Opinión

La fragilidad del turismo

Actualizado el 04 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

El tipo de turismo que mueve a una región impacta la salud de sus habitantes y del visitante

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La fragilidad del turismo

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Llamamos turismo a un fenómeno social, cultural y económico relacionado con el movimiento de las personas a lugares que se encuentran fuera de su lugar de residencia habitual, por motivos personales, de negocios o profesionales.

Las condiciones del sitio visitado repercuten en la salud del turista, y la salud de este en la población visitada.

Desde el punto de vista de las políticas públicas, no se pone en duda la relación directa y constante entre turismo y salud, y se busca determinar riesgos y establecer medidas preventivas deseables u obligatorias (como vacunación, por ejemplo).

Tanto el turismo como la salud inciden directamente en la economía de los países, y las condiciones de infraestructura y de calidad de vida global (agua, alcantarillado, carreteras, etc.) son parte ineludible de esas interacciones permanentes e inseparables entre turismo y salud.

El tipo de turismo que mueve a una región impacta la salud de sus habitantes: no tiene la misma repercusión el turismo vinculado a la biodiversidad que el de casinos, prostitución o consumo de drogas.

Desde la otra perspectiva, las condiciones de vida y el desarrollo del país resultan clave en la seguridad integral del turista, que dejará de visitar un país donde corra el riesgo de secuestro o de exponerse a epidemias, por citar unos cuantos ejemplos que evidencian la fragilidad de esa relación.

La OPS/OMS ha señalado que “una interrelación compleja de factores individuales y ambientales, de políticas gubernamentales y de la industria de la hospitalidad, así como la infraestructura disponible, determinan una experiencia segura, saludable y feliz para el huésped y para el personal de los establecimientos de turismo”.

Asimismo, “las políticas nacionales y la infraestructura relacionada con un abastecimiento seguro de agua y la eliminación eficiente de las aguas residuales y los desechos sólidos benefician a los turistas, a los trabajadores de los hoteles y a la población local”, afirma también la OPS/OMS.

Condiciones necesarias. El turismo requiere adecuadas condiciones sanitarias del entorno donde se desarrolla y ofrecer garantías de seguridad, protección y promoción de la salud del visitante.

Un turista que se enferme no querrá volver ni recomendará el sitio visitado. Aspectos básicos del saneamiento, manipulación de alimentos y calidad del agua resultan clave y deben ser objeto de atención en las políticas públicas.

Como los problemas de salud en el turista pueden incluir enfermedades infecciosas y lesiones deportivas, así como accidentes de tránsito y lesiones producto de violencia social y problemas generados por drogas, es fundamental considerar la disponibilidad y acceso a servicios de salud.

¿Adónde acude un turista si se enferma o sufre un accidente? ¿Cómo será atendido? ¿Resolverá su problema en forma efectiva? ¿Existe en la zona un sitio apropiado para su atención o debe ser trasladado?

Contar con condiciones adecuadas en lo público o en lo privado para atender emergencias o situaciones que comprometen la salud es fundamental para el turista.

La actividad turística genera riesgos para los habitantes y para los visitantes en los que influyen el ambiente, los asentamientos humanos y la dinámica social.

La violencia es un problema de salud pública por su repercusión en la morbilidad (con el impacto respectivo en la persona que sufre el hecho violento), mortalidad (homicidio, accidentes en carreteras) y discapacidad.

La situación de violencia (asaltos y accidentes) que puede enfrentar un turista y puede afectarlo es un enorme riesgo para esta actividad económica y no puede ni debe ser dejado de lado en las políticas públicas.

Por otra parte, la condición en que se desarrollan los deportes de alto riesgo debe minimizar la posibilidad de accidentes.

En cuanto a enfermedades transmisibles, las políticas públicas deben contemplar medidas para prevenir. Ejemplo de ello son las que toman las zonas endémicas contra la fiebre amarilla, al obligar a la vacunación.

Para actuar sobre factores de riesgo, resulta fundamental no obviar que el turismo suele ir acompañado de consumo excesivo de alcohol (con las obvias consecuencias de conducir y manejar o nadar, entre muchas) y contactos sexuales con una pareja no habitual (con las consecuencias de posible contagio de enfermedades de transmisión sexual).

Atención local. El desarrollo de proyectos turísticos también impacta la salud de la población local en cuanto a disponibilidad de servicios básicos. Agua, alcantarillado y carreteras deben evaluarse a la hora de aprobar proyectos para minimizar el impacto negativo.

En relación con aspectos propios de la salud integral del turista, es fundamental que las políticas públicas observen el cumplimiento de normas de accesibilidad. Los grupos más vulnerables –niños, gestantes, personas de la tercera edad y discapacitados– requieren garantías de acceso.

Construir, por ejemplo, rampas para sillas de rueda en parques nacionales favorece el turismo inclusivo.

Debería promoverse, como políticas de salud pública, la educación y la difusión de aspectos vinculados al clima y los excesos derivados de conductas poco saludables; por ejemplo, el no asolearse en exceso ni a ciertas horas por los riesgos de quemaduras, deshidratación y otros.

Un aspecto impostergable de los ministerios de salud en la parte de políticas públicas es la vigilancia epidemiológica.

Pero no todo está en el ámbito público. El sector privado debe implementar prácticas que favorezcan la salud, que no contaminen el ambiente ni pongan en riesgo el hábitat y la salud de las personas.

La OPS/OMS señala que “el abordaje de un problema complejo como la salud y el turismo requiere una iniciativa multisectorial en cada realidad nacional y un intercambio de experiencias estrecho y sistemático, además de experiencias compartidas y conjuntas entre los países”.

Por otra parte, dice la OPS/OMS, “es necesario crear un conjunto de mecanismos basados en una estrategia de fortalecimiento de la gobernabilidad del proceso, y de gestión del conocimiento y de la información”.

En ese sentido, políticas públicas nutridas de procesos de investigación y sustentadas en acciones coordinadas de los diversos entes públicos facilitan promover las condiciones sanitarias para un exitoso desarrollo de atracción turística.

Limón merece atención gubernamental para cerrar la brecha que tiene con otras regiones del país en procura de mejores condiciones de salud y de vida; de un desarrollo sostenible e integral.

Por ello, el primer seminario-taller para la planificación y definición de políticas públicas para el Caribe de Costa Rica es una importante iniciativa de la Universidad de Costa Rica para tender puentes de cooperación entre instituciones públicas y privadas que favorezcan el desarrollo de la región en una de sus más importantes actividades: el turismo.

Yalena de la Cruz es odontóloga.

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