Opinión

La forma en política

Actualizado el 04 de abril de 2013 a las 12:00 am

Bajo la premisa del oportunismo, la democracia tiene los días contados

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La salud de la democracia en Latinoamérica no anda bien. A diferencia de la década de los 90, cuando con pocos lustros el sistema de elección por mayorías y de alternabilidad en el poder comenzaba a expandirse, y la población se ajustaba a los cambios en libertad, el problema ahora es más denso, menos obvio. Es producto de clases políticas vueltas oportunistas y con poca visión de futuro, entiéndase, cualquier futuro que vaya más allá del próximo convenio comercial con quien sea, o de las próximas elecciones, que deben ganarse como sea. Reelegirse indefinidamente, con o sin periodos intermedios, se ha vuelto una posibilidad.

Se dirá en descargo de esta triste realidad, que la vida política es siempre algo muy efímero, y que dentro de esta brevedad es un lapso signado por la fortuna y la circunstancia. Se olvida entonces, que si bien el pragmatismo es parte funcional de la política, su légamo constituyente debe estar cimentado en sólidos principios – no negociables– de acuerdo con el fomento y ampliación del bienestar común. Todo lo demás es viveza criolla, victoria del momento, cantos de sirena. Bajo la premisa del oportunismo, la democracia, con sus bondades y posibilidades de progreso colectivo, tiene los días contados.

Parte de las nuevas clases políticas que hemos visto aparecer, salvo en Venezuela y Cuba donde el poder se ejerce bajo una égida que fusiona un poder de pseudo-izquierda con el mando militar, han dado muestras de una carencia de escrúpulos interesante. Los partidos políticos, ya sin fronteras ideológicas que los demarquen, y muchos de ellos consecuentemente sin identidad definida, han transado su labor en ser agencias de lobby para diversos intereses. Algunos más claros que otros.

Nunca como ahora, el poder económico estuvo tan vinculado al poder político y eso no siempre es bueno. Recuérdese: la política, la buena política, es, después de la caridad, la más alta virtud republicana, pues quiere darle al pueblo lo que es de César, y brindarle igualdad de oportunidades a quienes nacieron con menos. De eso se trata.

Daré tres ejemplos para justificar mi diagnóstico. La reciente muerte de Hugo Chávez sucedida en las circunstancias más bizarras, secretas e inauditas desde la Unión Soviética, congregó a una serie de mandatarios en Venezuela. Paradójicamente a las loas al difunto, nadie reparó en la lamentable condición en que queda esa nación. Ni los mandatarios ni las Naciones Unidas, donde por una parte se guardó silencio ante el difunto, mientras que al mismo tiempo una comisión de Derechos Humanos de ese organismo exigía la liberación de presos políticos que ese régimen mantiene.

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Un organismo hemisférico como la Organización de Estados Americanos, según la izquierda rancia latinoamericana, la más conspicua ventana de dominio del “imperio” estadounidense, ha sabido guardar un silencio acomodaticio ante los desafueros constitucionales que se cometen a diario en Venezuela. Pocos personajes han sido tantas veces objeto de escarnio y burla por personeros del régimen venezolano como su actual secretario, Insulza. Pero, por alguna interesante razón, Insulza también mantiene una obsecuencia probada con las decisiones tomadas por el eje La Habana-Caracas.

Por último, ante las venideras elecciones presidenciales del 14 de abril (sigo hablando de Venezuela) y ya sin tapujo alguno porque lo ha hecho antes, el expresidente brasileño Luis Ignacio da Silva, envía un video que es transmitido en cadena nacional venezolana –todos los medios en una sola señal– donde toma abierto partido por el candidato oficialista, Nicolás Maduro. En seco, les dice a los venezolanos directamente que “votar por Maduro presidente, es votar por la Venezuela que Chávez soñó”.

Podemos olvidar la relación entre forma y fondo en política, como muchos mandatarios hemisféricos hacen, y seguramente mañana sea un día muy parecido a hoy. Pero los desafueros del régimen venezolano han servido para diagnosticar la salud de la democracia continental.

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