No podemos cambiar el mundo, pero podemos hacer la diferencia en nuestro entorno

 22 octubre, 2015

Este es nuestro tiempo, tiempo de guerra, cuando niños inocentes mueren masacrados sin saber el porqué, en el que un pobre animal es maltratado sin poder defenderse, y si lo hace al final sufre las consecuencias.

Tiempo en el que no respetamos ni a los adultos mayores y, día a día, mujeres, niñas y hasta hombres sufren violaciones. Esta es la era en que la gente es capaz de mentirle a una persona ciega. Cuando nada importa más que parecer, según va el mundo.

Somos hombres y mujeres como mercancía, que valemos más o menos según la habilidad del negocio que se nos presenta. ¿Por qué? ¿Por qué somos así? ¿Qué nos ha hecho tan egoístas? ¿Cuándo dejamos de ver más allá de nosotros mismos?

Es fácil, hemos sido criados en una burbuja que nos impide conocer la realidad donde vivimos. Hemos permitido que la telaraña de la avaricia invada nuestro cuerpo.

No es culpa nuestra el no habernos dado cuenta antes, pues estamos cegados por una red de individualismo, pero ahora es nuestro deber salir de nuestra burbuja y abrir los ojos; informarnos y hacer consciencia de lo que pasa a nuestro lado y en otros lugares del mundo, y empezar a realizar actos de bondad sin la necesidad de esperar algo a cambio de los demás: conformarnos con el bien común.

A pesar de que no podemos pretender cambiar todo el mundo, podemos hacer la diferencia en nuestro entorno. ¿Cómo? Con simples acciones como ayudar cuando podemos y hacer el intento cuando no; no molestar ni juzgar a alguien solo por su apariencia física, por su situación económica o creencias religiosas.

Nadie nace malo, nacemos siendo la versión más auténtica de nosotros mismos y simplemente somos expresando con total espontaneidad lo que queremos y lo que no, sin juzgarnos ni compararnos con nadie, y esto nunca debería cambiar.

Empecemos a dar el paso, que para subir cualquier escalón es bueno.

María Paz Rodríguez es estudiante de sétimo año.