El país está a las puertas de dejar atrás el miedo y la vergüenza para hablar de un tema necesario

 12 octubre

A partir del próximo año lectivo, el Ministerio de Educación Pública (MEP) impartirá el curso de Afectividad y Sexualidad Integral. Ante este hecho, varios grupos religiosos se han pronunciado. Posiblemente, muchos padres se encuentren, todavía, decidiendo entre permitir o prohibir que su hijo reciba las clases.

En un país donde la mayoría de las personas siguen prácticas religiosas tradicionales, que han impuesto una forma única de pensar promoviendo el silencio, el miedo y el desconocimiento del propio cuerpo, se ha atrasado la puesta en práctica de programas educativos de este tipo, pero los mensajes con cierto contenido sexual machista más bien inundan el diario vivir.

Algo está claro, muchas personas inician su vida sexual de forma temprana. En el 2015, la Segunda Encuesta Nacional de Salud Sexual y Salud Reproductiva demostró que a los 18 años de edad, la mitad de las mujeres y dos tercios de los hombres costarricenses han tenido relaciones sexuales. Además, la mitad de las mujeres no deseaba su último embarazo. ¿Por qué no conversar los temas necesarios antes o durante el inicio de la vida sexual activa? No existe razón alguna para promocionar la ignorancia. Los cursos no son una imposición para promover el libertinaje; son una acción necesaria para la vivencia de la afectividad y la sexualidad de forma placentera, responsable y libre de violencia.

Enseñanza. Aunque muchos grupos religiosos presionen para evitar que se impartan estos cursos, la sexualidad es una característica humana, y como nadie nace aprendido, puede ser enseñada para vivirse de forma más plena y responsable.

Por muchos años, bajo presiones religiosas, han tenido lugar prácticas poco positivas como el silencio y la instauración del miedo sobre la sexualidad. Un comunicado del 2012 de la Conferencia Episcopal de Costa Rica indicaba que los programas de educación sexual son gravemente dañinos para los adolescentes.

Los datos hablan solos, el silencio, la desinformación y el miedo lo que han producido son embarazos no deseados y prácticas sexuales violentas.

¿Cómo no se cuidaron, ahora que existe de todo? Esos son los comentarios que se escuchan cuando alguien se entera de que una joven ha quedado embarazada. Pero yo me pregunto: ¿Alguien le habrá hablado de sexualidad? ¿Quién y qué le habrá dicho? Donde existe ignorancia abundan las ideas irracionales.

Los padres que no apoyen la educación sexual posiblemente estén negando el acceso a un espacio abierto y de confianza donde el adolescente puede asistir para expresar sus dudas y conocer sobre su sexualidad.

Discursos cargados de mitos. Parece un chiste, pero no lo es, que no sea hasta en el año 2018 que en Costa Rica se empiece, formalmente por medio de una asignatura, a hablar de sexo en los colegios. Es decir, desde la fundación del país se ha dejado que organizaciones como la Iglesia y amistades sean los que eduquen en temas de afectividad y sexualidad, propiciando la reproducción de discursos cargados de mitos y desconocimiento.

La sexualidad está presente en la vida de los adolescentes, desde conversaciones de pasillo, anuncios en el televisor, videojuegos, páginas pornográficas, mensajes eróticos, cambios físicos, etc. A la población joven no se le puede tapar los ojos y oídos para que no vean ni escuchen estos mensajes.

Existe evidencia sobre la necesidad de educación sexual, existe voluntad política desde el Gobierno Central por atender el tema y se está capacitando y contratando profesionales para dirigir los procesos educativos en materia sexual.

El país está a las puertas de dejar atrás el miedo y la vergüenza para, de una vez por todas, atender esta área. No se les debe limitar la posibilidad de conocimiento a los estudiantes, como indica Terry Brachet, escritor británico, “dicen que un poco de conocimiento es peligroso, pero no tanto como mucha ignorancia”.

El autor es psicólogo.