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Que no nos gane la pasión o el fanatismo

Actualizado el 26 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Una visión institucional del Congreso Centroamericano de Bioética

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Volvemos al tema del V Congreso Centroamericano de Bioética, ahora para hacer algunas precisiones a partir de lo manifestado por la señora Alexandra Loría, en este medio el 21 de febrero.

Primero. La posición que manifestamos sobre este congreso de bioética, no es un capricho propio, nada tiene de personal; es una visión institucional apegada a los derechos humanos, los cuales pertenecen a todas las personas y no en exclusiva al pensamiento único o a las mayorías menos distintas.

Segundo. Tal como hemos dicho ya no sé cuántas veces, en distintos lugares y también en nuestro artículo del martes 19 de febrero, el punto de discusión para la Defensoría no es la libertad de expresión, ni tampoco que venga un doctor que sostiene posiciones fundamentalistas como las del señor De Irala. No. Esa no es la discusión. Basta revisar cualquiera de las manifestaciones que hemos hecho al respecto en los distintos medios de prensa. ¿Por qué le cuesta tanto comprenderlo? Que venga este doctor tan dichosamente preparado y otros como él a exponer sus ideas no está mal, es lo que piensa, merece respeto y quien lo quiera escuchar, simplemente asiste al evento. Que resucitara, por ejemplo, Tomás de Torquemada para venir a exponer sus creencias a un congreso privado sobre la Inquisición, tampoco sería un problema. Si la gente quiere ir a escucharlo, simplemente va y no pasa nada. En la Defensoría de los Habitantes no estamos hablando de tal cosa y tampoco hemos pedido jamás que este congreso no se realice. Nada tiene que ver, entonces, comparar nuestra posición con una sentencia de la Sala Constitucional sobre la suspensión de una conferencia. Son cosas absurdamente distintas.

Tercero. Realizar este congreso no tiene como requisito una declaratoria de interés público por parte del Poder Ejecutivo. Entonces, lo que denunciamos como institución de derechos humanos, es que el Estado costarricense, ignorando el contenido del derecho internacional de los derechos humanos que lo vincula, tome partido y se apegue a unas ideas particulares, al declarar de interés público y subsidiar con ello la realización de actividades como esta, donde se exponen ideas y posiciones que pretenden, en último término, obstaculizar o negar el reconocimiento de derechos humanos a determinados grupos.

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Más grave aún es que esta decisión se adopte en momentos en que tímidamente, como sociedad, hemos comenzado a dar pasos hacia el reconocimiento de esos derechos –como es el caso de los derechos de la diversidad sexual, fertilización in vitro, entre otros–. Con esta decisión y este apoyo, nuestras autoridades no valoran el mensaje que se envía a la sociedad y a la Asamblea Legislativa, en particular, en momentos en que necesitamos emitir legislación específica en estas materias, particularmente si recordamos que ya tenemos una condena de un tribunal internacional de derechos humanos.

Por favor, leamos bien, que no nos gane la pasión irrestricta o el fanatismo, porque ya muchos males y perjuicios, a todo lo largo de la historia, le han causado a la humanidad los pensamientos ciegos, únicos y las posiciones infalibles que, en nombre de cualquier cosa, han socavado la dignidad de las personas por su amplia y maravillosa capacidad de amar, sentir o pensar diferente.

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