20 abril, 2014

Con la cúpula de la basílica de San Pedro en la retina, y repasando los temas por última vez con la presidenta Chinchilla antes de su audiencia con el papa Francisco, nació la idea. Aunque el protocolo no lo preveía y podría parecer hasta imprudente, valía la pena intentarlo. Como quienes se ponen de acuerdo para hacer una travesura, presidenta y embajador coincidimos en pedirle al Papa que nos permitiera colocar una imagen de Nuestra Señora de los Ángeles en el Vaticano. La respuesta del Santo Padre ante la petición que le presentaría la presidenta era incierta, pero ambos convinimos en que, de ser positiva, sería un gran regalo espiritual para el pueblo católico de nuestra nación.

Emoción. Pasada la audiencia con el papa Francisco, ya en el automóvil y con la sonrisa a flor de piel, la presidenta habló. “¡El Papa dijo que sí!”, me manifestó emocionada. Cómplices de aquel atrevimiento, ambos queríamos contarlo a todos, pero no convenía. Primero, según la misma recomendación del Santo Padre, había que hacer varias gestiones de coordinación dentro del Vaticano para llevar adelante el proyecto. La presidenta me encomendó esa tarea. Gracias al apoyo en pleno de la Conferencia Episcopal de Costa Rica y a la disposición del cardenal gobernador del Vaticano y del cardenal arcipreste de la basílica de San Pedro y vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, cuatro meses después, llenos de alegría, pudimos dar oficialmente la noticia. Nuestra Negrita de los Ángeles, la patrona de Costa Rica por decreto III de la Asamblea Constituyente del 23 de setiembre de 1824, será entronizada en la iglesia de Santa Ana (la única parroquia en el Vaticano, que, además, tiene acceso abierto a los peregrinos), a las 9 de la mañana del próximo 26 de abril, un día antes de la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, este último por un milagro operado por intercesión suya a una costarricense.

Ciertamente, la noticia ha sido motivo de gran alegría en el país. Desde que se hizo pública, no hemos dejado de recibir llamadas y mensajes de compatriotas que vienen a Roma y quieren participar de este histórico evento. Si bien esta es una de las deferencias y muestras de aprecio más importantes que ha tenido la Santa Sede hacia Costa Rica en estos años, no es la única. La primera sorpresa nos la llevamos justo el día en que presenté credenciales al ahora papa emérito Benedicto XVI. La reunión tardó casi media hora, en lugar de los diez o quince minutos que se acostumbran. Pero lo más impresionante fue presenciar al Santo Padre 22 días después retomar nuestra conversación, en su mensaje urbi et orbi de la Navidad del 2010, para pedir una salida pacífica al conflicto entre Costa Rica y Nicaragua, y rezar por los damnificados del huracán Thomas que en esos días afectó al país (más tarde, inclusive les envió una ayuda económica). Según los archivos de la Embajada, esta fue la primera vez que un papa menciona no una, sino dos veces, a Costa Rica en uno de los mensajes más importantes y más escuchados que pronuncia al año.

Gran alegría. Igualmente, nos ha causado gran alegría constatar que, como respuesta a nuestras gestiones, la Secretaría de Estado vaticana ha avalado que uno de los centros médicos más importantes de la Santa Sede, el Hospital Casa Alivio del Sufrimiento (fundado por el padre Pío), firmara en tiempo récord un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Salud de Costa Rica. De nuevo, según los citados archivos, se trata del primer convenio de cooperación de este tipo en la historia de más de 160 años de relaciones diplomáticas entre Costa Rica y el Estado vaticano, y el primero que este hospital firma con un país de América Latina. A partir de esta experiencia (ya en franca ejecución), se están preparando otros convenios de cooperación con el renombrado hospital de niños de la Santa Sede, Bambino Gesù, así como el Pontificio Instituto de la Música Sacra y los mundialmente conocidos Biblioteca y Museos Vaticanos.

Además, la Santa Sede nos ha abierto las puertas generosamente para llevar adelante un proyecto conjunto entre la Embajada y el Sistema Nacional de Radio y Televisión (Sinart) para producir una serie de documentales sobre los principales santuarios que visitan los ticos cuando vienen en peregrinación a Italia. Esto, pensando en todos aquellos que, por razones de salud, edad, tiempo o finanzas, no pueden venir. San Giovanni Rotondo, Asís y, desde luego, la propia Ciudad del Vaticano ya figuran entre los sitios donde se han girado documentales de producción nacional de alto nivel. A pesar de que filmaciones como estas conllevan un alto costo, la Santa Sede y los respectivos santuarios han permitido que se produzcan sin pedir nada a cambio, “dado el bien espiritual que proyectos como este llevan a tanta gente en Costa Rica”.

La apertura que hemos encontrado en la Prefectura Pontificia también es digna de resaltar. Esto, en cuanto a la disponibilidad demostrada con nuestra iniciativa de gestionar gratuitamente entradas a todos los costarricenses que desean participar en las audiencias papales de los miércoles en la Plaza de San Pedro. A la fecha, miles de compatriotas se han beneficiado de este servicio. Estoy seguro de que quienes han vivido esta bendición estarán de acuerdo conmigo en que se trata de una de las experiencias espiritualmente más gratificantes de sus vidas.

Agradables excepciones. Han sido igualmente agradables excepciones el que el cardenal presidente de la Pontifica Comisión para América Latina celebrase una misa para rezar por el pueblo de Costa Rica en la reservadísima Capilla Clementina, justo al frente de los restos mortales de san Pedro, o que la presidenta pudiese impartir una conferencia sobre “Paz, Naturaleza y Democracia en Costa Rica” en la Pontificia Academia de las Ciencias (“el corazón” de la academia vaticana, donde las actividades de índole política son raras excepciones). La lista podría seguir, sobre todo si mencionamos las deferencias que el papa emérito Benedicto XVI, el papa Francisco y muchas altas autoridades vaticanas han tenido para con la presidenta y otras autoridades de nuestro país, así como el acceso, la cercanía y los gestos de fraternal afecto de ellos para conmigo, mi familia, el personal que tengo el honor de dirigir en la Embajada de Costa Rica ante la Santa Sede, y, en general, el pueblo de Costa Rica. Puedo atestiguar que, en todas las ocasiones en que he tenido la oportunidad de compartir con el Papa (tanto con Benedicto XVI como con Francisco), este ha mandado su bendición apostólica para nuestro pueblo, siempre con una sonrisa en los labios, y repitiendo que admira a Costa Rica y que se siente muy cerca de nuestra gente.

Página dorada. Sin duda, el 26 de abril se escribirá una página dorada en las memorias de nuestra patrona. A partir de ese día, la basílica de la Virgen de los Ángeles en Cartago y la iglesia de Santa Ana en el Vaticano estarán unidas por un puente de amor maternal por el que muchos compatriotas transitarán en peregrinación para poner sus intenciones a los pies de nuestra madre celeste. Por medio de ella, Costa Rica entra en el corazón del Vaticano, un Estado amigo que, con este acto, ratifica nuestras excelentes relaciones.

La buena noticia de la presidenta, aquella mañana de noviembre del 2013, me alegró muchísimo, pero no me sorprendió. El Papa y la Santa Sede han dicho que sí a Costa Rica constantemente desde hace ya mucho tiempo.