Opinión

Un general genial

Actualizado el 22 de enero de 2014 a las 12:00 am

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WASHINGTON, DC – Si Ariel Sharon no se hubiera dedicado nunca a la política, seguiría siendo mundialmente famoso como comandante y táctico militar. En los dos papeles fue extraordinario, porque sus métodos divergían de los usos militares normales incluso en el original Ejército israelí.

Pensemos en la guerra de Yom Kippur. El 16 de octubre de 1973, diez días después de que el Ejército de Egipto sorprendiera a los israelíes cruzando el canal de Suez, Sharon convirtió la derrota en victoria al dirigir sus tropas al otro lado del canal por un estrecho espacio abierto en el frente egipcio. Los israelíes se extendieron rápidamente por la retaguardia de los egipcios, devastaron las baterías antiaéreas y bloquearon las rutas de abastecimiento y refuerzos.

Al cabo de seis días, el oresidente de Egipto, Anwar Sadat, tuvo que suplicar un cese del fuego inmediato e incondicional: tantas unidades egipcias habían quedado aisladas, destrozadas por los ataques aéreos, atacadas o totalmente rodeadas, que no quedaban fuerzas importantes para detener el avance de los israelíes... ni siquiera para proteger el camino a El Cairo.

El alto mando egipcio estaba convencido de que el paso de Sharon solo era una incursión nocturna por parte de fuerzas ligeras. Su razonamiento era correcto: como los israelíes ni siquiera controlaban su lado del canal, no podían reforzar la primera ola de unos centenares de hombres con un puñado de tanques. En lugar de retirar sus unidades al otro lado del canal para perseguir a los asaltantes israelíes, los comandantes egipcios creían que sus fuerzas podrían capturarlos a todos convergiendo entre sí, con lo que habrían cerrado ese espacio de 3,2 kilómetros aprovechado por Sharon.

Los superiores de Sharon tenían la misma opinión que sus homólogos egipcios y le ordenaron que dejara de enviar tropas a cruzar el canal y que, en lugar de eso, ampliara el espacio abierto en el lado israelí del canal. Sharon no obedeció. Alegó dificultades de comunicación, al tiempo que enviaba la mayor cantidad posible de sus fuerzas al otro lado del canal. Calculó que, al atacar a los egipcios desde su retaguardia, destruir las baterías de cohetes que obstaculizaban los movimientos de la fuerza aérea israelí, tender una emboscada a los refuerzos y suministros, y causar, sencillamente, una confusión a gran escala en todo el frente, podía desbaratar la organización del Ejército egipcio.

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Eso fue exactamente lo que sucedió, pero los generales israelíes compañeros de Sharon se enfurecieron, cosa que ocurría con frecuencia. En 1953, a la edad de 25 años y cuando ya era un veterano herido de la guerra de Independencia de 1947-49, Sharon fue llamado a filas para crear la primera unidad israelí de comandos. Los árabes hacían incursiones cruzando las fronteras no cercadas de Israel para robar ganado y utensilios agrícolas, y a veces atacaban a civiles. Para guardar las alargadas fronteras de Israel habrían hecho falta veinte veces las tropas de que disponía este país, por lo que la opción sustitutiva elegida fue la de montar incursiones de castigo contra los puestos militares avanzados egipcios y jordanos y los pueblos en los que se refugiaban los merodeadores.

Sharon gozó de total libertad para reclutar y capacitar a su unidad. En lugar de insistir en la disciplina, sus hombres llevaban la ropa que preferían, nunca saludaban a nadie, nunca hacían la instrucción, pero lanzaron incursiones nocturnas devastadoras, al tiempo que sufrían pocas bajas, incluso contra la Legión Árabe de Jordania, la mejor fuerza militar árabe con mucha diferencia.

Sharon recurrió a luchadores natos, en lugar de a soldados obedientes. Planeaba todas las incursiones nocturnas hasta el último detalle: siempre enviaba a algunos hombres para que avanzaran por territorio enemigo bastante más allá del objetivo del ataque, a fin de tender emboscadas a posibles refuerzos. Los hombres de la fuerza encargada del asalto principal debían avanzar en la obscuridad hasta que los descubrieran y después lanzarse a toda velocidad y disparando con todas sus armas, mientras las ametralladoras y morteros de apoyo permanecían en la retaguardia y disparaban justo por delante de los hombres que avanzaban.

Al cabo de tres años, en la campaña del Sinaí de 1956, Sharon mandaba toda una brigada, que condujo en un rápido avance por el desierto para enlazar con un batallón de paracaidistas que habían sido lanzados muy adentro del territorio egipcio, a la entrada del paso, fuertemente defendido, de Mitla. Allí Sharon debía detenerse, pero no lo hizo, sino que entabló una sangrienta batalla para conquistar el paso. Sus superiores inmediatos querían que lo destituyeran, pero el mando supremo lo ascendió para que comandara una división.

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Así es como Sharon planificó y libró la extraordinaria batalla de Umm Katef en la guerra de junio de 1967. La batalla duró solo una noche, pero fue excepcional por su complejidad. Las defensas egipcias bloquearon la carretera central que cruzaba el Sinaí con una fortificación en la que había artillería potente y más de 100 tanques, y que estaba protegida por tres trincheras paralelas ocupadas por miles de soldados de infantería y dispuestas en dunas de arena y terreno elevado en cada extremo.

Sharon ordenó a sus tropas que treparan por las dunas de arena para entrar en las trincheras por el extremo elevado y después atacasen a lo largo de su extensión, maniobra sencilla que los egipcios habrían podido derrotar, si no hubieran quedado inmovilizados por una descarga de artillería y por tanques israelíes que les disparaban directamente. Los soldados de infantería israelíes llevaban linternas de colores sujetas a sus cascos con cinta adhesiva, por lo que los artilleros de los tanques podían dirigir su fuego contra los egipcios justo por delante de ellos.

Aun así, la artillería egipcia era superior y al menos debería haber reducido al silencio los tanques que disparaban a las trincheras, pero paracaidistas transportados por helicópteros saltaron de repente sobre los artilleros egipcios, quienes no tuvieron la menor oportunidad en una lucha cuerpo a cuerpo.

De todos modos, los tanques egipcios podrían haber contraatacado, pero se vieron envueltos en un combate con un batallón de tanques israelíes que apareció muy por detrás de las trincheras, tras haber cruzado dunas de arena supuestamente intransitables. Después, los tanques israelíes que habían estado disparando desde el extremo de las trincheras las cruzaron para entrar en la zona fortificada y acabaron con la resistencia egipcia. Así quedaba abierto el camino a través de Umm Katef. Sharon había transgredido otra vez las normas básicas de la guerra y, aun así, consiguió una victoria total.

Pero Sharon era demasiado original, incluso para el original Ejército israelí. Cuando lo pasaron por alto para el ascenso a jefe de Estado Mayor y lo retiraron del servicio activo (en 1973 iba a librar su batalla épica como reservista), un general israelí más sensato avisó a sus colegas de que volvería como ministro de Defensa y, si perdía ese ministerio, como así fue después de la guerra del Líbano de 1982, volvería como primer ministro.

Solo ahora se ha enfrentado Sharon con un enemigo contra el que no hay maniobras que valgan.

Edward N. Luttwak, estratega y asesor militar, es investigador superior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, D.C. © Project Syndicate.

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