la historia del infausto acontecimiento ocurrido en la antesala de la Primera Guerra Mundial.

Sin ambages, el Pontífice rememoró la sistemática liquidación de seres humanos perpetrada por los turcos. Aquello constituyó nada menos que el primer genocidio del siglo XX, reiteró el Papa.

El mensaje del papa Francisco generó también un corolario: no es dable opacar ni borrar la naturaleza del crimen perpetrado por los turcos. No obstante, los sucesores políticos del Imperio otomano han insistido en reescribir la historia, faena en la cual, dichosamente, no han tenido éxito.

El Parlamento Europeo, el miércoles pasado, se unió a la exhortación papal para urgir a Turquía a reconocer la masacre sistemática de armenios de 1915 como un genocidio. Este ha sido un importante reclamo internacional que Turquía repetidamente ha desdeñado. Desde las páginas de prensa que han apelado por esta expresión humanitaria, algunos analistas han puntualizado que la acción violenta del Imperio otomano conlleva un señalamiento que lo ubica en la misma categoría del Tercer Reich nazi y de las fórmulas inhumanas de Stalin y Pol Pot.

La reacción de Ankara al holgado balance de la votación del Parlamento Europeo, que demanda de Turquía aceptar ese capítulo histórico, fue negativa. Aceptar el pronunciamiento podría fomentar una genuina reconciliación de los pueblos europeos con la nación turca, advirtió el Parlamento.

Y, a todo esto, ¿qué dicen los líderes turcos? El presidente Recep Tayyip Erdogan ordenó de inmediato retirar su embajador ante el Vaticano. Además, se adelantó a rechazar la medida europea antes de ser votada en el Parlamento. Previamente había criticado duramente al Papa y, de seguido, comentó que “le entraba por un oído y le salía por el otro”. Qué actitud más distante y diferente la de la República Federal de Alemania, que pidió perdón al mundo por las acciones de los nazis. Pero, así suele ser Erdogan, altanero y conocido por sus desplantes a líderes de las democracias.

No debemos omitir el hecho de que Turquía celebrará elecciones parlamentarias en dos meses y Erdogan busca ampliar su bancada. Sería extraño que su truculencia con Europa le depare votos, aunque cosas aún más exóticas hemos visto en el mundo.

Jaime Daremblum es abogado y politólogo, director de Estudios Latinoamericanos del Hudson Institute en Washington, exembajador de Costa Rica en Washington y Ph.D. de Tufts University, Flectcher School.