25 diciembre, 2015

Don Orlando Núñez Pérez escribió en estas páginas, el pasado 20 de diciembre, un artículo en el cual criticaba a las personas que, muy ingenuamente, saludan en estas fechas diciendo “felices fiestas” y no “feliz Navidad”, como a él le gusta.

Para don Orlando, esta es una falta gravísima, que no hace otra cosa que conducir a la “descristianización de la sociedad”, como si los no cristianos estuvieran fuera de onda o out of fashion, como dicen en inglés.

Durante diciembre, los musulmanes celebran el Ramadán, los judíos el Janucá, los católicos y evangélicos la Navidad y a los no creyentes les viene bien aprovechar la época para dar regalos y cariño a sus seres queridos.

“Felices fiestas” es la forma de felicitar a todos respetando sus creencias y de unirnos en una sola comunidad solidaria.

Discriminar a otros por no creer en lo que yo creo no es de cristianos, francamente. ¿Acaso no fue el mismo Jesucristo quien mandó a no juzgar a los demás y a amar a todos incondicionalmente? ¿Tenemos que celebrar todos Navidad solo porque don Orlando es cristiano y no le gusta que la gente crea en otra cosa?

Para justificar su creencia, el señor Núñez reta a las personas que dicen “felices fiestas” a que se contesten: “¿La fiesta de quién? ¿O por qué es la fiesta?”. Yo le voy a contestar.

La Navidad es una de tantas fiestas católicas que usurparon el lugar de las celebraciones paganas, como el Día de Todos los Santos, el 1.° de noviembre (como para fumigar después de Halloween); la fiesta del Nombre del Señor, el 1.° de enero; la Pascua de Resurrección, que cambia de fecha porque tiene su origen en el culto a Osiris durante la primera luna llena de primavera; y por supuesto las conocidas fiestas patronales que existen en las comunidades para sacralizar el espíritu pachanguero de nuestros pueblos.

Pues la Navidad no es diferente. Aunque no hay documentos explícitos sobre el tema, todo parece indicar que el natalicio del Niñito Dios no tenía fecha fija hasta que en el siglo IV, durante el gobierno de Constantino, se decidió sustituir la celebración del Sol Invictus y las saturnalias de la antigua Roma (fiestas que tenían características muy similares a la que hoy conocemos como Navidad), por la celebración del nacimiento de Jesús.

La celebración del Sol Invictus fue una tradición que los romanos heredaron de los festejos sirios del nacimiento del dios Sol en el solsticio de invierno, y que los dioses Baco y Saturno, conmemorados durante las saturnalias, estaban inspirados en los dioses Dionisio y Cronos de la antigua Grecia.

Así que le devuelvo la pregunta a don Orlando: Realmente, ¿sabe usted de quién es la fiesta?

El autor es diseñador digital.