Opinión

Por favor, dejemos la xenofobia en el pasado

Actualizado el 05 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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Por favor, dejemos la xenofobia en el pasado

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En días pasados, caminaba por Escazú en dirección a mi trabajo, en un día caluroso. Me detuve en una pulpería para comprar un refresco. Al entrar, escuché al señor detrás del mostrador, en forma despectiva, llamarme “¡china!”. Yo lo ignoré, en primer lugar porque esto me ha pasado muchas veces; y, en segundo lugar, porque estaba concentrada decidiendo qué quería comprar. Pero el pulpero siguió, incluso en tono burlista: “china”, por lo menos seis veces. Yo me di la vuelta y le dije: “Por favor, no me llame así”. Y salí de la pulpería sin comprar nada.

En varias ocasiones, mi apariencia y nacionalidad han sido motivo de burlas o engaños. Por ejemplo, yo utilizo el bus como medio de transporte al trabajo (dos veces de ida y dos veces de vuelta). Frecuentemente, le pago al conductor, por ejemplo, ¢400 por un pasaje que cuesta ¢325, pero dependiendo del chofer, no me dan vuelto. En una ocasión, pagué el pasaje con ¢300 para ir de San José a San Pedro (tarifa ¢255), y como no me dio el vuelto, le pregunté: “¿Así esta bien?” y el conductor me respondió: “Chinita, le faltan ¢50”.

Lo peor es que, a pesar de que yo sabía que él estaba mintiendo, me sentí insegura para reclamarle pues no sabía cómo iba a contestarme o a reaccionar el conductor si yo lo llamaba mentiroso… y, entonces, como en otras ocasiones, pagué de más por el mismo servicio que usamos todos.

Muy tica. Yo nací en Corea, y tengo 21 años. Solo viví mis tres primeros años en ese país, y por la edad que tenía cuando emigramos, no recuerdo nada de ese lugar. Después, estuve dos años estudiando en Estados Unidos y, a partir de ahí, he vivido toda mi vida en Costa Rica: Heredia, Tibás, Guadalupe, Santa Ana y San Pedro. Hablo español como cualquier otra tica, tanto que mis amigos de otros países latinoamericanos se divierten con lo “pachuca” que soy a veces.

Mi licencia de conducir es costarricense. Me encanta el gallo pinto con salsa Lizano y entiendo todos los “chiles” ticos, con los que me muero de risa. Estoy al tanto de la política y me intereso por opinar sobre lo que es mejor para Costa Rica. Si no fuera por la forma de mis ojos, nadie se daría cuenta de que no soy tica. Soy una persona con expectativas, con sentimientos y con muchísimo amor hacía este país.

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Estos ejemplos que expongo son los más recientes. He pasado por situaciones mucho más despreciables que estas, y estoy segura de que no soy la única china, negra o nica que ha sufrido estas injusticias. Hasta hace poco, me quedaba callada, y trataba de convencerme a mí misma de que yo estaba reaccionando exageradamente y de que enojarse por un vuelto en el bus era ser tacaña. Pero ya no más.

Yo soy una persona igual a cualquiera otra, haya nacido o no en este país, sea rubia, morena, negra o amarilla. Tengo los mismos derechos y las mismas expectativas de cortesía y decencia humana que todos esperamos. Merezco que se me cobre lo correcto y que no me roben. Merezco que me digan “muchacha”, “joven” o “señorita”, como a cualquier otra mujer, y, además, que no me encasillen meramente por el color de mi piel o la forma de mis ojos.

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