Por: Armando Mayorga 11 octubre

Pantallazos de correos y de WhatsApp confirman una sospecha: Juan Carlos Bolaños no estaba solo en la importación de cemento chino.

No era un empresario cualquiera, de esos que deben pelear en solitario contra la burocracia y el papeleo.

Las pruebas que entregó el destituido director de Aduanas, Benito Coghi, hacen ver que tuvo padrinos.

La Casa Presidencial no tiene quite. En su nombre, el trámite para el desalmacenaje de 20.000 toneladas de cemento, que Aduanas se negaba a permitir, contó con celeridad porque el viceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, se metió de pies y cabeza, hasta lograrlo, invocando a “Zapote”.

El correo que Rodríguez envió a Coghi el sábado 23 de julio del 2016, retrata cómo terció hasta en fin de semana. “Hagamos un esfuerzo para que esto (desalmacenaje) salga el martes, el Big Chief (a quien luego identificó como el presidente Luis Guillermo Solís) está a la espera de que se aclare el tema”.

Resuelto el desalmacenaje, Rodríguez mandó otro WhatsApp: “Te anotaste un punto a favor en Zapote, era importante. Pasale el mensaje a Víctor (Morales, diputado más cercano a Solís) para que esté enterado”.

Ese texto da pena. Da luz sobre cómo un viceministro cree que es vital anotarse puntos en trámites que le interesan a la Presidencia.

La lógica que maneja Rodríguez plasma otra cruda realidad, y es que en Aduanas, donde se presume que se resuelve con criterio técnico, pesa la influencia política.

También sorprende, y para mal, que el viceministro llevara a Coghi hasta el despacho de Morales para, prácticamente, darle cuentas de cómo iba el desalmacenaje del cemento de un particular.

Esta práctica es incorrecta. Por eso, no se justifica que Rodríguez siga en su puesto. Su mediación en un permiso de importación no se ajusta al buen proceder. Si siempre creyó que la orden venía de Zapote, como supuestamente le dijo Morales, debió consultar o comprometer por escrito a cualquier “Big” de allí. Si lo dejaron solo ahora en su decir, lamentablemente, debe irse por confiarse tanto.

Lo ocurrido en este ir y venir de mensajes no debe tener cabida en Aduanas y, menos, en el Gobierno.

El autor es jefe de redacción en La Nación.