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La elección salvadoreña

Actualizado el 13 de marzo de 2009 a las 12:00 am

 La amenaza a los logros alcanzados en El Salvador yace en el FMLN

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El próximo domingo los salvadoreños irán a las urnas en una elección presidencial que podría cambiar drásticamente el rumbo de democracia y apertura económica en el que se ha embarcado ese país desde el fin de su guerra civil. Dicho retroceso sería lamentable.

A partir del proceso de paz de 1992, El Salvador ha transformado su economía gracias a la implementación de extensos procesos de liberalización que incluyeron la privatización de empresas estatales, la apertura comercial y financiera, la privatización del sistema de pensiones y la adopción del dólar estadounidense como moneda oficial. Según el Informe sobre la libertad económica en el mundo, del Fraser Institute, El Salvador se encuentra entre las 25 economías más libres del planeta.

Efectos de apertura económica. Los resultados son evidentes: entre 1991 y el 2007, el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza cayó del 60% al 34,6%. La pobreza extrema se redujo en casi 18 puntos porcentuales durante el mismo período. A una década de la implementación de las primeras medidas económicas, la matrícula neta en la educación primaria aumentó aproximadamente en 10 puntos porcentuales, la mortalidad infantil disminuyó en un 40% y la población sin acceso al agua potable fue reducida exactamente a la mitad.

Aun así, algunos críticos cuestionan la efectividad de las reformas al señalar los bajos niveles de ingreso y las tasas de crecimiento mediocres de El Salvador. Argumentan que las mejoras en los indicadores sociales del país son el resultado de los cientos de millones de dólares que los salvadoreños reciben en remesas cada año. Sin embargo, hay suficiente evidencia que indica que las cuentas nacionales subestiman el desempeño de la economía, en gran medida debido a que el sector de servicios –un área en la que El Salvador es líder en Centroamérica– está significativamente subvaluado en el cálculo del PIB. La economía salvadoreña es probablemente un 30% más grande de lo que indican las cuentas nacionales, y la tasa de crecimiento per cápita desde 1992 ha promediado aproximadamente un 5,2% al año, una cifra considerablemente más alta que el cálculo oficial del 1.9%.

La amenaza a dichos logros yace en el otrora movimiento guerrillero marxista FMLN, el cual es ahora el principal partido de oposición. En lugar de adoptar una agenda de centro-izquierda moderna similar a la Concertación Nacional que gobierna Chile, el FMLN ha decidido mantener su discurso de izquierda radical. A pesar de haber nominado en Mauricio Funes a un candidato presidencial popular y en teoría moderado, las autoridades de alto rango del FMLN continúan manifestando claramente sus intenciones de deshacer las reformas de mercado e imitar a la revolución socialista de Hugo Chávez en Venezuela.

Popularidad de FMLN. Hay varias razones por las que el FMLN lidera las encuestas, a pesar de los logros que se han dado en la última década y media. Primero, bajo la presidencia de Antonio Saca, el gobernante partido ARENA perdió el ímpetu reformista que lo caracterizó desde 1989. Esto le ha reducido impacto a los avances económicos y sociales. Peor aún, el candidato presidencial oficialista, Rodrigo Ávila, ha adoptado una retórica populista que se encuentra en conflicto con las reformas de mercado.

Sin embargo, tal vez la principal fuente de descontento popular en contra de ARENA es el clima de violencia que azota al país. Con una tasa de 60,7 homicidios por cada 100.000 habitantes en el 2007, El Salvador es el país más violento del mundo. Esta ausencia de seguridad básica impone enormes costos sobre la economía salvadoreña y afecta seriamente la calidad de vida. De acuerdo a un estudio realizado por el Consejo de Seguridad Pública de El Salvador, la violencia le costó al país $2.000 millones en el 2006 cerca del 11 por ciento del PIB.

Otro factor que contribuye a la popularidad del FMLN es que un tercio de la población adulta salvadoreña tiene menos de 30 años. Estos son electores que no recuerdan, o tienen memorias muy distantes, lo que era su país hace 15 años. No es mera coincidencia que el respaldo al FMLN sea particularmente fuerte entre la población más joven. Me dijo un colega en una visita a San Salvador el año pasado: “Es cierto, los jóvenes de hoy tienen problemas para pagar el celular, la gasolina del carro y la matrícula de la universidad. Lo que no recuerdan es que hace 15 años sus padres no tenían teléfono ni carros, vivían en casas de cartón o lata y ni siquiera soñaban con llegar a la universidad”.

Ojalá que las nuevas generaciones salvadoreñas nunca tengan que vivirlo en carne propia y que además llegue el día en que no haya tanto en juego en una elección en dicho país.

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