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El espejo sinoestadounidense

Actualizado el 29 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Los problemas de un país se muestran como imágenes de espejo del otro país

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HONG KONG – Noviembre fue un mes de importantes cambios de liderazgo en todo el mundo, incluyendo la confirmación de Xi Jinping como el más alto funcionario de China y la reelección del presidente Barack Obama de los EE. UU. Estos cambios pusieron en relieve las marcadas diferencias entre los sistemas políticos de los dos países. No obstante, ambos países comparten las mismas metas de desarrollo nacional: aumento de la prosperidad de sus ciudadanos, reducción de las desigualdades sociales, y abordaje de la sostenibilidad ambiental.

El hecho es que los cambios rápidos en los ámbitos sociales, tecnológicos y ambientales presentan un desafío para ambos modelos de gobernanza y desarrollo, tanto para el modelo chino como para el modelo occidental, mismos que requieren de importantes reformas. Además, los líderes de los dos países deben llevar a cabo estas reformas dentro de una permanencia en el cargo que tiene una duración limitada, con recursos limitados, y dentro de un contexto global de interdependencia y rivalidad en el ámbito del comercio exterior.

En los Estados Unidos, donde los mercados, el poder judicial y las regulaciones tienen un alto grado de desarrollo, la necesidad imperativa no es la reforma institucional, sino la reforma política – que aborde la posición fiscal débil, las desigualdades en los ingresos y la riqueza, el desempleo, la asistencia de salud y la infraestructura física en deterioro.

Para China, el problema en gran parte está relacionado con el diseño y ejecución de la siguiente fase de reformas institucionales con el fin de sostener el crecimiento económico y la eficiencia, reducir la desigualdad social, eliminar las distorsiones del mercado, abordar el deterioro del medio ambiente y combatir la corrupción. A medida que China se convierte en una sociedad más urbana de ingresos medios y con una población más adulta, el desafío para el nuevo liderazgo no es sólo poder satisfacer las necesidades de la población en cuanto a empleo, asistencia de salud y seguridad social, sino también es poder mejorar la eficacia mediante la instauración de sistemas de controles y contrapesos relacionados al poder político.

Ambos países se enfrentan a una fortísima resistencia a la reforma proveniente de fortísimos grupos de presión y de fortísimos intereses creados. Ambos también se enfrentan a grandes distorsiones de precios, debido a la flexibilización cuantitativa implementada por los responsables de las políticas monetarias que condujo a tasas de interés real negativas.

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Imágenes especulares. En cierta medida, entre estos países, los problemas de un país se muestran como imágenes de espejo del otro país. EE. UU. carece de inversión en infraestructura y tiene exceso de inversión en derivados financieros –que es el resultado del apalancamiento opaco que ocurre por un exceso de consumo–. China sufre de bajo consumo y posiblemente de sobreinversión, y necesita encontrar un equilibrio entre el sector estatal y la empresa privada.

El énfasis que la democracia estadounidense deposita en los horizontes de corto plazo es costoso, ya que trae consigo recortes de impuestos e incrementos en beneficios sociales que a su vez dan lugar a déficits fiscales crónicos y a facturas de años de consumo excesivo que las generaciones futuras se verán obligadas a pagar. En China, el sistema de un partido único ha sido eficaz en el logro de un crecimiento fuerte, pero ahora debe enfrentar la corrupción desenfrenada y la burocracia excesiva que desplazó al sector privado y limitó la creatividad y la innovación.

China y los EE. UU. pueden extraer importantes lecciones de las fortalezas y debilidades inherentes a ambos sistemas. En primer lugar, en ambos países, el desafío no es aquel relacionado a una confrontación del Estado contra el mercado, sino que se trata sobre cómo encontrar complementariedades entre estos dos ámbitos. El Estado funciona mejor cuando se delimitan, protegen y adjudican los derechos de propiedad, mientras que el mercado funciona mejor cuando se asignan los derechos de propiedad y se los alinean con los incentivos que movilizan a las personas.

En segundo lugar, ambos países deben encontrar la métrica correcta para equilibrar intereses de corto plazo con intereses de largo plazo. Si se tienen en cuenta las demandas intergeneracionales, los grandes efectos secundarios entre distintas comunidades y la interdependencia con el resto del mundo, cualquier sistema de Gobierno debe sopesar los intereses de las élites gobernantes y de los grupos de presión frente a los intereses de los grupos más débiles que no tienen voz, como también debe balancear las demandas populares con la planificación de largo plazo.

Por último, los problemas para ambos países no son los relativos a la corrupción o la desigualdad –que son problemas universales – sino son la igualdad de oportunidades y, en el caso de China, el respeto por los derechos de propiedad. La delimitación y asignación opaca e injusta de derechos sobre la tierra en China, junto con los monopolios estatales y las burocracias onerosas, crean distorsiones que dan lugar a corrupción y desigualdades. La principal prioridad de China debería ser el fortalecimiento de sus instituciones legales con el fin de proteger los derechos de propiedad, mientras que simultáneamente debería reducir la propiedad y el control que tiene el Estado sobre los recursos y las grandes empresas.

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Hasta ahora, el enfoque realista de Xi ha aumentado las esperanzas acerca de que China podría llegar a ingresar a una nueva fase de reforma que abordaría los desequilibrios económicos, aumentaría la inclusión social y lucharía contra la corrupción endémica. En EE. UU. la reelección de Obama condujo a que algunos lleguen a creer que las tan necesarias reformas en las políticas llevarían al país al borde del “precipicio fiscal” y arrancaría una nueva era de crecimiento.

Aún los dos líderes y sus administraciones deben superar desafíos monumentales a medida que sus respectivos países luchen por alcanzar la siguiente etapa de su desarrollo. Las formas como estos dos países utilizan las políticas monetarias, fiscales, estructurales, institucionales y regulatorias pueden ser distintas, pero cada uno de ellos será juzgado, en última instancia, según cuán cerca esté de alcanzar dicha meta de desarrollo.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

Andrew Sheng , presidente del Fung Global Institute, expresidente de la Comisión de Valores y Futuros de Hong Kon;, actualmente es catedrático adjunto en Tsinghua University en Pekín

Xiao Geng es director de Investigación del Fung Global Institute.

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