Opinión

Un fallo que hace historia

Actualizado el 12 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) rechazó el recurso de amparo electoral presentado contra el documento “Rehabilitar la política”, con el cual los obispos, conscientes de nuestro compromiso como ciudadanos y pastores del pueblo de Dios, presentamos a los electores algunos criterios éticos a considerar en el presente proceso electoral y en la vida democrática de nuestro país.

Manifiesto, pues, mi satisfacción ante este hecho, dado que el Tribunal concluye que el contenido del documento se enmarca dentro de las competencias que tiene la Iglesia, y que, en consecuencia, ninguno de sus apartados exalta una tendencia en particular o busca diezmar o aumentar el caudal electoral de ninguna agrupación política.

Esta sentencia no me tomó por sorpresa, pues, en todo momento, hemos respetado la Constitución Política y el Código Electoral, y, lejos de hacer propaganda partidista o ideológica, hemos sido consecuentes con nuestro anhelo de construir una sociedad más justa y fraterna, llamando, especialmente, a los fieles católicos a vivir su compromiso cristiano y sociopolítico de una manera coherente y valiente.

Considero fundamental destacar que, con este pronunciamiento, ha ganado la democracia costarricense, pues viene a proteger tanto la libertad de expresión como la libertad religiosa de todos los ciudadanos, y no se hace eco de las tesis de la intolerancia que pretenden presentar la religión como un fenómeno marginal y hasta desestabilizador en la vida social.

Esta resolución está, también, en plena consonancia con la Declaración Universal de Derechos Humanos, que en su artículo 18 protege el derecho de todas las personas “a manifestar su religión o creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado”. De igual modo, su artículo 19 enfatiza que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Pasando esta página, invito nuevamente y con renovado entusiasmo al pueblo católico, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a estudiar los criterios propuestos desde el Evangelio y el magisterio social de la Iglesia, que nos recuerdan que solo desde el respeto y la promoción de la naturaleza trascendente del ser humano se puede construir una sociedad justa y solidaria.

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