12 noviembre, 2016

La ilusión de vivir no es solo para los recién nacidos y los adolescentes con sus proyectos y aspiraciones, es también para los que aprendieron a vivir y comenzaron a estrenar la época de la madurez y de la ancianidad.

Hay una llamada universal, para todos los hombres, sea cualquiera su edad, que nos acerca a nuestro verdadero Padre Dios y nos llama a acoger, sin titubeos, el sentido eterno de la vida.

Comprender ese reto, que supera la muerte, es fuente de vida, una vida que no termina aquí en la tierra y que nos abre horizontes de paz y nos lleva a vivir con ilusión “el cada día”.

Porque por encima de todas las metas humanas, con sus ilusiones y alegrías, está la esperanza cada vez más cercana de la bienaventuranza eterna, que conduce a vivir el presente con intensidad y con una perenne juventud.

Los diversos capítulos del pequeño y acogedor libro, titulado Envejecer bien es un arte, de Francisco Mirambell Solís, son, con su estilo sencillo y agradable, una riqueza de pequeños consejos, de diversas procedencias y un don de esa cuna de cultura originaria de San Ramón para la riqueza de toda Costa Rica.

La cultura se difunde con espontaneidad, pero cuenta siempre, con focos de expansión peculiares que transmiten nuestras ricas tradiciones para bien de todo el país, como los encontrados en San Ramón, desde el siglo XIX y XX, a través del Teatro Minerva, impulsor del arte, cultura y vida social.

El autor es presbítero.