Debemos tomar conciencia de que la sostenibilidad es la base del desarrollo

 17 octubre

En un artículo anterior, comenté sobre la necesidad de crear una nueva economía que promueva el desarrollo sin entrar en conflicto con la ecología; es decir, sin degradar o destruir el medioambiente ( La Nación, “La nueva ecoeconomía” 1/7/2016).

Desarrollo sostenible es aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las de las futuras generaciones. Hoy, el asunto cobra relevancia a raíz de los severos daños producidos por las recientes tormentas que azotaron al país, con efectos incrementados por el mal tratamiento de los deshechos, el uso inapropiado de los suelos y una infraestructura endeble.

Sería recomendable, de ahora en adelante, redefinir los criterios tradicionalmente utilizados para medir el desempeño de las organizaciones empresariales, incorporando el elemento ecológico. El éxito de una empresa se mediría en tres dimensiones: económica, social y ambiental, las que serían evaluadas por los mercados (inversionistas), consumidores y gobiernos.

Asimismo, los estudios de rentabilidad y la incidencia social de las empresas habrán de ser articulados con análisis de las repercusiones que tiene su actividad productiva en el uso de recursos y la generación de emisiones y residuos que riñen con el ambiente (huella ecológica).

¿Cómo convencer a los empresarios? La sostenibilidad del desarrollo tiene que ser vista como un negocio: debe crear valor económico a corto y largo plazo. Sobre todo, debe ser rentable para asegurar que el compromiso de las empresas forme parte de sus planes estratégicos –lo que no es rentable no es sostenible y no habrá rentabilidad si no hay sostenibilidad–.

Prácticamente no queda otra opción: cuidar el medioambiente no solo es un acto de responsabilidad, sino que, además, constituye un factor crítico de éxito que potencia posibilidades y oportunidades comerciales, muchas inexistentes en el presente.

La “sostenibilidad” de los negocios se basaría en una reducción de costos que permitiría a los empresarios ofrecer a sus clientes productos en armonía con el ambiente a precios más bajos sin perder márgenes de ganancia; es un asunto de eficiencia, mercado y competitividad. Debemos tomar conciencia de que la sostenibilidad es la base del desarrollo actual y futuro; no tenerla en cuenta equivale a quedar atrapados en el pasado.

Con este cambio de mentalidad, el ciudadano será más crítico con las empresas que no practiquen la cultura de la sostenibilidad y menos tolerante con las que dañan el ambiente.

Consumo energético. El desarrollo de los países implica un incremento enorme y continuo en la demanda de energía. De tal forma, el progreso deberá prescindir cada vez más del uso del petróleo y sus derivados, del carbón y otras fuentes de recursos no renovables, que contaminan el ambiente al emitir gases de efecto invernadero.

A Costa Rica, que no es productora de petróleo, le sería relativamente más rápido, fácil y conveniente prescindir de este tipo de energía y sustituirla (en un mix idóneo) por energías renovables como la solar, la eólica, la geotérmica y la biomasa, que serán los pilares futuros para un crecimiento sostenible.

Edificios sostenibles. Será necesario hacer los esfuerzos mencionados en la construcción (remodelación) de viviendas y edificios. Entre otros, inmuebles que tengan paneles solares incorporados en las láminas del techo; sistemas eólicos, recolectores de agua de lluvia para uso en regadíos, lavado y servicios sanitarios; biodigestores para producir gas; ventanales que permitan regular más eficientemente la temperatura y entrada de la luz; accesorios para el tratamiento de aguas y desechos contaminantes, y huertas orgánicas e hidropónicas para la producción de hortalizas.

Formación profesional en sostenibilidad. Las futuras generaciones deben crecer siendo conscientes de la importancia de gestionar el uso amigo-ambiental de los recursos y conocer la forma de lograr un uso eficiente de la energía. Esto debiera impulsarse a través de centros de enseñanza de educación media y superior, institutos de formación profesional, cámaras y organizaciones empresariales, programas en radio y televisión, así como la organización de competencias con premios a innovadores de proyectos que utilicen procedimientos de sostenibilidad ambiental.

Todos somos responsables de nuestro entorno y, por tanto, debemos ser sensibles y conscientes en materia de sostenibilidad.

El autor es economista.