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La fecha de la canonización de Juan Pablo II

Actualizado el 27 de abril de 2014 a las 12:00 am

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La fecha de la canonización de Juan Pablo II

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Los católicos estamos de fiesta: nuestro querido Juan Pablo II ha llegado el día de hoy a los altares de la santidad. Los medios habían venido preparándonos para el momento. La fecha anunciada: 27 de abril. Pero esta forma de referirse a la fecha encubre el verdadero motivo por el cual la canonización se ha llevado hoy a cabo. Y es que hoy se celebra el Domingo de la Divina Misericordia, fecha incorporada oficialmente en el calendario litúrgico de la Iglesia por el propio Juan Pablo II en el año jubilar 2000. Esta fecha, que se celebra todos los años el segundo Domingo de Pascua, es su legado. Por eso fue escogida para la canonización.

Hilo conductor. Es interesante constatar cómo el Domingo de la Divina Misericordia se constituye, a lo largo de varios años, en el hilo conductor que enlaza distintos acontecimientos que desembocan en el día de hoy. El primero de ellos es el hecho de que la partida de Juan Pablo II aconteciera en la noche del sábado 2 de abril del 2005, que resulta ser la víspera del Domingo de la Divina Misericordia de ese año, cuando litúrgicamente ya se celebraba esta fecha. El segundo es el hecho de que, tanto la beatificación como el milagro que está permitiendo declararlo santo, acontecieran, ambos, el día 1.º de mayo del 2011, que resulta ser el Domingo de la Divina Misericordia de ese año.

Ciertamente, podríamos afirmar que las fechas de la beatificación y de la canonización fueron escogidas por los papas Benedicto XVI y Francisco, respectivamente, y por el motivo ya indicado, pero ¿qué otra explicación, más que el designio de Dios, podríamos atribuir al alineamiento de las fechas de la partida y del milagro?

Cuando Juan Pablo II instituyó el Domingo de la Divina Misericordia, lo hizo acogiendo el deseo que Nuestro Señor Jesucristo le había manifestado a su compatriota, la extraordinaria mística, santa Faustina Kowalska, en la década de 1930. La solicitud de establecer una Fiesta de la Misericordia , en el segundo Domingo de Pascua, forma parte de un mensaje más amplio, conocido como el mensaje de la Divina Misericordia. Resulta igualmente interesante ver cómo este mensaje marca no solo el pontificado, sino la vida misma de Juan Pablo II desde su juventud.

Terminado su colegio, el joven Wojtyla se traslada, junto con su padre, desde su natal Wadowice a Cracovia, a fin de facilitar sus estudios universitarios. Su sueño era estudiar literatura polaca y teatro. Pero Alemania invade Polonia y estalla la Segunda Guerra Mundial. Sus planes de estudio se truncan y debe emplearse como obrero industrial. En la ruta entre su casa y la cantera donde trabaja queda el convento de las religiosas de la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia. Aprovecha rutinariamente el recorrido de regreso para detenerse a orar en la capilla. Allí conoce la historia de una monja de la congregación, sor Faustina, que acababa de fallecer en fama de santidad, la cual afirmaba haber recibido de Jesucristo la misión de recordar al mundo la eterna verdad de su amor misericordioso, y la inconcebible grandeza del destino eterno al cual nos invita. El joven Wojtyla termina cambiando los planes para su vida: desea ordenarse sacerdote para proclamar y dispensar la misericordia de Dios. La misión de sor Faustina le había cautivado, él también deseaba ser apóstol de la Divina Misericordia.

Santa Faustina. Al mirar en retrospectiva la vida de Juan Pablo II, su pontificado y los acontecimientos posteriores a su partida, resulta muy claro cómo su apostolado complementa en forma perfecta el aporte de santa Faustina. Las palabras de Nuestro Señor fueron muy claras: el mensaje es para el mundo entero. Pero ¿cómo haría una monja de clausura, en 1930, para llevar el mensaje a todos los confines de la tierra? Juan Pablo II lleva el mensaje de Polonia al trono de san Pedro, y, desde ahí, lo difunde al mundo entero. Ambos forman un equipo perfecto en torno a una única misión; ambos se consolidan como apóstoles de la Divina Misericordia.

En 1980 lanza su segunda encíclica, intitulada Rico en misericordia . Seis meses después sufre el atentado que milagrosamente no le costó la vida. Luego de una delicada convalecencia, realiza una de sus primeras salidas, visita el santuario del Amor Misericordioso, en Collevalenza, Italia, donde declara: “Desde el comienzo de mi ministerio en la sede de san Pedro, en Roma, he considerado este mensaje (la Divina Misericordia) como mi tarea particular. La Providencia me lo ha asignado en la situación contemporánea del hombre, de la Iglesia y del mundo…”. Este reconocimiento nos permite comprender la razón por la cual, luego de instituir el Domingo de la Divina Misericordia, declarara que ese había sido el día más feliz de su vida.

Beatifica y canoniza a santa Faustina en el segundo Domingo de Pascua de los años 1993 y 2000, tal como posteriormente le acontecería a él. En el 2002 enriquece el Domingo de la Divina Misericordia con la indulgencia plenaria, y, dos meses más tarde, realiza el que sería el viaje de despedida a su amada Polonia. El lema del viaje fue: “Rico en misericordia”. En él dedica la nueva basílica del convento que visitaba de jovencito, ahora con estatus de santuario mundial de la Divina Misericordia, donde brinda declaraciones enternecedoras recordando sus visitas de juventud.

Asimismo, aprovecha la ocasión para consagrar solemnemente el mundo entero a la Divina Misericordia, y especifica el motivo para ello: “Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. (…) Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. (…) ¡Sed testigos de la misericordia!”. Benedicto XVI, en el 2006, refiriéndose a estas homilías, afirmó: “Las palabras que pronunció en esta última ocasión fueron como una síntesis de su magisterio, poniendo de relieve que el culto a la Divina Misericordia no es una devoción secundaria, sino una dimensión que forma parte de la fe y de la oración del cristiano”.

En 1938, santa Faustina anotó en su Diario las siguientes palabras de Jesús: “He amado a Polonia de modo especial y, si obedece mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad” (D1720), Hoy, 76 años después, hemos visto confirmarse esta santidad.

Rodolfo González Suárez es presidente de la Asociación Divina Misericordia-Costa Rica.

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