Opinión

El gastado poder de la radio

Actualizado el 06 de enero de 2014 a las 12:00 am

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El gastado poder de la radio

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El funcionamiento de casi un centenar de emisoras de radio, con una amplísima gama de programas diseñados para todos los gustos, hace que nos preguntemos cuál es el poder de convocatoria de esas empresas de comunicación y si todavía influyen en la formación de la opinión pública.

La oferta de la radio en Costa Rica procura satisfacer gustos y necesidades en campos tan diversos como los deportes, política, noticias, entrevistas, opinión, religión, música, humor, entre otros. Cada una tiene su propia audiencia; sin embargo, ese público resulta pequeño como para satisfacer las aspiraciones de todas las empresas dedicadas a ese fin.

Si observamos lo que ocurre en Costa Rica con el uso de las ondas electromagnéticas, particularmente en las mañanas, vemos cómo, después de la entrada a los trabajos, perdemos contacto con ese medio de comunicación. Parece que, entre las ocho de la mañana y las ocho de la noche, la gente entra en una vorágine que los obliga a apartarse del dial.

Por las tardes y primeras horas de la noche, el panorama cambia muy poco: la gente regresa de sus trabajos, cena y hace vida social.

Algunas emisoras tiene cobertura nacional, otras alcanzan un espacio más modesto. La señal de casi todas se enreda en las antenas y cables de la televisión e Internet. Por las mañanas, su conexión con el oyente se pierde en el momento es que este hace frente a sus necesidades u obligaciones laborales, estudiantiles, deportivas, de esparcimiento y de salud.

Por las mañanas, mucha gente con poder adquisitivo, algunos con poder de decisión en los campos político y económico, destinan parte de su tiempo a la lectura de periódicos. Hay que tomar en cuenta a los que asisten a oficios religiosos, además de aquellos que duermen, hasta pegar con el almuerzo. Los famosos “ni-ni”. Entonces, ¿quién escucha la radio en Costa Rica?

Poder relativo. Consecuentemente, las radioemisoras hoy tienen un poder de convocatoria muy relativo, como relativa sería su aporte en la formación de opinión pública. ¿Podrán los empresarios, ejecutivos de importantes corporaciones o el simple trabajador del comercio, la industria, la educación y la construcción disponer de algún tiempo para escuchar radio? Aquí la duda alcanza niveles muy razonables. Esa pregunta adquiere mayor importancia si se toma en cuenta que algunas emisoras de radio invitan a los políticos que aspiran a la presidencia de la República o a una diputación para que expongan sus ideas. Me pregunto si las ideas de esos políticos no se quedarán encerradas en las cuatro paredes de la emisora. ¿Estarán hablando solos y no se dan cuenta?

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Debe ser frustrante, particularmente para un político o un empresario, darse cuenta de que todo su esfuerzo por exponer ideas, proyectos y aspiraciones, es una especie de monólogo y que su audiencia la componen, finalmente, su familia y sus amigos, un puñado de desconocidos, además del entrevistador.

Cuando mencionamos al entrevistador conviene hacer una pausa. Pues en este apartado hay para todos los gustos. Sin la menor duda hay gente muy profesional, que formula preguntas sin doble intención. Su trabajo es limpio pues no está ideado para quedarle bien a un político, empresario o intelectual. La objetividad es la norma y su preocupación es la audiencia.

Por lo demás, la gente que tiene programas de opinión, orientados a la defensa de una determinada causa, la campaña electoral les impide ser objetivos, pero al menos procuran ser honestos. “Yo defiendo a A y ataco a B. El que me escucha sabe que esa es mi propuesta”.

Glorias del pasado. Sin la menor duda, la radio tuvo una enorme influencia durante todo el siglo XX. La gente usaba ese medio como opción única de información y entretenimiento. En Costa Rica era común sintonizar el radio para conocer detalles de un temblor, un incendio o una simple colisión vehicular. Ahora, la televisión satisface esas necesidades.

Es evidente que el poderoso instrumento de comunicación creado hace poco más de un siglo por Nikola Tesla y Guillermo Marconi ha cedido espacio a la revolución informática que, para bien o para mal, no parece tener límites.

En este sentido, son testigos de excepción los jóvenes que portan modernos y sofisticados equipos de comunicación para ver y escuchar a sus ídolos y refugiarse en un mundo virtual.

A pesar de todo, tal parece que la radio como empresa sigue siendo un buen negocio: son varias las emisoras “piratas”, perseguidas por la Superintendencia de Telecomunicaciones.

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