13 noviembre, 2014

En diversos foros, documentales o artículos sobre desarrollo eléctrico, se ha señalado que existe un excedente en la capacidad instalada de nuestro país, porque mientras que esta capacidad es de 2.700 MW, la máxima demanda eléctrica anual llega apenas al orden de 1.600 MW, resultando por lo tanto un sobrante de capacidad instalada de cerca de 1.100 MW. Este excedente estaría supuestamente ocioso o en espera de que el ICE disponga de él cuando lo necesite, sea para el consumo interno o para la exportación de electricidad. Se alega entonces que no tiene sentido que el ICE continúe planificando y desarrollando nuevos proyectos electroenergéticos, cuando se dispone de ese supuesto sobrante o “colchón” de más de 1.000 MW.

Lectura errónea. El anterior argumento es totalmente falso. Sería excelente para el país que estuviéramos en una situación como esa y que no necesitásemos desarrollar más proyectos, pero la realidad es muy diferente. Una cosa es la capacidad instalada de un sistema eléctrico (es decir, la potencia máxima que en teoría podría utilizar ese sistema contemplando todas las plantas instaladas) y otra muy distinta es la disponibilidad que se tenga de esa potencia, que cambia constantemente según las variaciones o intermitencias del recurso natural, sea hidroeléctrico, eólico, solar, de biomasa, etc. Es decir, aunque la capacidad instalada de un sistema eléctrico sea alta, solo un porcentaje (cercano al 60%) de ella está disponible en cada momento, producto de la variabilidad del recurso energético de cada fuente.

Digamos entonces que de esa capacidad instalada del sistema de 2.700 MW, solamente una fracción está disponible en cada momento, porque los embalses no están llenos todo el tiempo, o no sopla el viento en todas las plantas y en todo instante. Precisamente, existe sobreinstalación (mayor capacidad instalada que la demanda total), porque se requiere que unas fuentes compensen o respalden el sistema cuando otras no están disponibles, o bien cuando están fuera de operación por mantenimiento. Es esa complementariedad lo que le brinda robustez a nuestro sistema eléctrico, evitando apagones o racionamientos.

De modo que no existe ese gran sobrante o excedente de electricidad que se alega, y por el contrario, la capacidad instalada total de nuestro país es la necesaria para satisfacer las necesidades máximas de un sistema a base de fuentes renovables. Esta diferencia entre capacidad instalada y demanda máxima no es única de nuestro sistema eléctrico, es más bien una característica común de todos los sistemas en el mundo a base de renovables, que presentan por lo general factores de planta bajos y que respaldan la intermitencia de las fuentes renovables con embalses grandes, generación térmica o gas natural.

Ese grave error de alegar la existencia de un excedente ocioso de capacidad instalada, sin considerar la disponibilidad de esta, es producto del desconocimiento de las características y forma de operación del sistema eléctrico nacional y se comete a todo nivel, desde el ciudadano común, hasta ingenieros y especialistas en la materia, con lo cual se desinforma y en casos se manipula la opinión pública.

El tema del desarrollo energético y, en especial, el eléctrico es cada vez más importante y estratégico para el país, por lo que debemos conocer bien las características, conceptos y limitaciones que rigen el funcionamiento de nuestro sistema eléctrico, con el fin de opinar, informar e incidir de la manera adecuada.

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