Opinión

Nos gana la premura del amor

Actualizado el 15 de agosto de 2013 a las 12:01 am

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Nos gana la premura del amor

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El derecho de responder desde la concepción que uno tiene de la vida y de la existencia de Dios es eso, un derecho. Nadie lo puede prohibir y nadie lo debería criticar. La ignorancia de algunos católicos peca al creer que su religión tiene la absoluta verdad de las cosas, pero muchas personas que no son católicas se burlan, critican y construyen argumentos en contra de los católicos y de nuestro pensamiento.

De un lado como de otro hay omisiones que no permiten la comprensión mutua. Hay bastantes errores en la comunicación, un poco de ignorancia y otro tanto de intolerancia. Todo surge en la base de las discusiones. Las personas que critican con fiereza a los católicos y a la Iglesia en el mundo, lo hacen desde la concepción de que ésta se impone y quiere que todos piensen igual. Además, creen que, cuando la Iglesia se manifiesta, quiere imponerse porque tiene intereses malévolos y no quiere que las personas sean libres, sino que restrinjan su pensamiento y lo adecuen a lo que unos cuantos “curas” piensan en el Vaticano.

Ahí empiezan los problemas. Como aprendiz de periodista y miembro de la Iglesia, a la cual uno pertenece desde que es bautizado (es decir, es el sacramento y no la sotana lo que nos hace parte de la Iglesia) debo pedir disculpas por comunicarnos tan mal, durante tantos siglos.

Perdónennos, hemos cometido el error de que nos gane nuestro entusiasmo, nuestras ganas de que todos conozcan a Jesús como lo hemos hecho nosotros. Nos ha ganado nuestra tarea impostergable de evangelizar a toda costa y donde sea. Nos ha ganado el interés amoroso de que los seres humanos no piensen que todo se acaba con la muerte, sino que más bien todo se inicia a partir de ese instante. Les pido perdón porque, a veces, hemos sido impulsivos e imprudentes. Pero créanme que nos ha ganado el amor, no la mala voluntad.

Una explicación. Si ha llegado hasta aquí, creo que merece una explicación. Lo voy a intentar. La Iglesia, cuando habla de temas difíciles como la vida, el aborto, el matrimonio homosexual, las relaciones sexuales prematrimoniales, el divorcio y muchos otros, habla desde su concepción del orden de las cosas.

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Más despacio. Aquí voy. ¿Qué quiero decir? Hablamos de estos temas desde lo que creemos, desde lo que tratamos de practicar. Pero no lo imponemos y no es nuestra intención hacerlo. No imponemos, no irrespetamos, no condenamos. Esas palabras hace muchos siglos salieron del glosario de todos nuestros documentos y discursos. Sí, alguna vez existieron y vuelvo a pedir perdón por eso.

La Iglesia alza su voz, porque no tiene otra salida. Jesús, Nuestro Señor, nos dejó esa tarea desde hace más de dos siglos, “id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado…” (Mt 28,19)

Esa es nuestra principal tarea, decirle a todos que nos sentimos amados, que nos sentimos felices siguiendo al Señor y que quisiéramos que todos lo hicieran, porque consideramos que es el mejor camino, el que tiene más sentido. Ahora bien, si leyó los renglones anteriores, notará que dije que es el mejor camino, pero no es el único.

La Iglesia habla de otra vida posible, de otro camino posible, pero nunca dice que es el único. Ahora bien, lo que no puede dejar de hacer es reiterarlo. Todos podemos decir algo bueno. Algo que le aporte a la vida del otro para que sea más feliz, más realizado. Con esa oportunidad al frente, ¿cómo la Iglesia se va a callar si cree que su camino es el ideal para vivir la vida? Perdón, pero no nos podemos callar.

Texto fuera de contexto. Otra situación que pasa con mucha frecuencia es que sacan de contexto algunas frases de las cosas que comunicamos (noten que ya dije que somos muy malos comunicando, pero a veces no es sólo culpa nuestra). No me gusta pensar mal, pero pareciera que los medios de comunicación y algunas academias, casi a manera de deporte, extraen frases, oraciones, gestos o palabras para meter goles a favor del escándalo.

Palabras como diócesis, parroquia, solideo, acólito, ministerio, comunidad, estado laico, concordato, Jefe de la Iglesia, Vaticano, Curia Romana, prelado, obispo son utilizadas cómo mejor convenga y rime en las prosas que construyen. Todo eso tiene un significado y a veces su utilización es tan errada que denota una gran ignorancia. Un buen amigo dice que “el que no sabe de altares ante cualquier armario se persigna”.

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Toda la propuesta católica tiene referentes y argumentos teóricos, que se muestran en documentos que van desde las Sagradas Escrituras, hasta el Catecismo de la Iglesia católica, pasando por el Concilio Vaticano Segundo y muchos más, que explican con sencillez y transparencia cómo pensamos los católicos y qué significa cada signo, cada fiesta, cada celebración. Perdonen, de nuevo, para escribir sobre la Iglesia no basta buscar en Internet, copiar y pegar, hay que leer y estudiar. Cualquier institución o comunidad que tenga más de dos mil años merece respeto y, además, algo de rigor científico cuando se habla de ella.

Disculpen nuestros errores de comunicación, oramos para que el buen Dios nos ayude a ser mejores en eso. Pero no esperen que cambiemos nuestro discurso, porque estaríamos en contra de quien nos pidió que lo hiciéramos: Dios Nuestro Señor. Ser católico es muy bonito. Lo invito a que se acerque, o espérenos porque de alguna manera siempre nos vamos a hacer notar.

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