Opinión

Una elección intrascendente

Actualizado el 08 de abril de 2015 a las 12:00 am

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Una elección intrascendente

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Intrascendente. Así resulta la elección del Directorio de la Asamblea Legislativa, ritual que tiene lugar todos los años, el 1.° de mayo, Día Internacional del Trabajo. Toda una paradoja.

Los rituales han servido a lo largo de la historia para pedirle a un dios mejores cosechas y caza abundante. En este caso, no existe preocupación alguna por el bienestar de la tribu. Como reacción, el pueblo tampoco le presta atención a esa actividad, pues prefiere el descanso, el entretenimiento o asistir a los desfiles de los trabajadores. El ciudadano de a pie no cree que la Asamblea Legislativa le pueda servir de espejo.

En nuestra Asamblea, ese ritual de la elección transcurre en un clima de tensiones, con acuerdos y alianzas pegados con alfileres. Así, con la misma facilidad con que se forman alianzas y se firman acuerdos, también se desconocen compromisos. No son raros lo votos bajo protesta o con el signo de la amenaza. Sin embargo, allí todo cambio es para que las cosas continúen igual.

Se trata de una competencia entre dos o tres aspirantes a la presidencia del Congreso. En esencia, al presidente del Directorio le corresponde coordinar los debates de las sesiones plenarias. Claro, si es que se lo permiten el tema en discusión y los intereses que afecta, además de la actitud dogmática y mesiánica de los diputados que portan dos sombreros: el político y el religioso.

El cuadro lo complementa un reglamento que nadie quiere revisar y que les permite a los diputados presentar 100 o 1.000 mociones para oponerse a determinado proyecto de ley, no importa si su actitud implica la paralización del primer poder de la República. Tanto es así que cuando las mociones son muchas se utiliza un carretillo.

También es cierto que la presidencia confiere una serie de prerrogativas: vehículo para uso discrecional con chofer, una espaciosa oficina dotada de ciertos lujos, además de un respetable número de colaboradores. Al concluir su gestión, su foto será enmarcada y lucirá en una sala creada al efecto.

Además del presidente, el Directorio lo integran un vicepresidente, dos secretarios y dos prosecretarios. En su escogencia participan los 57 diputados. Con la atomización que implica la participación de nueve partidos políticos, los minoritarios se convierten en grandes electores, a cambio de un puesto en el mismo Directorio o en una comisión relevante. Nadie quiere ir a “Siberia”. Así le llaman a la Comisión de Asuntos Jurídicos.

Poder minado. Lamentablemente, por miopía o desinterés de la clase política, la Asamblea Legislativa ha venido perdiendo músculo y dientes. Allí el tiempo transcurre entre la obediencia ciega de la mayoría oficialista y la crítica permanente y destemplada de los opositores. El cuadro resulta patético.

Con harta frecuencia se enfrascan en debates insulsos, baladíes, mientras que algunos proyectos de ley de verdadero interés nacional terminan en el archivo.

El trabajo mancomunado de 57 diputados podría convertirse en una verdadera locomotora, capaz de impulsar el desarrollo de Costa Rica a niveles que ahora resulta difícil imaginarlos. Claro, eso requiere voluntad e inteligencia. Se ha dicho que el país tiene los recursos materiales y, sobre todo el humano, para superar el estado de postración económica y social que sufren amplios sectores de la población. Lamentablemente, la indolencia parece ocupar la curul número 58.

Ese atraso podría explicarse en que la mayoría de los diputados confunde su curul legislativa con una curul municipal. Da la impresión, también, de que ninguno está interesado en hacer historia mediante la aprobación de leyes que favorezcan a las grandes mayorías. Pasar a la posteridad no figura entre sus aspiraciones.

A pesar de la cobertura mediática que aún tiene la elección del Directorio, la impresión es que el común de la gente le asigna poca o ninguna importancia. Ahora las familias viven con dos preocupaciones: si cuentan con trabajo estable, procuran evitar toparse con el hampa o que esta los visite; y si entre los miembros de una familia hay desempleados, el interés tampoco apunta hacia una actividad que tiene lugar entre cuatro paredes y que no conlleva ningún cambio significativo en la vida nacional.

Conviene precisar que el 1.° de mayo es el único día del año en que se permite la celebración de dos sesiones plenarias en el mismo día. En la primera se integra e instala el Directorio, y en la segunda se recibe el informe anual del presidente de la República.

Es la oportunidad para que una mayoría de diputados vista traje de media etiqueta, y también para que la prensa rosa identifique a la diputada más elegante y al diputado más guapo. La verdad: ¡Yo no puedo con tanta corronguera!

El autor es periodista.

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