Opinión

¿Cómo se elige un magistrado?

Actualizado el 02 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Tal parece que nos resulta sospechoso cualquier intento de transparencia...

Opinión

¿Cómo se elige un magistrado?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En mayor o menor medida, todos sabemos que quienes resulten electos para los cargos de presidente y diputados dependen de los votos (razonados o no) que emitimos cada cuatro años. Pero en el caso de los magistrados, los ciudadanos “de a pie” nada tenemos que decir... ¿o sí?

A los magistrados –en sana teoría– los nombran los diputados y hace unos cuantos meses brincó medio país cuando declinaron mantener en su cargo a Fernando Cruz bajo la excusa de que el Poder Judicial no se alineaba a lo que otros querían orquestar. Entonces pedimos transparencia, exigimos razones válidas y nos rasgamos las vestiduras.

Pero resulta que durante varios años muchos magistrados y magistradas han resultado reelegidos simplemente porque las señoras y los señores diputados están ocupados en otras cosas y se vence el plazo que tienen para votar, por lo que quedan confirmados de forma automática, sin que nadie se pregunte si lo merecen o no. Pero de tales sutilezas ni la prensa ni el pueblo se han preocupado.

Por otro lado, los cargos de presidente de cada Sala y de la Corte, lo eligen entre los mismos magistrados. Pero hace pocos días el presidente saliente de la Sala Tercera, José Manuel Arroyo, tuvo la osadía de decir públicamente que le interesaba mantenerse en el cargo y a partir de eso fue víctima de un ataque mediático inspirado por algunas personas anónimas. Tal parece que nos resulta sospechoso cualquier intento de transparencia.

El magistrado Arroyo manifestó en aquel momento que los costarricenses tenemos derecho a conocer las razones que se tienen para que una persona pueda ser elegida a un cargo público de importancia, sin embargo, luego de la votación a puerta cerrada de la Sala Tercera, lo que se nos dice es que las razones por las cuales se eligió a su próximo presidente no serán de conocimiento público. Es decir, que nunca sabremos si lo eligieron por sus méritos, porque se lo jugaron a escudo o corona, o porque es más importante el populismo que la verdad probada.

Nos queda ahora una última elección y en definitiva no es la menos importante: la de la presidencia de la Corte Plena. Por múltiples medios, nos hemos enterado de que hubo varias intenciones de que la elección, si bien depende de los integrantes de la Corte, fuera lo más transparente posible, con debate y exposición pública de ideas. Pero poco a poco lo que fue un acuerdo manifiesto, se fue desvaneciendo entre dudas incontestadas. Se postergaron fechas, se cambió la metodología y en las calles se sospecha que en todo esto hay gato (o elefante) encerrado para sacar del camino a votantes y candidatos, por los medios que sean necesarios. ¿Qué tanta verdad habrá en esto? Si la Corte Plena sigue el ejemplo de la Sala Tercera, jamás lo sabremos.

  • Comparta este artículo
Opinión

¿Cómo se elige un magistrado?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota