Opinión

El futuro de Bancrédito

Actualizado el 24 de abril de 2017 a las 10:30 pm

Bancrédito debe diversificarse y no parecer redundante respecto a otros bancos

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En los últimos meses hemos conocido los problemas financieros de una institución emblemática del país, el Banco Crédito Agrícola de Cartago (Bancrédito). La entidad fue fundada en 1918 para promover el desarrollo de la provincia de Cartago. Después de 1948, se amplió su ámbito de acción a otras provincias.

Efectivamente, Bancrédito ha experimentado irregularidades en el manejo de sus negocios, que le obligaron a recurrir a otros bancos y al propio Estado en busca de ayuda financiera.

En el 2016 su situación se complicó al multiplicarse el número de clientes morosos, por lo que presentó un promedio de morosidad mayor a 90 días con cobro judicial del 2,8%, y quedó muy cerca de situación de irregularidad financiera grado dos, según normas de la Sugef.

Ello afectó las utilidades, al punto que tuvo un déficit financiero en cinco meses del año, y alcanzó tan solo una rentabilidad nominal media sobre el patrimonio del 1,0% (10,1% en el BCR y 9,0% en el BNCR, en el mismo período).

De ahí que, para evitar una intervención, a principios del 2017 gestionó con el BNCR un adelanto del flujo de comisiones producto de la recaudación de impuestos de salida del país.

Al presente, la percepción es generalizada de que Bancrédito no ha sido bien administrado, ni lo suficientemente flexible para adaptarse a las cambiantes necesidades del mundo financiero.

Este rezago ha de ser subsanado en menos de un año pues, de lo contrario, se vislumbran bajas en los ingresos, disminución en la cartera de clientes y, consecuentemente, más pérdidas financieras.

El reciente nombramiento de nuevos directores con suficiente experiencia en banca es una buena señal para reorganizar la entidad y sacarla de la situación en la que se encuentra.

Funciones futuras. Bancrédito debe diversificarse y no parecer redundante respecto a otras entidades del sistema bancario. Asimismo, debe crecer más (aumentar las economías de escala) y reducir los costos financieros de sus operaciones pasivas para competir mejor. Debe, sobre todo, evitar una mayor afectación al prestigio y confianza de la entidad –el riesgo más importante que puede enfrentar toda institución financiera–.

El Poder Ejecutivo pretende convertirlo en un banco de fomento y desarrollo, lo que también podría interpretarse como “un banco de fomento del ahorro y desarrollo de inversión productiva”. En este sentido, deberá complementar el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), no duplicarlo. Además, sería conveniente que incursione en servicios de crédito a microempresas o microproductores, además de pequeñas y medianas empresas, como lo hace hasta ahora, pues las primeras representan más del 70% del crédito del SBD, en donde casi un 60% de las operaciones corresponde a la actividad agropecuaria, una de las fortalezas de Bancrédito.

Fomento del ahorro. En un artículo anterior (2/7/2015), señalamos que el país requiere aumentar el ahorro interno en al menos 4 o 5 puntos porcentuales para evitar la dependencia de una inversión financiada con ahorros externos que excedan el 3% del PIB, lo que no es sostenible a largo plazo, debido a la vulnerabilidad de un patrón de acumulación de este tipo ante cambios en el contexto internacional.

A partir de esta necesidad, Bancrédito tiene una justificada oportunidad para fomentar una mayor cultura del ahorro en el costarricense, con un enfoque de negocio que abarque todos los estratos sociales, en especial los de menores recursos que, contrario a lo que se cree, también tienen necesidades de ahorrar.

Un fondeo estable basado en la colocación de diversos productos financieros de ahorro le permitirá, al mismo tiempo, potenciar el crédito y hacerlo más asequible a personas y empresas con necesidades de inversión.

Bancrédito debe revisar su visión a largo plazo e incentivar a los clientes para que utilicen intensivamente las tecnologías digitales y de información. Ya no es tan necesario tener sucursales para realizar transacciones financieras en zonas alejadas.

Esta estrategia conlleva, entre otros, mejorar la solidez y estabilizar la liquidez y, sobre todo, aumentar la eficiencia (producir más con iguales o menores recursos).

Las acciones anteriores deberían reflejarse en una disminución del margen de intermediación financiera; ello le permitiría pagar más a sus depositantes y cobrar menos a sus prestatarios. De ahora en adelante, su carta de presentación podría ser “Bancrédito: el banco que paga más y cobra menos”.

El autor es economista.

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