15 septiembre, 2014

“Yo creo que el siglo XXI será el siglo de la complejidad”, dice Stephen Hawking.

Siempre hemos sabido que cometer errores es algo humano, pero esto no debe ser una excusa para errores que pueden prevenirse, particularmente en la época en que estamos viviendo, donde todo, absolutamente todo, se ha vuelto más complejo, como señalaba Warren Weaver desde 1948, y, por otro lado, nunca ha sido más cierto el principio de incertidumbre anotado en la historia de las ideas por Werner Heisenberg. En estas circunstancias, el error está siempre al acecho, pero la posibilidad de prevenirlo o controlarlo, también.

Indispensable. Por consiguiente, y toda vez que es necesario manejar inmensas cantidades de datos en prácticamente todas las actividades de importancia, el mundo digital se hizo indispensable y, para situaciones más rutinarias, se generalizaron los protocolos de trabajo y las check list.

Con la práctica de la medicina puede ilustrarse perfectamente la importancia actual de la aplicación de estos instrumentos, porque incesantemente se toman decisiones en condiciones de incertidumbre, y se trata, mediante diversos mecanismos, de minimizar las posibilidades de cometer errores. Así se ha hecho para controlar las infecciones intrahospitalarias y otros accidentes nosocomiales.

No obstante lo anterior, en los Estados Unidos de América, el país que tiene los centros médicos más avanzados del mundo y donde el tema de la seguridad de los pacientes, tanto ambulatorios como hospitalizados, es una obsesión desde hace muchas décadas, fallecen anualmente alrededor de 45.000 pacientes como resultado de errores. Al admitirse en sus hospitales a unos 34 millones de personas cada año, el porcentaje de fallecidos es, aproximadamente, de 0,13%, y alrededor de un 2% sufre otras adversidades, todo lo cual se traduce en costos adicionales por varios miles de millones de dólares. En Costa Rica no se dispone de esta información, pero sería de gran importancia obtenerla.

Medidas de seguridad. Lo primero que debemos concluir es que una hospitalización siempre encierra la posibilidad de que suceda un evento adverso, aun cuando el porcentaje de estos sea reducido, y, en segundo lugar, que es absolutamente obligatorio establecer todas aquellas medidas de seguridad que protejan a los enfermos, y eviten complicaciones y muertes prevenibles. Una de estas medidas es reportar todo evento adverso o accidente y, todas las semanas, reunirse para analizar las causas y aprender a conjurarlas, porque no puede uno imaginar tragedia mayor que la de entrar a un hospital para curarse y salir discapacitado o fallecido.

El tema es delicado y bastante complejo, ya que comprende aspectos estructurales, jurídicos, de ejercicio en equipo de diferentes profesionales, financieros y de cultura institucional y educación general, pero puede aprenderse mucho de los sistemas de prevención de accidentes del trabajo y de aquellos sistemas desarrollados para evitar accidentes de aviación, entre otros.

Prevención de accidentes. Prácticamente en todos los países, la adopción de múltiples medidas de prevención de accidentes del trabajo ha reducido estos eventos en más del 50% durante las últimas décadas, y, después de la Segunda Guerra Mundial, creció enormemente el interés por la prevención de accidentes de aviación, lo cual hizo posible una espectacular disminución de estos, al grado que en Norteamérica se presentan años con cero accidentes. En estos casos se ha comprobado que el error humano casi siempre está unido a defectos en los sistemas de trabajo institucional, que se crearon en el siglo XX y no son adecuados para atender los problemas del siglo XXI.

No debemos olvidar que estamos viviendo en el siglo de la complejidad, pero también de la seguridad, incluyendo prioritariamente la de los enfermos.

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