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Actualizado el 01 de marzo de 2016 a las 12:00 am

Ha habido contradiccionesen las decisionesdel Ejecutivo

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Yo tomé la decisión de ejercer mi derecho al sufragio por una propuesta de cambio que parecía honesta y coherente con la realidad nacional.

La propuesta me resultaba a todas luces necesaria y fundamental para los intereses patrios. Si agregábamos a esta un elemento nuevo y diferenciador, como lo era que provenía de una persona que hasta ese momento era totalmente desconocida en el campo político, como don Luis Guillermo Solís Rivera, pensé que dicho candidato era la opción que requeríamos, en vista de que era muy probable que no tuviera el gen político que tanto daño le causa a nuestro amado país.

Y fue así, máxime cuando escuchábamos al hoy mandatario decir en su discurso que “la decepción de muchos costarricenses con sus gobernantes, con la política tradicional y sus estratagemas se ha traducido en una resonante demanda de cambio, en una poderosa marejada que ha barrido a las viejas formas de administrar el poder”.

Fue en virtud de ese discurso y de mi idealismo social que, una vez asumió el cargo de presidente, cometí el peor y más grande yerro en mi apreciación presidencial: le envié una carta, donde le felicitaba por su reciente logro y lo instaba a seguir adelante con su propuesta de cambio, transparencia y rendición de cuentas.

Incluso, cometí la ligereza de compararlo con la persona más honesta y transparente que he conocido en toda mi vida. Y cuando digo esto, me estoy refiriendo a mi padre, quien fue la persona que me inculcó e hizo que la honestidad y buen nombre fueran no solo principios, sino una forma de vida.

En su gobierno, Solís ha cometido los mismos errores que los más “célebres políticos” nacionales; incluso a tan solo una año y resto de su mandato, el 60% de la ciudadanía califica de mala o muy mala su labor, como se desprende de una encuesta realizada por el Centro de Investigación en Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), para el Semanario Universidad.

Ha habido contradicciones en las decisiones del Ejecutivo, tales como los amiguismos de siempre y los nombramientos políticos para los colaboradores de la campaña electoral, los sistemáticos desaciertos del entonces ministro de la Presidencia (Melvin Jiménez), del viceministro de la Presidencia, quien ofreció embajadas, o el caso del FIA.

Como si fuera poco, la presidencia siempre ha defendido a capa y espada la mala gestión de dichos funcionarios.

Lo anterior evidencia falta de claridad y transparencia y un ayuno indiscutible en el norte del gobierno.

Esto me obliga a tener que corregir el yerro y la ligereza cometida, ofrecer una disculpa póstuma a mi padre, pues sigue siendo él quien me inspira para seguir idealizando una sociedad más justa, honesta, solidaria y transparente.

El autor es abogado.

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