Opinión

La ética debe vivirse públicamente

Actualizado el 27 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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La ética debe vivirse públicamente

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Es increíble que alguien pueda pensar, escribir y además publicar en un diario que hay que dejar “la moral para la vida privada y para la conciencia de cada quien; en la sociedad, las relaciones entre las personas y las relaciones entre gobernantes y gobernados, deben regirse por el imperio de la ley” (Víctor Ramírez, “El vicio y la virtud”, Página Quince , 24/12/2012).

¿De qué moral se puede hablar si no se ejercita en la vida pública y en cada ámbito de la vida personal y comunal? ¿De qué sirve si creo en el respeto a la vida humana en mi casa, pero irrespeto la vida humana cuando me relaciono con otros en la sociedad? ¿Cómo funcionaría el hecho de que en mi vida privada yo sea “ética” y en mi relación con los gobernantes o gobernados solo rija la ley sin ética? ¿Quieren aún más leyes en este país para que se juzgue absolutamente todo?

De hecho, eso es lo que ha hecho que este país sea ingobernable. Los empleados públicos y gobernantes a veces están atados de manos por exceso de legislación, porque no se ha confiado a la ética, a la moral y a la buena voluntad del individuo el poder ejercer sus cargos en la función pública, sino que todo está atado por leyes.

O, peor aún, hay leyes que se han divorciado de la ética y la moral y por ende no son válidas para muchas personas que buscan principios éticos más altos que los que rigen en las leyes.

No porque ahora sea legal hacerse un hijo a la carta eso es ético ni moral; no porque ahora sea legal tener un salario 30 veces más alto que el de sus empleados eso es ético ni moral; no porque sea legal ir a demandar a mi país a una corte internacional eso es ético ni moral; no porque sea legal matar a mi hijo en mi vientre porque no viene con todos sus órganos bien eso es ético ni moral; en fin, hay muchas leyes que no son éticas ni morales.

Y esto, independientemente de si se es cristiano, ateo o musulmán. La conciencia bien formada busca el bien independientemente de si se practica una religión o no.

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En ese mismo artículo del 24 de diciembre, su autor, Víctor Ramírez afirma que hay “ausencia de discernimiento para comprender que todo precepto moral, incluso el ‘no matarás’, puede contar con circunstancias atenuantes y eximentes (todas las legislaciones aceptan, bajo ciertas circunstancias, el ‘homicidio justificado’)”.

Primero que todo, el “no matarás” debe respetarse siempre, y el derecho a la vida debe regir –lo resguarden o no leyes–.

Y segundo, que existan leyes que acepten bajo ciertas circunstancias que se mate a alguien no por ello son leyes justas, éticas o morales. Siempre debe respetarse el derecho a la vida de cualquier persona nacida o no nacida, joven o vieja, mujer, hombre, heterosexual, homosexual, con salud o moribunda...

La ética no es un sombrero que uno se quita cuando entra en la Asamblea Legislativa o en el trabajo que se tenga; tampoco es una cruz que se levanta en el ámbito privado y luego en el público se guarda, se esconde y si se puede hasta se maja.

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