28 marzo, 2015

A pocas semanas de la elección del Directorio legislativo, para el período 2015-2016, empiezan a verse indicios de lo que podría suceder el primero de mayo. El actual presidente del Congreso anunció ya, con el apoyo del Ejecutivo, que se postulará a la reelección. En la dividida fracción del Partido Acción Ciudadana (PAC), el diputado Ottón Solís también ha propuesto su nombre y en las filas liberacionistas y libertarias pareciera que están haciendo lobby para conformar una papeleta de oposición.

La fracción del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) aún no quiere dar su brazo a torcer, y aceptar que la alianza con el PAC y el Frente Amplio, lejos de producirles algún rédito, más bien les ocasionó mucho descrédito. Aparte de dos deslucidos puestos en el Directorio y unos cuantos asesores a préstamo, no recibieron mucho más. Luego de un distanciamiento que vislumbraba un rompimiento definitivo de la alianza, pareciera que están limando asperezas, lo que caería como un balde de agua fría a muchos socialcristianos.

Ideales del PAC. En el primer año de gobierno del PAC se han desvirtuado muchos de los principios de austeridad, disciplina fiscal y transparencia que dieron origen al partido hace 14 años.

Su comportamiento en el poder se asemeja mucho a las malas prácticas utilizadas por los partidos tradicionales. Las prédicas y las promesas de campaña no fueron más que palabras huecas: no cerraron la DIS ni el Conavi, no bajaron los precios de la electricidad, no hay un plan energético, aumentaron el presupuesto nacional un 19%, no se ven signos de contención del gasto, han sido excesivamente dadivosos al aprobar los salarios públicos y el presupuesto a las universidades, han ignorado recomendaciones importantes de la Contraloría y la Procuraduría, levantaron el veto a la Reforma Procesal Laboral, han hecho nombramientos a dedo, están gastando excesivamente en viajes al exterior, se están arrogando la autoría de proyectos que adversaron por años.

Resulta evidente que el PAC en el Gobierno dista mucho de lo que algún día idealizó no solo su fundador, Ottón Solís, sino también una gran mayoría de los ciudadanos que depositaron su voto en las pasadas elecciones.

Prueba de ello es la rápida pérdida de popularidad y apoyo que reflejan las encuestas. El presidente, haciendo gala de un simplismo pasmoso, culpa a los medios de comunicación de todas sus desventuras. Los mismos medios de comunicación que hace justo un año lo elevaron a alturas épicas cuando era candidato.

Contrapeso. El presidente necesita dar un golpe de timón, poner los pies en la tierra, que quienes le hablen al oído lo hagan no solo para adularlo sino también para ser la voz de su conciencia. Así como la presidenta Laura Chinchilla cometió el error de distanciarse por completo de Óscar Arias, el presidente Solís jamás debió alejarse de Ottón Solís. En el segundo año de mandato, lo mejor que puede sucederle al Gobierno y a los intereses del pueblo, es que los partidos de oposición cierren filas alrededor de la figura de Ottón Solís y lo elijan presidente del Congreso.

Como diputado, Ottón Solís ha demostrado, con creces, poseer capacidad intelectual y solvencia ética y moral para ostentar el cargo. Sería un Directorio del oficialismo, pero con particularidades muy interesantes, no necesariamente de oposición, sino más bien de contrapeso. Indudablemente, el gobierno está urgido de una voz dentro de su propio partido, con talento y experiencia para guiarlos en la toma de decisiones, pues en estos meses la característica ha sido la impericia.

El autor es odontólogo.