Opinión

La función de la aduana moderna

Actualizado el 18 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

La Administración Aduanera no es solo una caja recaudadora de impuestos

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El paradigma cambió, como lo dice el editorial de La Nación del pasado 15 de setiembre.

La Administración Aduanera hace años dejó de ser una caja recaudadora de impuestos. Hoy debe atender otros asuntos de gestión, que complementan aquel objetivo, por mucho tiempo la razón de existir de esta oficina pública. Las nuevas competencias de la aduana deben ser medidas también.

El mundo aduanero sigue siendo terreno fértil en el que, cada día, nacen, crecen, se reproducen y no siempre mueren gran cantidad de especulaciones, muchas de ellas fraguadas con no buenas intenciones. De ahí la importancia de hacer los análisis y las mediciones correctas.

Los organismos internacionales como el BID, el BM, el FMI, el Sieca y la Organización Mundial de Aduanas (OMA), así como el Convenio Multilateral de Aduanas (Comalep), han propuesto el uso de indicadores de gestión.

Precisamente, la OMA aportó la propuesta denominada “Logrando la excelencia en Aduanas”, la cual consiste en ejecutar las mejores prácticas en el ámbito mundial, mediante la aplicación de 20 aspectos fundamentales.

Estos 20 indicadores, enmarcados en cuatro amplios ámbitos, a saber, facilitación del comercio, recaudación justa, protección a la sociedad y desarrollo institucional y del capital humano, señalaron nuestro rumbo.

Facilitación. No puede esperarse nada positivo de un sistema que obstaculice los flujos de comercio mediante entramados procedimientos kafkianos.

Por ello, impulsé la puesta en marcha del marco SAFE de OMA en lo relativo al pilar aduanas-sector privado. Esto se hizo mediante las siguientes acciones: la reforma a la normativa que soporta la figura del operador económico autorizado, la certificación de nuevos operadores, la promoción de la oportunidad para que agentes aduaneros y depositarios, entre otros, y, algo muy importante, las gestiones preliminares llevadas a cabo con el fin de suscribir acuerdos de reconocimiento mutuo con las aduanas de México, Corea del Sur y los Estados Unidos.

Recaudación. Dentro de los indicadores relacionados con la recaudación justa, se trabajó de manera sistemática para fiscalizar acciones de evasión en aspectos como clasificación arancelaria, valoración aduanera y origen de las mercancías, entre otros.

Tal como informaron los diferentes medios de prensa, en febrero pasado la recaudación efectiva superó la del año anterior en más de un 400%.

Al 31 de agosto pasado, las acciones de fiscalización habían generado una “determinación” (cobros en firme) de ¢2.330 millones, cifra que iguala prácticamente la recaudación determinada de todo el año anterior.

Con el mismo objetivo de incrementar la recaudación, se remitieron para cobro judicial expedientes por un monto de ¢749 millones.

Diferencias abismales. Es ineludible referirme a las especulaciones recientemente publicadas en relación con la recaudación en aduanas del impuesto general sobre las ventas (IGV). Se planteó que el porcentaje de incremento de ingresos debe ser similar tanto en tributación interna como en aduanas.

El cuadro que acompaña este artículo, elaborado con información suministrada por la Dirección General de Hacienda, demuestra que ello no es así.

Durante mi gestión como director de aduanas, las diferencias abismales más bien estuvieron a favor de Aduanas.

En adición a la información del cuadro, en julio del 2015 el IGV volvió a crecer en aduanas un 9,1% en relación con julio del 2014, mientras en impuestos internos solo aumentó un 3,2%. Sin embargo, esto no debe llevar a conclusiones engañosas, como insinuar que durante nueve meses de este gobierno los comerciantes se comportaron internamente como impenitentes evasores, mientras los importadores fueron devotos pagadores del IGV.

Lo contrario habría ocurrido el resto del tiempo, según este precipitado razonamiento. Explicarlo de esta manera, tan carente de técnica, es poco sensato y sin duda puede conducir a decisiones equivocadas. Algo nada encomiable.

Debe existir más rigurosidad y transparencia en el análisis. Con más razón en este momento en que el gobierno insta a una reforma fiscal.

Un año y cuatro meses es tiempo muy corto para tanto que hacer en Aduanas. Sin embargo, la misión y la visión estratégicas del servicio de aduanas deben estar siempre ligadas estrechamente a las necesidades de desarrollo del país, en el contexto de una economía global.

Ellas deben trascender, tanto a cambios de directores como a cambios de gobierno. Es necesario comprender que aduanas es un tema país.

Rafael Bonilla Vindas es exdirector de Aduanas.

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