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Algo falta en la ecuación

Actualizado el 01 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

¿Estará algúncandidatodispuesto a serparte del cambio?

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Ya se están preparando las tiendas para abrir los fuegos electorales y apenas es agosto de 2012. ¡Apremia llegar al poder! ¿Para qué? ¿Cuáles son los compromisos con la patria y cuáles los indicadores que permitirán a la población comprobar, o reclamar, su cumplimiento?

Hace 60 años que un grupo pensante y comprometido con Costa Rica, una guerra civil y una Asamblea Constituyente cambiaron nuestro embrión de país en un modelo mundial de desarrollo: los Poderes del Estado formaron un puente entre plutocracia y miseria, salud y educación para todos fue la consigna y, su resultado, la movilidad social.

El esquema funcionó y el país caminó así al menos por dos décadas. Pero... faltó sostenibilidad. A partir de 1970 comenzó el socavamiento institucional cuando, sin quitar la palabra “autónoma” del artículo 73 de la Constitución Política, a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) primero se le encajó una junta directiva politizada y después una Presidencia Ejecutiva omnipotente en lo interno, pero sumisa al Poder Ejecutivo.

Con el tiempo, transformado el arte de gobernar en compadraje, se bajó el perfil al Servicio Civil convirtiendo al servicio público en parte de lo que don Alberto Cañas llamó “gradería de sol”, concepto que después explicó magistralmente don Hugo Alfonso Muñoz. Poco a poco, el Estado benefactor terminó configurando un país desordenado y anárquico, que pasó del desarrollo social a la ambición personal y de un Estado de derecho a un país de derechos sin deberes; el bien común fue desplazado por ambiciones individuales y de pequeños grupos, frecuentemente parapetadas tras recursos de amparo y cuestionables decisiones de asambleas legislativas.

La política trocó en trampolín financiero y la democracia pasó a ser un medio para el crecimiento ilimitado de una burocracia cada vez más boyante. Hoy, el deterioro social del país agobia hasta a los mismos que condujeron a Costa Rica hacia él.

¿Qué hacer? Empezando a romper los fuegos políticos que culminarán en elecciones dentro de año y medio, junto a los sempiternos candidatos y repetitivos discursos han empezado a brotar y descollar ideas y opciones que se antojan saludables, pertinentes y cronológicamente correctas: don Walter Muñoz lidera un movimiento dirigido a la reconstrucción administrativa de la CCSS, don Miguel Sobrado propone ir pasando el ejercicio de gobierno a las comunidades en un esquema semejante al de Suiza, don Johnny Meoño nos sigue recordando el excelente marco legal con que cuenta Costa Rica a la espera de un gobierno que lo utilice, don Guillermo Vargas está organizando un nuevo partido político de centro, don José Merino sugiere unirse a trabajar por objetivos olvidando por un rato las diferencias ideológicas, y don José María Figueres convoca al país a aportar ideas que permitan diseñar un nuevo esquema político y social, tal como lo hiciera su padre 60 años atrás.

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La medida de todas las cosas. Pero esas propuestas no son suficientes. Puede que elijamos a un buen presidente, que surja un excelente cuadro de gobierno (incluida Asamblea Legislativa), que se expongan brillantes planes y programas, que se acepte regir el desempeño de los Poderes del Estado dentro del marco legal de excelencia que ya existe, que se salve la CCSS, que suavicemos ideologías y democraticemos el Gobierno, pero ni viejos ni nuevos presidenciables han iluminado el rincón donde se oculta el germen del fracaso: el recurso humano.

Porque somos nosotros, ciudadanos que elegimos y que nos eligen, “la medida de todas las cosas” –como asentó Protágoras de Abdera hace 2500 años–, somos los mismos que, poniendo cara de santo, acomodamos leyes, engañamos, incumplimos, no rendimos cuentas, evadimos impuestos, desviamos fondos, pervertimos el poder, buscamos prebendas y despilfarramos y hacemos platinas y convenciones abusivas y nos brincamos los altos y andamos armados y traficamos de todo y poblamos la “gradería de sol” de los Poderes del Estado y... En todos nosotros, población general, está el germen del fracaso. Sin nuestra transformación, la gloria jamás llegará. Y nos haremos viejos y pasaremos a otras dimensiones, esperando en vano a que llegue un salvador.

¿Estaremos dispuestos a cambiar?

¿Estará algún candidato dispuesto a ser parte de ese cambio, a gestionar esa metamorfosis, cueste lo que cueste, empezando por sí mismo?

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