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Padres y educación de los hijos

Actualizado el 22 de julio de 2013 a las 05:18 pm

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Padres y educación de los hijos

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Guillermo Malavassi V.
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Guillermo Malavassi V.
Conforme a la Declaración Universal de Derechos Humanos, el hombre y la mujer tienen derecho de casarse y fundar familia; los padres tienen derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos; toda persona tiene derecho a la educación y el objeto de ésta es el pleno desarrollo de la personalidad.

Corresponde al fin del matrimonio --entre otras cosas-- procrear y educar a los hijos. Se entiende que es un solo fin, porque la educación es una prolongación necesaria de la generación en los seres humanos. Por lo tanto, fin primordial del matrimonio es el hijo educado.

Los padres tienen el grave deber de educar a sus hijos y, también, el derecho, frente a los demás, de hacerlo. Por ello se comprende el derecho de los padres citados al comienzo: educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones religiosas y morales, el que es irrenunciable y anterior a cualquier otro derecho de la sociedad y del Estado: es inajenable; nadie debe violarlo.

Ese derecho comporta el respeto a la dimensión educativa de la convivencia familiar, como ambiente a través del cual el hijo recibe la más importante influencia educativa. Comporta, además, el derecho de los padres a elegir las escuelas y los maestros de sus hijos; a crear y sostener centros educativos que estén de acuerdo con sus convicciones.

El principio básico, para el ordenamiento legal de la enseñanza y la educación, ha de ser la libertad de enseñanza (Artículo 79 de la Constitución y Voto Nº 3550-92 de la Sala Constitucional, noviembre de 1992).

La enseñanza y la educación postulan la transmisión de saberes y la formación en las virtudes. Ha de tenerse claro que el sujeto propio del saber y de la acción moral no es el Estado, sino la persona humana. Por tanto, es a las personas a quienes corresponde la función docente y educativa. La enseñanza es función propia de la iniciativa personal y, por ello corresponde a la persona el derecho fundamental de crear y sostener centros educativos a todos los niveles.

El Estado tiene la obligación de regular la materia educativa conforme al principio de libertad de enseñanza (ver Voto 3550-92 mencionado). Tiene la obligación de garantizar el derecho de los padres y de las entidades docentes; tutelar el derecho de toda persona a la educación; promover la acción educativa mediante incentivos y crear instituciones docentes donde no lo hagan las iniciativas ciudadanas. No debe abusar de su capacidad de imponer tributos para impedir a los padres ejercer sus iniciativas; de lo que recauda, debe destinar lo suficiente para impulsar iniciativas; no monopolizar los recursos. En consecuencia, el monopolio escolar es contrario a los derechos humanos, como lo es el de "escuela única" y el de "texto único".

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El Código de Familia trae un buen desarrollo de esos principios al declarar que las obligaciones derivadas de la patria potestad son irrenunciables y que comportan, por parte de los padres, los deberes de cuidar, vigilar, corregir a los hijos y de preparar su porvenir mediante la educación.

Las personas tienen el derecho a una educación que responda al propio fin, al propio sexo, a las propias aptitudes y que sea conforme con la cultura y tradiciones patrias. La educación es completa cuando abarca el conocimiento de los más pertinentes de los saberes humanos, cuando enseña habilidades útiles para la vida, cuando forma adecuadamente en el afecto y en el buen desempeño social y cuando incluye las dimensiones religiosa y moral de la persona.

Si por comodidad, por no hacer lo propio, se deja la educación en manos del Estado, los resultados nunca podrán ser como serían si los padres ejercieran los derechos que les correponden.

Una cosa es la ayuda del Estado. Otra, pretender que el Estado sustituya el amor y el interés de los padres de familia.

Por haber abandonado los padres, en muchísimos casos, el ejercicio de sus derechos educativos, muchas cosas terminan en forma lamentable.

El buen ejemplo de los padres que consagran sus mejores esfuerzos, su tiempo y sus recursos a la educación de sus hijos, debiera inspirar a todos los demás. Solo así funciona el mundo.

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