Opinión

Una fórmula incompleta

Actualizado el 09 de junio de 2017 a las 10:00 pm

Los costarricenses pueden explicarle a Piketty un hecho que es la antítesis de su fórmula

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He vuelto a leer el libro escrito por Thomas Piketty titulado El capital en el siglo XXI, pero ahora complementando esa lectura con otros textos del mismo autor, tales como La economía de las desigualdades, Crisis del capital en el siglo XXI y Acerca de el capital en el siglo XXI. Su tesis principal se expresa en la fórmula r > g, donde r representa la tasa media anual de rendimiento del capital (beneficios, dividendos, intereses y rentas) y g la tasa de crecimiento económico. Piketty explica que, según su fórmula, la riqueza acumulada por unas pocas personas aumenta más rápido que la tasa general de crecimiento económico, y, por lo tanto, los ricos se hacen más ricos y los pobres quedan rezagados.

Mis conclusiones respecto a la hipótesis de Piketty siguen siendo las mismas a las que arribé en el 2014 cuando leí por primera vez a este economista. Su ecuación r > g es inteligente, pero no constituye una ley del desarrollo capitalista de la que pueda derivarse que el crecimiento de la desigualdad social sea innata o consustancial a este sistema.

El crecimiento de la desigualdad social es un hecho que puede cumplirse o no, dadas ciertas condiciones históricas, pero no se trata de un automatismo que se materialice de modo inevitable, fatal, y Piketty no es fatalista.

Si el crecimiento de la desigualdad fuese innato al sistema, entonces no habrían existido épocas de crecimiento económico donde también disminuye la desigualdad, como lo reconoce el propio Piketty para el caso del período comprendido entre 1945 y 1970 en Europa occidental; y lo mismo se observa, por ejemplo, en Costa Rica, durante la fase de ascenso de la estrategia de sustitución de importaciones y Estado de bienestar, y en la etapa de introducción y consolidación del modelo de apertura comercial.

Los costarricenses pueden explicarle a Piketty un hecho que es la antítesis de su fórmula: en la sociedad nacional se han construido instituciones sociales y jurídico-políticas sin relación directa con la tasa de crecimiento económico, en lo que algunos estudiosos han denominado la “capacidad previsora” o de “anticipación social” de situaciones futuras, como ocurrió con la fundación del Estado de derecho, la educación pública y los antecedentes del sistema de salud pública desde finales del siglo XIX.

Si se considera, además, que en sociedades precapitalistas también puede constatarse la presencia corrosiva de la desigualdad social, entonces es recomendable una línea de investigación que intente determinar las fuentes de la desigualdad comunes a sistemas sociales capitalistas y precapitalistas, para luego referirse a sus orígenes en cada formación socioeconómica.

Existen variables que impactan en el fenómeno de la desigualdad social, y que Piketty no menciona. Así, por ejemplo, los feudos de poder político-sindical-académico-empresarial que operan como buscadores de rentas económicas privadas bajo protección política.

La presencia de una tecnoburocracia que actúa como propietaria de los recursos públicos y los distribuye bajo criterios de selección político-ideológica es una realidad que amerita estudios pormenorizados, y que influye en las dinámicas básicas del sistema capitalista; y a esto se debe unir la presencia de redes que materializan disfuncionalidades éticas notorias, e implican rentabilidades y enriquecimientos económicos.

Es imperativo estudiar y medir el impacto de estas disfuncionalidades éticas en los procesos de acumulación y distribución de la riqueza. Nada de esto hace Piketty, y eso limita en demasía los alcances de la fórmula r > g.

Tendencias y contratendencias. El economista francés constata que en las sociedades capitalistas existen tendencias y contratendencias; unas fortalecen y mejoran los procesos de acumulación de riqueza y distribución, y otras profundizan la crisis de la acumulación y elevan la desigualdad.

Thomas Piketty lleva razón al indicar que la concentración de riqueza en capitales privados viene acompañada de la posibilidad del progreso tecnológico duradero y del aumento constante de la productividad, hechos que tienden a neutralizar los efectos negativos de la concentración.

Las contratendencias señaladas por Piketty no son las únicas. En Costa Rica, como dije, muchas de las instituciones sociales actuales no fueron creadas fundamentándose en tasas de crecimiento económico adecuadas, sino en ideales de realización social e histórica, con lo cual puede hablarse de autonomía de las estructuras jurídico-políticas y sociales respecto a la infraestructura económica y productiva, lo que también contribuye a disminuir o neutralizar la concentración del capital privado y el aumento de la desigualdad. Es evidente, por lo tanto, que existen contratendencias igual o más poderosas que las mencionadas por Piketty.

Un artículo en American Economic Review. El análisis pormenorizado de la dialéctica de tendencias y contratendencias le hace mucha falta al estudio de Piketty, y esto es lo que el economista francés reconoce cuando en el artículo “Acerca de El capital en el siglo XXI”, publicado en American Economic Review afirma: “No veo r > g como la única, ni siquiera como la principal herramienta para considerar los cambios en ingresos y riqueza en el siglo XX, o para proyectar el camino de la desigualdad de ingresos y riqueza en el siglo XXI”, y añade que aspectos políticos e institucionales jugaron un rol mayor en el pasado y probablemente lo seguirán haciendo en el futuro.

“No creo que r > g sea una herramienta útil para la discusión de la desigualdad creciente en los ingresos del trabajo: aquí otros mecanismos y políticas son mucho más relevantes, por ejemplo, la oferta y la demanda de capacidades y educación”, afirmó.

Está claro que las dinámicas capitalistas articulan factores de diversa naturaleza (históricos, culturales, educativos, religiosos, psicológicos, económicos, políticos), y por eso la comprensión científica y humanista de las realidades humanas es un desafío bastante más complejo que el expresado en una fórmula como r > g.

Piketty lo sabe y busca aplicar este principio metodológico, no obstante lo cual a muchos de sus lectores se les olvidó. Piketty se queja, en el artículo referido, de las simplificaciones que se han tejido respecto a su libro El capital en el siglo XXI, y flexibiliza su resistencia frente a observaciones como las realizadas en este comentario.

El tiempo de los juicios de valor precipitados se ha terminado, y es él quien así lo exige en apego a la rigurosidad y a la búsqueda constante, no de creencias, sino de conocimientos.

El autor es escritor.

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