25 abril, 2015

La nueva tragedia acaecida en el mar Mediterráneo, con la cual se contabilizan más de 900 personas fallecidas, nos hace pensar cómo hacer para que esto no vuelva a suceder.

Como humanidad, debemos aprender de estas tragedias, y realizar las acciones pertinentes para prevenirlas; sino lo hacemos, estaremos siendo cómplices también.

Tragedias como esta dejan en claro que las políticas preventivas de la migración irregular están fracasando en todas partes, y lo que están generando más bien es mayor vulnerabilidad en los migrantes irregulares que irremediablemente siguen apostando el todo por el todo con tal de buscar un mejor futuro.

¿Qué hacer bajo estas circunstancias? Difícil será pretender que con una política de cierre de fronteras los migrantes desistirán de emprender su viaje, cuando en las poblaciones de origen la exclusión, la pobreza y la violencia los obliga a buscar mejores opciones de vida para sus familias y para sí mismos.

Como humanidad, no podemos seguir pretendiendo que nada pasa al otro lado de la cerca, y voltear nuestra espalda hacia quienes más sufren.

Europa y África son un buen ejemplo de esto. Para los pueblos de África, el mar Mediterráneo se ha convertido en una prueba de valor, donde se juegan el todo por el todo, con tal de vivir.

Si realmente los países industrializados desean detener la migración irregular, deberán enfrentar la realidad de que, sin invertir y cooperar con los países en vías de desarrollo, la eliminación de dicho fenómeno será un objetivo imposible.

Se trata de combatir con seriedad la xenofobia en cada país y definir una política seria de cooperación con las naciones más próximas y que están en vías de desarrollo.

Sin embargo, la realidad parece más bien caminar hacia el lado contrario; cada vez, a escala global, se restringe más la cooperación, se crea más burocracia, se concentran más los capitales y la pobreza aumenta.

¿Qué sucede con la humanidad? ¿Cuántos barcos zozobrados son necesarios para que sepamos que ya han sido suficientes? ¿Cuál es la sociedad que queremos heredar a las futuras generaciones?

Piense por un minuto que usted fuese uno de esos migrantes montados en la barcaza huyendo de la violencia, la pobreza, la falta de oportunidades, del hambre, de la intolerancia de género y del odio religioso, ¿acaso no emprendería la misma travesía?

Para usted, afortunadamente, este es solo un ejercicio de suposición; para las 900 personas que perecieron en el Mediterráneo fue su dura cotidianidad, que en su lucha por vivir se transformó en muerte.

El individualismo, la indiferencia y el egoísmo prosperan en este inicio de siglo, y será entera nuestra responsabilidad si no decimos o hacemos algo para intentar revertir esta tendencia autodestructiva que lleva la humanidad. ¿Qué estamos dispuestos a hacer o decir al respecto?

El autor es antrópólogo social y politólogo