En los últimos 38 meses la economía ha experi-mentado una volatilidad cambiaria moderada

 2 agosto

Estar al frente del Banco Central me obliga a ser receptivo y reflexivo ante las críticas que surgen de diversos sectores de la sociedad y a hacer el mejor esfuerzo posible para que el público esté bien informado sobre los objetivos y acciones del Banco Central, así como de los motivos de sus decisiones.

No hace mucho tiempo las críticas de algunos ciudadanos hacia esta entidad fueron muy fuertes, y se le acusó, incluso, de estar “obsesionada” con la inflación.

Con el paso del tiempo, la población costarricense ha ido entendiendo los beneficios de una inflación baja y estable y de manera creciente se acepta que ese es el principal objetivo de un banco central y que el de Costa Rica no es la excepción.

Este mensaje ha calado, al punto que ahora el origen de las críticas ya no es que el Banco quiere controlar la inflación, sino que se interpreta que tiene un objetivo no declarado de estabilidad cambiaria.

Reformas. Como presidente del Banco Central de Costa Rica he manifestado en reiteradas ocasiones y ante diversos foros, como lo han hecho algunos de mis predecesores, que comparto, que el principal objetivo de esta entidad es la estabilidad interna de la moneda nacional y, consecuente con ello, me ha tocado continuar algunas reformas coherentes con ese objetivo. Entre ellas la adopción de un régimen cambiario de flotación, en el que, por las características idiosincráticas de la economía costarricense, el Banco se reserva la potestad de intervenir cuando observe movimientos violentos en el tipo de cambio que no se justifican por modificaciones en las variables macroeconómicas que determinan el equilibrio en el mercado cambiario a mediano y largo plazo.

He reconocido que nuestro mercado cambiario, como otros en la economía nacional, carece de condiciones competitivas para funcionar sin la intervención del Banco Central. Al menos durante los últimos tres años el Banco no ha usado el tipo de cambio como un instrumento para controlar la inflación, y me atrevo a decir que ha sido así desde el inicio del proceso de flexibilización cambiaria.

Lo que el Banco ha pretendido es que poco a poco sean las fuerzas de oferta y demanda las que determinen el comportamiento del tipo de cambio nominal. No obstante, este mercado no escapa de la presencia de condiciones de inestabilidad en razón de la poca integración y competencia, por lo cual es necesaria la intervención del Banco Central.

Además, el Banco presta atención a la inflación como fenómeno monetario a mediano y largo plazo, y para ello ha hecho los ajustes en su política monetaria con el fin de que los agregados monetarios y crediticios (determinantes últimos de la inflación) se comporten de manera congruente con el rango meta de inflación a largo plazo definido en la programación macroeconómica.

Características. Se debe reconocer que nuestro mercado cambiario presenta características como: estructura oligopólica, asimetrías en los flujos, estacionalidad marcada, segmentación en la negociación de dólares, un sector público que es un demandante neto de divisas, carencia de operaciones con derivados cambiarios.

Estas características conducen a que su funcionamiento no necesariamente refleje la evolución de las variables macroeconómicas que determinan el tipo de cambio. Me parece que los eventos de mayo y junio son evidencia de las consecuencias que tienen esas características del mercado.

Lo anterior justifica las intervenciones recientes del Banco Central en el mercado cambiario, pero no porque piense que existe una relación lineal entre tipo de cambio e inflación y que el incremento en el precio de la divisa estadounidense provocará que la inflación se desvíe del rango meta. El análisis va más allá del riesgo de incumplir la meta inflacionaria.

Para ahondar en esto voy a referirme a dos de las características idiosincráticas de la economía costarricense.

Problema principal. Por una parte, como sociedad nos negamos a reconocer que es urgente una solución al problema estructural de las finanzas públicas; si bien se reconoce el problema, no existe acuerdo en cómo resolverlo.

Ante esta realidad, los agentes económicos tratan de protegerse de las consecuencias de un déficit fiscal creciente, entre otras cosas, mediante la dolarización de sus ahorros y la “colonización” de sus deudas, lo cual crea una presión al alza sobre el tipo de cambio.

Por otra, existe una cartera crediticia en moneda extranjera que representa cerca del 24% del PIB, en la que aproximadamente el 73% de los deudores tienen su principal fuente de ingresos en colones, lo cual hace al sistema financiero costarricense vulnerable ante la volatilidad cambiaria.

Lo anterior nos presenta el riesgo de que un ajuste “no ordenado” del tipo de cambio tiene el potencial de modificar dramáticamente el valor de las deudas de una alta proporción de los costarricenses y, por tanto, incrementar los índices de mora bancaria en el sistema financiero. Por otro lado, no permitir el ajuste cambiario entraña un riesgo moral que lleva a exacerbar la distorsión de endeudarse en una moneda diferente a la de los ingresos.

Por lo tanto, el reto del Banco Central es permitir suficiente volatilidad cambiaria para que se internalice adecuadamente el riesgo cambiario, pero no al punto que ponga en peligro la estabilidad financiera y, por tanto, la macroeconómica. Obviamente, esto solo se puede hacer si se cuenta con el nivel de reservas internacionales adecuado.

Grupos afectados. La experiencia, tanto nacional como internacional, indica que las crisis bancarias tienen altos costos para la sociedad, donde los grupos de ingresos bajos generalmente son los más afectados. Esas crisis desembocan en crisis económicas con serias repercusiones en la economía real como producción, inversión, empleo y distribución del ingreso.

La ley orgánica del Banco reconoce este riesgo y las repercusiones que de materializarse tendría para la sociedad. Por ello, además de los objetivos de estabilidad macroeconómica, le asigna la responsabilidad de promover un sistema financiero eficiente, estable y competitivo.

Es claro que un ajuste cambiario violento puede causar una crisis financiera en donde, naturalmente, sería insostenible el mantener una inflación baja y estable.

Entonces, volviendo al origen de este comentario, la atención que el Banco Central dedica al tema cambiario es alta y en eso tienen toda la razón nuestros críticos. Sin embargo, rechazo enfáticamente la afirmación de que el Banco Central tenga por objetivo el tipo de cambio, despreocupándose del control de la inflación.

En los últimos 38 meses la economía costarricense ha experimentado una volatilidad cambiaria moderada, en un entorno de un crecimiento económico superior al de muchos países de la región y de una inflación baja y estable.

El autor es presidente del Banco Central.