Es imposible hacer desaparecer a un movimiento político que nunca se rinde

 22 febrero, 2016

No es aventurado afirmar que el actual ascenso político-electoral del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), reflejado en los resultados de las elecciones presidenciales del 2014 y de las elecciones municipales del 2016, se inscribe en el marco de una tendencia histórica que acompaña al socialcristianismo costarricense desde 1940. ¿Cuál? Su capacidad para reinventarse, reposicionarse y relanzarse después de graves crisis internas. Veamos.

De 1940 a 1947 el socialcristianismo del Partido Republicano Nacional gozó de la hegemonía social y político-electoral, pero esta condición, después de abril de 1948, se trasladó a los grupos vencedores de la guerra civil.

Habiendo perdido la condición de fuerza política principal, sometido a una férrea persecución social y al exilio de sus principales dirigentes, el socialcristianismo puso en práctica, entre los años 1948 y 1962, una táctica de reinserción sociopolítica que culminó con la participación del Partido Republicano Nacional en las elecciones presidenciales de 1962.

Luego de ese año los dirigentes socialcristianos consideraron que el objetivo de la reinserción había sido alcanzado, y que ahora lo que correspondía era buscar el ejercicio del gobierno, y fue esto lo que consiguieron en 1966 al cooperar en la victoria electoral del Partido Unificación Nacional.

La experiencia fue positiva, pero no duró mucho tiempo. Poco después de 1966 el Partido Unificación Nacional entró en una grave crisis interna, se dividió, fue mediatizado por el PLN y perdió casi todo su caudal electoral.

Una obsesión. En tales circunstancias, el reformismo socialcristiano se encontró, otra vez, en crisis interna, y el deseo de alcanzar la hegemonía política se convirtió en una obsesión.

Pasaron 32 años, contados desde 1951, para que el socialcristianismo se situara, por primera vez en su historia, bajo condiciones de disputar en forma permanente el predominio político-electoral a Liberación Nacional, lo que sucedió en diciembre de 1983 cuando se crea el Partido Unidad Social Cristiana.

La década de los ochenta, como antes lo habían sido las décadas de los cincuenta, los sesenta y los setenta, se caracterizó por el predominio socialdemócrata, condición que alcanza su punto más alto de desarrollo durante la primera administración del expresidente Óscar Arias Sánchez, momento en el cual desaparece el Estado empresario –que era una deformación del Estado de bienestar–, se consolida un nuevo modelo de desarrollo –que llega hasta nuestros días– y se lidera la pacificación de Centroamérica. No obstante lo dicho, es de 1983 a 1990 cuando en el interior del PUSC se crean las condiciones para que el socialcristianismo alcance el predominio electoral en la década siguiente y logre una importante influencia en círculos académicos e intelectuales.

El gran salto. De 1990 al 2002 tuvieron lugar cuatro procesos electorales nacionales, de los cuales el PUSC obtuvo la victoria en tres (1990, 1998 y el 2002), y Liberación Nacional en uno (1994), lo que evidenció que la condición hegemónica se había trasladado de la socialdemocracia al socialcristianismo, circunstancia que se extendió por espacio de 14 años. Este era el gran salto cualitativo que el socialcristianismo buscaba desde principios de los años cincuenta del siglo XX, y lo alcanzó a través del PUSC.

Otra vez el precipicio. Hacia finales del 2004, sin embargo, el socialcristianismo ingresó, otra vez, en una crisis partidaria de grandes proporciones, la más profunda y corrosiva a lo largo de su historia, lo que se reflejó en la drástica reducción del caudal electoral, la división interna, la vertiginosa pérdida de influencia político-ideológica y el olvido del planteamiento intelectual y programático que le había servido de fundamento en la década de los noventa.

El descalabro del socialcristianismo se observa con claridad en los magros resultados obtenidos entre los años 2004 y 2010. Una vez más, este movimiento se encontró al borde del precipicio, y de nuevo debió emprender un complejo y accidentado sendero de recuperación.

Es entre los años 2014 y 2016 cuando en las elecciones presidenciales, de diputados y municipales se percibe la tendencia a un nuevo reposicionamiento del socialcristianismo por medio del Partido Unidad Social Cristiana.

En el 2014, esta organización eleva su caudal electoral a un 6% y elige 8 diputados, y en el 2016, una vez conocidos los resultados de las elecciones municipales, recupera presencia político-electoral en todo el territorio nacional.

El PUSC pasó de 9 alcaldías en las elecciones municipales del 2010 a 14 en las del 2016, el porcentaje de votos a su favor creció de un 14,5% (2010) a un 18,4% (2016) y el número de regidores elegidos duplica a los obtenidos hace seis años, logrando representación en 71 ayuntamientos, 21 más que en el 2010. Interesa observar que si a estos resultados se agregan los del Republicano Social Cristiano, es aún más evidente la tendencia al ascenso electoral del socialcristianismo.

Y esto ocurre al mismo tiempo que el PLN padece un declive sistemático de su caudal electoral y de su fortaleza política, el PAC se estanca o retrocede y el Frente Amplio avanza tan poco y con una lentitud tan grande que su movimiento puede calificarse de inercial.

Por otra parte, el fracaso del Movimiento Libertario en las elecciones municipales del 2016, continuación del fracaso sufrido en las elecciones presidenciales del 2014, sugiere la posibilidad de que el segmento electoral de esta agrupación tienda a trasladarse al PUSC y de que algunos de sus dirigentes regresen al socialcristianismo, después de que en el 2014 hicieran una lectura equivocada de la coyuntura electoral.

A la luz de lo dicho, es notoria la tendencia histórica favorable al PUSC y a sus actuales liderazgos. Este partido político se encuentra en una posición que le permite rejuvenecerse y crecer, no solo sumando en el caudal electoral del socialcristianismo, sino también en segmentos poblacionales asociados a otros partidos políticos.

Pero una situación tan positiva no surge por generación espontánea, ni es producto de la manipulación publicitaria, la distribución de cuotas de poder o la maniobra política. El eventual retorno del PUSC, no por cuatro años, sino por cuatro o cinco décadas, para que sea meritorio y trascendental en la historia de Costa Rica, requiere que este partido político eleve sus capacidades intelectuales, se concentre en desarrollar y visibilizar su liderazgo nacional y construya un planteamiento programático centrado en la modernización económica y social, la expansión de los derechos humanos, la profundización de la sociedad secular, la ética política y la ética pública.

En la política, como en la vida personal, rigen dos principios: si no apuntas a las estrellas jamás las alcanzarás; y si quieres innovar –y el PUSC necesita hacerlo como requisito de sobrevivencia– debes obligarte a escribir páginas nuevas, más jóvenes, más serviciales, más profundas y más dignas.

El autor es escritor.