Opinión

Para enfrentar el dengue hace falta la vitamina OO

Actualizado el 05 de agosto de 2013 a las 12:01 am

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La estrategia contra el dengue lamentablemente ha sido incompleta y, por eso, no ha tenido el éxito esperado. Se ha partido del supuesto de que la gente, si está informada sobre el origen de la enfermedad y los sitios donde se incuba el mosquito que la transmite, va a actuar eliminándolos y, de esta forma, se eliminará el peligro.

Esta estrategia tiene dos omisiones importantes: a) Carece de una acción agresiva en el ámbito municipal, ya que los mosquitos se incuban también en las aguas sucias estancadas de los caños municipales. La superficie que estos abarcan puede ser tanto o más importante que los recipientes y llantas en los lotes privados; y b) Se parte del supuesto de que los seres humanos somos individuos racionales y no seres gregarios que actuamos por acciones y emociones colectivas.

Se pone, entonces, todo el esfuerzo en dar información para que actuemos como piezas disciplinadas de una máquina que recibe instrucciones y debe actuar de conformidad. Se deja de lado el hecho de que no se trata de funcionarios, sino de personas no articuladas orgánicamente que actuamos cuando sentimos la necesidad, pero también cuando hay una alternativa organizacional que la hace viable. O sea, cuando estamos organizados para atender el problema.

Hospital sin paredes. Lo que hace falta es vitamina doble O, donde la primera O es “organización” y la segunda O es su apellido: “Ortiz”. Es decir, la organización comunal que el Dr. Ortiz Guier promovió exitosamente con el “hospital sin paredes”. Cuando el Dr. Ortiz asumió la dirección del Hospital de San Ramón, la mortalidad materno-infantil y las enfermedades infecto-contagiosas abundaban en la región. La gente pensaba que esas muertes de niños y madres eran “naturales”, algo así como rayos que caían del cielo y que no se podían evitar. El Dr. Ortiz no se contentó con explicarles a las comunidades que eso no debería ser así, y dejarlos para ver si tomaban conciencia y actuaban individualmente. Él entendía muy bien el carácter social de los seres humanos y les marcó el camino para superarlo a través de la organización comunal con alfabetización sanitaria.

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La experiencia del hospital sin paredes es una de las mejores prácticas de la medicina costarricense, pero no se ha aprendido de ella lo esencial, que es la organización y participación de las comunidades en la política preventiva, cosa que permitiría enfrentar con éxito la epidemia de dengue. Aunque en la reforma del sector salud se menciona la importancia de dicha organización, esto no se ha logrado en la práctica. Los llamados Ebáis son apenas una aproximación, muy lejana al hospital sin paredes. Si bien logran desconcentrar la acción institucional, no la descentralizan y, lo más importante, no logran involucrar a la comunidad en su diagnóstico ni en las soluciones.

Colaboración y diagnóstico. Se argumenta que, como ahora las comunidades pagan seguro, cosa que no era así en la época del Dr. Ortiz, exigen servicios y se niegan a colaborar. Por colaboración entienden estos galenos que las comunidades hagan lo que ellos indican, pues, después de siete años de estudio, ellos son la autoridad. Se les olvida que el hospital sin paredes realizaba en cada una de las comunidades un diagnóstico, con la participación activa del comité de salud, y que de este diagnóstico se derivaban tareas para la comunidad y para el equipo médico. El resultado era una acción institucional ampliada por la organización y participación de la comunidad, de resultados trascendentes y baratos.

¿Se puede hacer esto ahora? Sí se puede, pero hay que recuperar la experiencia del hospital sin paredes y del valioso personal que se formó en este proceso ejemplar, al cual, por suerte, todavía se puede recurrir. Es preciso pensar en una maratón nacional contra el dengue, que involucre a las comunidades, a fin de trascender a los actuales Ebáis, y para que sirva de base para recuperar, a medio plazo, los comités de salud.

Hay que plantearse la meta de volver al modelo original, en el que la salud era una tarea de todos: médicos y comunidad, unidos por la salud. Pero no hay que pensar en que esto es complicado ni en un derrotismo de que ahora no se puede hacer. Aunque las condiciones cambian, los seres humanos siguen siendo los mismos, solo que no hay que tratar a los adultos como niños. Las premisas epistemológicas y metodológicas de la andragogía (educación de adultos) que subyacen en este método se han venido desarrollando y consolidando en otros campos como el de la generación de ingresos y empleo, y, en nuestro país, existen capacidades formadas en este campo.

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