14 abril, 2014

Todos los días salen noticias, reportajes o comentarios de cómo los estudiantes del Instituto Tecnológico de Costa Rica ayudan al país, lo representan e innovan para su avance. A pesar de esto, muy poco se habla de la grave situación de hacinamiento y sobrecarga de los servicios de la institución.

Yo tuve la dicha de ver crecer el TEC en estos últimos 7 años. Hoy, casi al final de mi carrera, recuerdo y fui testigo de la creación de nuevos edificios, la remodelación de otros, la creación de nuevas carreras y el debilitamiento de otras. Y, también, debo reconocer que lo vi crecer hasta que no dio más.

Hace apenas 3 años, para comer en el comedor la fila era de 10, máximo 15 min. Ahora las y los estudiantes hacemos hasta 50 minutos de fila para comer y hasta 20 minutos para calentar el almuerzo. O sea, que muchas veces la mayoría del receso se invierte en tratar de almorzar más que efectivamente en hacerlo.

Planificación. Los cursos básicos de Física, Matemática, Dibujo Técnico e Industrial, Principios de programación (elementos de computación), las culturales y deportivas, incluso los cursos formación humanística, hace años que tienen una oferta que no se adapta a la demanda estudiantil. Algunos cursos tienen niveles de repitencia inaceptables y profesores débiles en pedagogía y didáctica.

Crecimiento. El Instituto creció en población y en el número de sus carreras; pero la biblioteca es del mismo tamaño desde hace años; la soda es ligeramente más grande; el número de aulas es prácticamente el mismo y el sistema de transporte colapsó desde hace mucho tiempo.

¿Será que a quienes decidieron abrir más carreras y cupos se les olvidó que los estudiantes comen, estudian en grupo o viajan?

El TEC creció más de lo que el sistema soportaba. Los estudiantes que aguantamos filas de 50 minutos para comer, hacemos cola de media hora (cuando hay suerte) por un cubículo para estudiar en grupo y hacemos también 40 minutos de fila para poder ir sentados en el autobús (si no, viajamos como sardinas).

Se supone que la prioridad del TEC deberían ser sus alumnos; sin embargo, los que sufrimos del crecimiento mal planificado y los que pagamos los platos rotos somos los de siempre: los estudiantes.