14 enero, 2015

Llama la atención que la educación nacional no sale bien en las pruebas nacionales e internacionales que buscan medir la “calidad” de lo que los estudiantes aprenden. Recientemente, la prueba latinoamericana Terce (Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo), en la que fueron evaluados niños y niñas de tercero y sexto grado, muestra que hemos retrocedido levemente en comprensión lectora y razonamiento matemático. Igualmente, los resultados de las pruebas de bachillerato 2014 evidencian dificultades en inglés y en matemáticas. En este panorama uno se pregunta ¿por qué no se nota un avance lento, pero sostenido, en la dirección correcta de la mejora educativa en el país?

Sé que no hay una respuesta simple a la pregunta ni una fórmula o ecuación que resuelva todo en una relación de causa-efecto. Ya la teoría de la complejidad se encargó de demostrarnos que no podemos pensar que el mundo es lineal y que la educación es algo sencillo. Sin embargo, sí creo que existe un “pecado original” en nuestra educación. Y lo he llamado así porque es el origen de muchos otros problemas y males. Perece que si no lo solucionamos primero, no solucionamos el resto.

Sin compromiso. Este pecado original es que nos hemos olvidado de que la educación es el compromiso de una persona con otra. No es del todo exacto decir que el docente está comprometido con el trabajo, con el colegio, con la profesión, con el horario; con quien sí está comprometido es con sus estudiantes. Igualmente, no es que el estudiante está comprometido con el estudio, con las tareas, con el libro, con el colegio; más bien lo está con sus educadores, su familia y sus amigos.

Esto del compromiso con la otra persona es la esencia de la educación. Por ejemplo, si vemos la familia, la educación en el hogar nace del compromiso de los padres por sacar adelante a su hijo o hija. Igualmente, cuando existe este compromiso del docente hacia sus estudiantes, el docente conoce a los muchachos, los llama por su nombre y los valora como personas únicas.

Cuando un joven decide abandonar los estudios, uno de los factores de mayor riesgo es la falta de buenos vínculos con los docentes. Las investigaciones muestran que quienes dejan los estudios viven experiencias de abandono o soledad de parte de sus docentes y padres de familia. Por el contrario, un factor protector para los estudiantes es la buena relación con los profesores.

Todos los intentos de mejora en la enseñanza, aplicación de modelos de calidad, capacitación docente, renovación de los contenidos se vienen abajo cuando nadie se siente responable porque un estudiante sale mal. Cuando hay compromiso con las otras personas, hay apoyo, tutorías, prácticas para la casa, tiempo de trabajo no remunerado, muestras de afecto y cariño. En cambio, sin compromiso todos somos indiferentes o dejamos que cada quien busque solucionar sus “problemas”.

Recientemente encontré la palabra que encierra este compromiso hacia el otro: Ubuntu . No es solo el nombre de un sistema operativo, es un principio que los sudafricanos conocen muy bien. Dice el obispo Desmond Tutu al respecto:

Ubuntu significa ‘Te necesito’ para poder ser yo mismo. Al igual que me necesitas para poder ser tú mismo.

“Lo que significa es que estamos ligados unos con otros porque no podría hablar como un ser humano, ni caminar como un ser humano, ni pensar como un ser humano ya que todo esto lo aprendí de otros seres humanos. Así que en realidad necesito a otros seres humanos para poder ser humano”.

El reto que tenemos para el futuro es volver a fortalecer los vínculos entre estudiantes, docentes y padres de familia con este espíritu de solidaridad y compromiso mutuo. Volver a confiar entre nosotros. Solo así habrá un terreno fértil para innovaciones educativas, el uso de tecnología en la clase y otras tantas cosas que esperamos que sirvan para que nuestra niñez y adolescencia tengan una educación de calidad.

Etiquetado como: