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La escuela: ¿Adónde vamos desde aquí?

Actualizado el 03 de diciembre de 2016 a las 12:00 am

El valor que la educación costarricense deberá recuperar en todos los niveles es la confianza

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Aumenta la conciencia pública sobre el papel clave de la educación en el país. Sabemos que los cambios demandados no se reducen a la elección entre dos alternativas, o la esperanza de un único proyecto capaz de innovar el quehacer en el aula. El proceso de enseñanza-aprendizaje siempre es y será una realidad compleja como lo es la trama de la vida.

La educación como institución tiene raíces muy profundas en la historia humana, aunque es en los últimos dos siglos que se han dado los pasos más importantes en el conocimiento del fenómeno educativo.

Las bases científicas de la educación se la debemos a personas talentosas como John Dewey, Ovide Decroly, María Montessori, Lev Vygotsky, Jean Piaget, Jerome Bruner, Celestine Freinet, entre otros. Más recientemente John Hattie merece destacarse por ser uno de los mayores exponentes de la educación basada en evidencia. Todos ellos han contribuido en la construcción de una epistemología sobre el aprendizaje, principalmente en niños.

Nueva corriente. A inicios de este nuevo siglo, las ciencias cognitivas se han convertido en el nuevo viento esperanzador para impulsar un verdadero cambio educativo.

La neurociencia cognitiva está revolucionando nuestras antiguas creencias sobre el aprendizaje, sobre todo, el aprendizaje concebido como mecánico, repetitivo, lineal, objetivo e impersonal.

Para los conocedores del tema, el verdadero aprendizaje siempre será algo personal, emotivo, creativo, dinámico y contextualizado. Muy poco parecido al conocimiento enciclopédico memorístico.

Ante estos avances, surge la interrogante sobre el rol de los docentes en este nuevo siglo. Algunos perciben una progresiva pérdida de autoridad por parte de los maestros, ya que ninguno de ellos puede almacenar tanta información para transmitirla.

También está fuera de las posibilidades humanas del docente cargar con toda la responsabilidad de aprendizaje de al menos un individuo. Por tanto, el rol de los docentes deberá cambiar de acuerdo con una nueva epistemología del aprendizaje.

Trabajo en conjunto. Por consiguiente, los nuevos tiempos requieren educadores que trabajen de forma colegiada, que tomen decisiones compartidas respecto a la diversidad de condiciones de los estudiantes. Solo de manera colegiada se puede cargar con la responsabilidad de la educación de la niñez y la juventud. En segundo lugar, se necesitan educadores que reflexionen sobre la práctica, que tengan suficiente criterio y rigurosidad para diferenciar lo que funciona y lo que no funciona con cada grupo que tiene a cargo y con cada estudiante.

En tercer lugar, la formación de los docentes deberá orientarse a buscar respuesta a una pregunta fundamental: ¿cómo aprenden los estudiantes? Esta pregunta no es inocente, es la base misma de la revolución educativa finlandesa, donde en cuatro décadas construyeron el sistema educativo más esperanzador del planeta.

La primera década de esta revolución la dedicaron a una revisión de las concepciones que tenían sobre el conocimiento, el aprendizaje, la enseñanza y el currículo.

Finalmente, el valor que la educación costarricense deberá recuperar en todos los niveles es la confianza. Suena extraño hablar de este valor cuando se pide cada vez más control sobre lo que se gasta o sobre lo que se hace. Pero una de las paradojas de la educación es que sin confianza no hay buena educación.

Los buenos resultados son el producto de la confianza en lo que los estudiantes son capaces de alcanzar, confianza en el criterio y labor de los docentes, confianza en los padres de familia y confianza en el liderazgo.

El autor es asesor del Ministerio de Educación en el área de investigación educativa.

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