18 junio, 2015

Las empresas de autobuses que brindan servicio entre cabeceras de provincia y cantones de la Gran Área Metropolitana hacia San Jos han evolucionado positivamente en cuanto a equipos, frecuencias y terminales.

Sin embargo, a pesar de esta gran mejoría en el transporte interurbano, las carreteras en que transitan estas líneas de autobuses colapsan todos los días en las horas pico, lo que aumenta el gasto de combustible y del tiempo de cada persona en esas interminables presas.

El usuario, pese a tener un buen servicio desde su ciudad satélite hasta la capital, no encuentra una solución satisfactoria en el sistema de transporte urbano para llegar a su destino. Como se dice en la jerga de las telecomunicaciones, el problema está en la última milla. El transporte metropolitano solo transporta a quien definitivamente no tiene otra opción.

Quien puede comprar un vehículo, por humilde que sea, preferirá viajar por sus propios medios antes que usar el bus, y los carros terminan yendo y viniendo desde las ciudades de la GAM a San José, lo que genera el caos vial que sufrimos todos los días.

Opciones fallidas. Los intentos del Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer) por poner en marcha el tren urbano no pasan de ser un despropósito. Según sus propias informaciones, el sistema de trenes actual transporta aproximadamente 15.000 personas cada día.

Considerando que en promedio los buses urbanos mueven a 1.000 personas al día (los de La Carpio y los de Desamparados llegan a mover hasta 1.200 al día) el tren urbano con toda su inversión, derechos de vía, talleres y demás, solo sustituye a 15 autobuses, lo cual es terriblemente ineficaz para resolver la necesidad de transporte masivo en San José y las ciudades circunvecinas.

Los planteamientos de tranvía y trenes transitando por las mismas calles que la masa vehicular solo empeoran el caos.

El transporte masivo de personas debe moverse en un nivel diferente al de la masa vehicular. San José no alcanza todavía el volumen de personas para justificar financieramente un sistema de metro.

La infraestructura necesaria para poner en funcionamiento un sistema subterráneo es sumamente cara. Si se optara por este, las dos opciones que resultarían serían inviables: o la tarifa sería sumamente cara para el pasajero o el Estado tendría que subsidiar el costo para no afectar la tarifa.

Con las raquíticas finanzas del Estado, la segunda opción no es viable, y a como están los bolsillos de los usuarios, la primera tampoco lo es.

El metro no es una solución por el momento; sin embargo, lo podrá ser cuando la ciudad alcance unos cuantos millones de personas más.

Tren en el aire. Existe, sin embargo, una excelente opción de transporte que opera a desnivel con la masa vehicular: el monorriel. Este sistema es una especie de tren que se mueve sobre un estructura de columnas a unos 4 o 5 metros sobre el nivel del suelo. Por esta razón, está excluido de las presas de la ciudad y por supuesto no colisiona con los vehículos.

Es sumamente silencioso porque es eléctrico y resulta muy eficiente para ciudades de tamaño medio, como lo son el conjunto de ciudades que conforman nuestro centro urbano.

Es posible que una buena cantidad de costarricenses haya podido viajar en monorriel en las instalaciones de Disney en Orlando, Florida. Yo mismo he vivido esa experiencia y me ha parecido ejemplar.

He visto operar el monorriel en Seattle, en el estado de Washington, con gran eficiencia. En Bangkok opera una versión menos bonita, que ellos llaman “ bart ”, que aunque no es tan esplendorosa como el de Disney, transporta a millones de personas diariamente.

Monorrieles hay en muchas ciudades del mundo; sin embargo, mantengo en mi memoria el de Sídney, Australia, como uno de los más bellos sistemas de transporte, no solo bien integrado a los sistemas de buses urbanos y los ferris de la bahía, sino además adornado con paisajes, flores y animales en el exterior. Es como un sueño ver pasar el monorriel, lindo, silencioso, eficiente y, todavía mejor, viajar en él y poder bajarse y subir directamente dentro de algunos edificios comerciales a los que ingresa.

Es tiempo de que las autoridades de transporte público se planteen la posibilidad de construir un monorriel para San José. Me extraña mucho que en la búsqueda de soluciones, hasta donde yo sé, nunca se haya propuesto esta solución y se mantenga la idea de desarrollar el sistema de transporte masivo al mismo nivel en que transitan los vehículos.

Con el monorriel, ni siquiera sería innovar, puesto que la solución existe, y funciona de excelente manera en otras ciudades del mundo. Solo bastaría con copiar la idea, abrir nuestros pensamientos a soluciones diferentes a lo que hemos buscado hasta ahora. Para San José, el monorriel es la solución.

(*) El autor es físico