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La flaca memoria de doña Nuria Marín

Actualizado el 12 de junio de 2013 a las 12:00 am

El recurso de recusación contra Carmen Muñoz no implica discriminación

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El domingo 2 de junio en La Nación, la señora Nuria Marín en su columna “ Sana Crítica ” se rasga las vestiduras muy “preocupada” por el recurso de recusación (no de discriminación) interpuesto contra Carmen Muñoz, donde solicito que por una cuestión de ética se aparte de la discusión del tema de Sociedades de Convivencia, por cuanto obviamente hay un conflicto de intereses, ya que ella se declaró en LaNación del 21 de abril que es lesbiana y que convive con su pareja; por supuesto, esto significa que en el tanto y cuanto este proyecto se aprobase, ella se vería beneficiada desde la óptica patrimonial y demás aspectos que contiene el proyecto. Esto es así de sencillo, nadie está discriminándola, ni persiguiéndola.

Además, en el pasado algunos diputados hemos preferido salirnos de una discusión, cuando un proyecto nos favorecería en caso de ser aprobado. ¿Cuál es la confusión? Da lástima que una politóloga del calibre de la señora Marín no se haya tomado el tiempo de leer la recusación, por cuanto lo que se pide es que ella se excluya de discutir y participar en el proyecto de Sociedades de Convivencia, jamás se está solicitando que ella no sea parte de la Comisión de Asuntos Jurídicos, como lo afirma erróneamente la señora Marín. Esto sí sería una intolerancia absurda.

Pero lo más interesante de todo esto, es la flaca memoria de la señora Marín, que pareciera que ya olvidó que fue su propio esposo, cuando era ministro de Gobernación, quien giró un comunicado a todos los consulados de Costa Rica en el extranjero para que no concedieran visas a mujeres solas que quisieran viajar durante la Semana Santa de abril de 1990, por cuanto se sospechaba que vendrían al II Encuentro Lésbico-feminista de América Latina y el Caribe, que se realizaría en Costa Rica.

El comunicado advertía que aquellas mujeres que llegaran al aeropuerto sin acompañante serían rechazadas. El entonces ministro de Gobernación, Antonio Álvarez Desanti, esposo de doña Nuria, comunicó a las empresas de aviación aceptar el riesgo de tener que trasladar, por su cuenta, de regreso a su lugar de origen aquellas que llegasen solas.

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“No podemos estar de acuerdo si las participantes poseen una conducta que atenta contra la educación y principios religiosos por los que hemos luchado y queremos heredar a nuestros hijos”, declaró Álvarez a La Nación (11/4/90).

La actividad siempre se hizo y el tema salió a la prensa. Pero en alguna medida provocó que un grupo de personas localizaran el lugar sede, atacándolas con piedras y balas en el día de su clausura, obligándolas a eliminar todos los documentos posibles.

Eso, señora Marín, sí fue un acto de intolerancia, de barbarie y sobre todo de discriminación obsesiva. ¡Cómo me hubiera gustado verla rasgándose las vestiduras y atacando a su esposo por tal crueldad! Porque eso sí fue algo terrible que yo jamás aprobaría, aun si la decisión la tomara un familiar mío.

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