La fuerza moral de Benedicto XVI

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“Ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Declaración del papa Benedicto XVI sobre su renuncia al pontificado.

“Examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia...”.Valentía del hombre que a diario atisba el deseo de cumplir en todo y siempre la voluntad de Dios.

“He llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas...”. Rendimiento de quien acepta las limitaciones propias de la edad y conciencia clara de que ha venido a servir y no a reinar.

“Para ejercer adecuadamente el ministerio petrino...”. Visión certera de que la cátedra de Pedro es un cargo y una carga onerosa que requiere del ejercicio adecuado de una misión que es divina.

“Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual...”. Claridad de fines y metas del siervo entre los siervos de la verdad en la caridad.

“Debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras...”. Magnificencia de “obras” de un Papa teólogo y de “palabras” sabias para arrojar luz a un mundo convulso.

“Sino también y en no menor grado sufriendo y rezando...”. Cristificado en el dolor y postrado en la oración ha proclamado un Año para que descubramos la riqueza de la Fe.

“En el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones...”. En sintonía con todos los adelantos tecnológicos supo llegar a los jóvenes en su lenguaje de twitter y facebook.

“Sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe...”. Paladín preclaro, incólume en la custodia del depósito de la Fe.

“Para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio...”. Instrumento fiel, sabedor de que la barca de Pedro la lleva Cristo, y el anuncio del Evangelio el soplo del Espíritu.

“Es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu...”. Espíritu que impulsó al cuerpo, ofrendando su talante hasta el borde de la copa.

“He de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio...”. Capacidad fulgurante para reconocer la llegada del Cordero; elige “menguar” para abrir el paso al que vendrá.

“Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice...”. Sólida piedad mariana que elige la víspera de la fiesta de la Madre de los infirmes, Nuestra Señora de Lourdes, para confiarnos su decisión.

“Os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos...”. Agradecimiento y testimonio humilde de quien se sabe y reconoce pecador.

“Quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria...”. Certeza de la omnipotencia de la oración frente a la acción.

Declaraciones sencillas y humildes, sin bombo ni platillo, para cerrar un pontificado que se inició con las hermosas palabras de quien se decía ser “un siervo humilde en la viña del Señor”.

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