Opinión

¿ Déjà vu en 1978?

Actualizado el 18 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Las actuales conversaciones entre opositores al PLN recuerdan el año 1977

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Liberación Nacional (PLN) lleva ocho años en el Gobierno; la oposición al PLN está fragmentada y a menos que se una, difícilmente podrá ganar en las próximas elecciones. En la oposición hay gran diversidad de partidos e ideologías –muchas de ellas contrapuestas–, y casi que su único común denominador es ser contrarias al PLN. Esta oposición busca escoger un líder que le gane al PLN. ¿Panorama político actual? Sí, pero también ese era el panorama a finales de 1976.

En estas circunstancias, el 13 de marzo de 1977 la oposición al PLN celebró sus elecciones primarias con don Rodrigo Carazo y mi tío Miguel Barzuna como precandidatos. Esa “convención” se realizó en 25 cantones, simultáneamente con la del PLN –entre don Luis Alberto Monge y don Hernán Garrón– y la ganó don Rodrigo Carazo, quien después enfrentó a don Luis Alberto Monge y le ganó en febrero de 1978. Las circunstancias de principios de 1977 son muy similares a las actuales y hasta son familiares a don Luis Alberto y don Johnny.

Don Rodrigo Carazo asumió el poder con un equipo de esa amalgama antiliberacionista, con destacados empresarios, profesionales y académicos –como don Fernando Ortuño, doña Estela Quesada, don Richard Beck, don Hernán Fonseca, don Willy González y muchos otros– a quienes movía un real deseo de hacer las cosas mejor e ir frenando al Estado empresario que el PLN formó entre 1970 y 1978 con Codesa. Muchos de esos colaboradores iniciales con el gobierno de Carazo no necesariamente comulgaban con la visión del presidente, pero, creo, tenían puntos de contacto con él, lo suficientemente importantes como para obviar las diferencias y “apuntarse” a la misión de administrar el país.

Sin embargo, al cabo de un par de años, ese grupo variopinto poco a poco se fue desmantelando, principalmente por la salida de quienes no estaban de acuerdo con la visión, ideología o forma de hacer las cosas del presidente (y eso es lo lógico, no es una crítica) y así, lo que comenzó como un gobierno de coalición, hacia el final era prácticamente solo de caracistas. Siempre cabrá la discusión con respecto a ese gobierno  –como a todos– de si hizo bien o mal las cosas, pero ese no es el punto; el punto es que, aunque una coalición multicolor gane las elecciones, el Gobierno será del color que le ponga el presidente, y al que no le guste se puede ir para su casa, aunque haya sido “pelota” en el proceso electoral. Pensar lo contrario es pura inocencia.

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Las actuales conversaciones entre opositores al PLN recuerdan a 1977: comprometer a varios grupos contrarios al PLN a que apoyen a un único candidato –sea cual sea su ideología y su visión para ejecutarla– y la promesa de un Gobierno de coalición y armonía multipartita. Muy bonito, muy loable, pero a mí me vence el escepticismo y más bien me infunde temor el ver grupos tan distintos en esa brega, pues creo que me terminarán pidiendo el voto para gente en la que no creo y cuyo discurso repelo. Creo que, sea quien sea el líder de la oposición al PLN –llámese Ottón, Otto, Epsy, Rodolfo o quien sea–, si llega a la presidencia, dirigirá su gobierno conforme a sus ideas y métodos, aunque “digan misa” y hagan berrinche quienes les acompañaron en el proceso electoral.

Una coalición solo puede mantenerse unida después de las elecciones si es conformada por grupos con afinidad ideológica y no simplemente puntos de contacto electoreros o discursos tan generales, abstractos y loables que son comunes a todo mundo (“eliminar la corrupción”, “abrir el diálogo”, “reducir la brecha social”, “crear más oportunidades”, “fortalecer la institucionalidad”, “rescatar a la CCSS”).

Una coalición derecha-izquierda que diga que va a gobernar en el centro y ponga un candidato de derecha que gane, va a terminar gobernando a la derecha y viceversa, y, en cualquier caso, el resultado será un Gobierno diezmado con muchos más enemigos que amigos y una consecuente discapacidad para gobernar. En ese escenario, la medicina será peor que la enfermedad, y no está el país para tal aventura. Entonces, sí a una coalición que represente una alternativa al PLN, pero no gracias a arrejuntados pegados con saliva.

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