Opinión

La evolución de los taxis

Actualizado el 16 de agosto de 2016 a las 12:00 am

La regla de oro para los taxistas es buscar la forma de seguir siendo líderes

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El uso de automóviles para el servicio público se inició allá por los años 20 y 30 con tres o cuatro vehículos estacionados en los alrededores del Parque Central, adonde el pasajero debía acudir para contratarlos.

Posteriormente, llegó la apertura de garajes, que no era otra cosa que una especie de bodega en donde los vehículos se estacionaban y por teléfono se llamaba para contratar una carrera.

El automóvil venía a recoger a los pasajeros, los llevaba al destino e inmediatamente regresaba a su base. Las tarifas estaban fijadas por el tamaño de la carrera dentro o fuera de la ciudad o a alguna de las provincias.

Allá por los años 50 y 60, aparecieron los taxis, unos vehículos marca Renault 4CV equipados con un aparato mecánico (taxímetro) que cobraba de acuerdo con el kilometraje y el tiempo, siempre en la modalidad de garajes.

En San José existían unos tres de ellos inicialmente, todos uniformados con la misma marca y tipo de vehículo, pero diferenciados por su color.

El éxito del sistema fue tan grande que aparte del garaje central al que se llamaba por teléfono, se llegaron a crear estaciones satélites en diferentes barrios de San José y que se manejaban por medio de cajas radiotransmisoras ubicadas en postes del alumbrado público escogidos estratégicamente.

Cuando un auto de estos terminaba un servicio, se estacionaba en la base más cercana y ahí llegaban los clientes a buscarlo, o, en su defecto, el cliente tocaba un botón y se conectaba con el garaje para que le enviaran uno de la estación central o de otra base cercana.

Este fue a grandes rasgos el principio de lo que hoy llamamos taxis, que se fueron expandiendo de acuerdo con las necesidades del público y la tecnología.

Otro tiempo. Es así como todo va cambiando, y en la época de la Internet aparece una plataforma acorde a las necesidades y facilidades de hoy.

En ningún momento dice la historia que en cada cambio tuvimos huelgas y paralizaciones del país.

Quienes hoy reclaman la aparición de la plataforma, ¿no fueron acaso los mismos que eliminaron los autos estacionados en el parque, luego los garajes e hicieron aparecer los taxis?

Dejemos que la historia haga sus transformaciones, estamos en otro siglo, sigamos tranquilos buscando las facilidades que la vida nos presenta con sus mejoras. No tratemos de nadar contra la corriente porque de todas maneras el cambio se debe hacer hoy o mañana y el progreso no podemos detenerlo.

La regla de oro para los taxistas es buscar la forma de seguir siendo líderes, ponerse de acuerdo con la época, pero con servicio y calidad, no haciendo daño a un país que no se lo merece.

Recuerden, y esto es también muy importante, que quienes sufren con cada huelga son los que no manejan taxi; son sus clientes. Cada paro les resta un porcentaje de ellos que se pasan a la competencia.

El autor es empresario pensionado.

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