14 julio, 2014

DAVIS, CALIFORNIA – En una carta reciente dirigida al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el director ejecutivo de Cisco Systems, John Chambers, pidió que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) dejara de interceptar los productos de la empresa para instalar dispositivos destinados a espiar a sus clientes extranjeros. Esta es la última de una serie de revelaciones sobre cómo se ha reclutado, voluntaria o involuntariamente, a las compañías de tecnología de la información estadounidenses en la “guerra contra el terrorismo”, revelaciones que amenazan la primacía global del sector de tecnología de la información estadounidense.

Desde que se reveló la magnitud de la intervención de la NSA, los Gobiernos y grandes firmas extranjeras están cuestionando la capacidad de las empresas estadounidenses de tecnología de la información para garantizar la seguridad de sus productos. La posición central de los Estados Unidos en la economía de la información mundial, que parecía segura hace apenas dos años, está ahora en peligro, un hecho que debería generar serias preocupaciones para todo empresario, ejecutivo, empleado e inversionista de riesgo de la industria estadounidense.

Esta situación resulta bastante irónica. Después de todo, el liderazgo global de los Estados Unidos en materia de tecnología de la información se origina directamente en sus estructuras de seguridad nacional. Después de la Segunda Guerra Mundial, y especialmente después del lanzamiento del satélite Sputnik de la Unión Soviética en 1957, los Estados Unidos hicieron grandes inversiones en ingeniería eléctrica y, posteriormente, en ciencias de la computación.

La contratación con reembolso de costos permitió que las que eran entonces pequeñas empresas de tecnología como Hewlett-Packard y Fairchild Semiconductor cargaran al Departamento de Defensa el precio de la investigación y el desarrollo que ninguna podía pagar por sí sola. Esto permitió que esas empresas crearan productos de tecnología que, con el tiempo, dieron lugar a mercados y sectores económicos totalmente nuevos.

El Gobierno de los Estados Unidos también hizo inversiones masivas y continuas en las investigaciones universitarias, lo que fortaleció la oferta nacional de ingenieros y científicos. Estas personas altamente calificadas crearon incontables tecnologías nuevas, como las gráficas computacionales, los semiconductores, equipos para redes, software innovador y la propia Internet.

De hecho, actualmente el Gobierno de los Estados Unidos sigue dando apoyo vital a las investigaciones científicas y de ingeniería. En el 2012, el Departamento de Defensa invirtió $1.300 millones nada más en ingeniería eléctrica y ciencias computacionales, mientras que la Fundación Nacional para la Ciencias invirtió $900 millones adicionales. Las fuerzas armadas estadounidenses han proporcionado un financiamiento particularmente importante a los investigadores universitarios dedicados a la seguridad y el cifrado cibernético.

Puesto que tantos de los principales empresarios, ejecutivos e investigadores estadounidenses han recibido apoyo del Departamento de Defensa, no debe sorprender que los fundadores y ejecutivos de Google, por ejemplo, hayan intercambiado correos electrónicos amigables con funcionarios de la NSA. Los contactos profesionales y personales hicieron relativamente fácil reclutar a los líderes corporativos para la guerra contra el terrorismo. Aparentemente, pocos consideraron las consecuencias potenciales de su participación.

Es notable la longevidad y profundidad de la relación resultante entre Silicon Valley y Washington, DC. Por ejemplo, se dice que Oracle, el gigante del software para bases de datos tiene vínculos estrechos con la CIA. De manera similar, la empresa Keyhole, Inc., financiada en parte por la CIA, formó parte de las adquisiciones que dieron lugar a Google Maps. La empresa de capital de riesgo de la CIA en Silicon Valley, In-Q-Tel, tiene por objetivo asegurar que los intereses de las estructuras de seguridad nacional de los Estados Unidos se implanten en las compañías nuevas de tecnología.

La consecuencia de estos vínculos es que la industria de tecnología de la información estadounidense se ha convertido en un agente del Estado de seguridad nacional. Eso socava la confianza de los consumidores en la disposición o capacidad de las empresas para garantizar su privacidad, y dificulta que estas pongan objeciones morales cuando, por ejemplo, China restringe sus operaciones en su territorio.

Puesto que el sector de la tecnología de la información estadounidense lleva una ventaja tan grande a nivel global, el impacto de estas percepciones seguirá siendo principalmente local a corto plazo. No obstante, a medida que las empresas europeas y asiáticas recuperen terreno, la ventaja de los Estados Unidos se deteriorará gradualmente.

Los clientes extranjeros ya están buscando alternativas en industrias existentes y emergentes. Por ejemplo, Cisco está sufriendo una desaceleración en la región Asia-Pacífico, donde su principal competidora, la empresa alemana SAP, está prosperando. La competencia de Huawei a la que se enfrenta Cisco en China es lo que probablemente provocó la reciente petición de Chambers a Obama. En uno de los campos más nuevos de la tecnología de la información, la computación en la nube, donde las empresas estadounidenses son pioneras, las compañías e inversionistas de muchos países están buscando crear alternativas no estadounidenses.

Prevenir esta amenaza autoinfligida al predominio estadounidense en la tecnología de la información requerirá acciones decisivas de los líderes políticos del país, que son los responsables de esta peligrosa tendencia. En primer lugar, Obama debe exigir, con el apoyo del Congreso, la divulgación de toda la información relativa a las interacciones entre las agencias de seguridad nacional y las empresas estadounidenses de tecnología de la información.

Además, se debe alentar a las corporaciones, y a los defensores de la privacidad, a que recurran a los tribunales para impugnar las solicitudes del Gobierno de instalar software espía en productos comerciales. Si los funcionarios del Gobierno violan las leyes de privacidad en Estados Unidos o en el extranjero, el Departamento de Justicia debería aplicarles todo el peso de la ley.

En vista del grado en que las actividades de la NSA han erosionado la confianza global en el Gobierno y el sector de la tecnología de la información estadounidenses, es indispensable una transparencia total. Ya es tiempo de que los líderes estadounidenses pongan el buen funcionamiento de la maquinaria generadora de riqueza que es la alta tecnología –cuya construcción ha costado a los contribuyentes estadounidenses miles de millones de dólares– por encima de la idea ilusoria de que el único camino hacia la seguridad es un acceso ilimitado al tráfico digital del mundo.

Martin Kenney es profesor de la Universidad de California, Davis, y director de Proyectos en la Mesa Redonda sobre Economía Internacional (Berkeley Roundtable on the International Economy) de la Universidad de California, Berkeley. © Project Syndicate.

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