1 abril, 2014

L a Nación nos compartió, el pasado 2 de marzo, la noticia de que grupos comunitarios, bajo la identidad de Aguas Eternas, ganaron la concesión para el manejo de los servicios básicos del Parque Nacional Chirripó. Un enorme precedente y desafío de cara a la gestión participativa de áreas protegidas pero, sobre todo, una oportunidad para trazar un modelo de desarrollo rural en toda una región.

El logro es resultado del esfuerzo de muchas personas, principalmente de la alianza forjada entre las comunidades presentes alrededor del parque, como San Gerardo y Herradura, y los funcionarios del Área de Conservación Amistad Pacífico (Aclap). Hace 10 años, ambas partes identificaron la necesidad de darse la mano para poder sacar adelante el área protegida, dejando de lado diferencias y construyendo sobre lo que los unía: un genuino compromiso por el Chirripó. El mayor de los reconocimientos y felicitaciones para todos ellos por tan importante logro.

El camino no fue fácil: requirió construir confianza en todos los niveles. Los grupos comunitarios tuvieron que superar dudas entre ellos mismos, inclusive dentro de los miembros de cada grupo. Demandó un proceso de integración que se llevó a cabo con prudencia y respeto, de tal manera que se cultivara autoestima, compromiso y entrega.

Posteriormente, un proceso de construcción y fortalecimiento de capacidades locales, de cara a poder probar que se podía hacer frente al reto. Paralelamente, los funcionarios de Aclap desarrollaron el sentido de humildad, aceptando que solos no podían garantizar la calidad de la gestión del área protegida, y facilitaron condiciones y alianzas para que el proceso avanzara, sin dejar de lado su responsabilidad de exigir cumplimiento de los requerimientos y el mandato que exigen nuestras leyes.

Más importante aún: la consolidación del enfoque se logró gracias a que, desde el inicio, se desarrolló una clara visión común de lo que se quería, girando alrededor del manejo participativo. A pesar de que el recorrido tuvo altos y bajos, diferencias y decepciones, en ningún momento se abandonó la visión trazada. Las partes creyeron con firmeza en el propósito de fondo. Sin duda, seguir creyendo es la mejor garantía para que la concesión sea exitosa y, de esta manera, se alcanzar el mejor resultado, tanto para la conservación de los ecosistemas como para la calidad de la experiencia de los visitantes.

Fuerza comunal. El 12 de febrero, en el artículo “Todo costarricense debe conocer el Chirripó” el señor Ivo Hilje, atinadamente comparte la magia del lugar. El problema es: ¿qué pasaría si vamos todos a conocerlo al mismo tiempo? Probablemente destruiríamos la magia al unísono.

La sobrecarga es el principal reto que Aguas Eternas y el Aclap tendrán que afrontar en su gestión. Sin embargo, este obstáculo puede representar una oportunidad, y que el modelo a implementarse sea punta de lanza de un modelo de desarrollo comunitario a lo largo de la Cordillera de Talamanca, de tal manera que la sobrecarga de visitantes se distribuya a lo largo de muchas otras localidades y los beneficios económicos, sociales, y ambientales se incrementen.

En comunidades como Cedral, Santa María, Tres Colinas, Biolley y más, ubicadas en zonas de amortiguamiento del Parque Chirripó y del Parque Internacional La Amistad que sirven o pueden servir de acceso a sitios con la misma magia de Chirripó, existen grupos con condiciones para tener un rol directo en la gestión de áreas protegidas.

En muchas de estas comunidades, el Aclap ya ha fomentado procesos que han sembrado la semilla para la gestión comunitaria.

Sin duda, una adecuada planificación, con un acompañamiento sólido y constante de recursos técnicos y económicos que fortalezcan construir sobre la visión trazada, permitiría generar las condiciones para que las lecciones y beneficios del Chirripó se extiendan, propiciando el desarrollo rural comunitario en algunas de las zonas con mayores índices de pobreza del país.